Galicia profunda
Silva, Manuel - lunes, 11 de mayo de 2026
Dimas -mi amigo del alma
desde la infancia- quería ser
profesor, médico, abogado o fiscal.
Pero, en su casa de la aldea de Vaiche-Boa,
no había dinero. Sólo dos vacas y una cerda,
un carro y un arado, cuatro gallinas y un gato.
El gato no era animal de compañía
(que también), sino un 'policía'
para ahuyentar a los ratones.
En Vaiche-Boa,
a mediados del siglo veinte,
había unos doscientos cincuenta feligreses.
Ahora, en dos mil veintiséis,
ya sólo quedan unas sesenta personas,
la mayoría, hombres y mujeres mayores.
Los padres de Dimas no podían pagar
los estudios que pretendía ni la pensión
en una gran ciudad con Universidad.
Entonces, y en forma de milagro,
apareció una 'recomendación'
para poder ser Guardia Civil.
Y esto ocurría en tiempos en que las aldeas
estaban superpobladas. La única salida era
el carro y el arado. O la emigración.
Hoy son aldeas 'vaciadas':
Sólo quedan unos pocos ancianos
y muchísimas añoranzas.
Y, aunque no pudo estar en aulas,
en juicios o quirófanos,
Dimas sí pudo recorrer media España.
Según le iban ascendiendo
-pues era muy bueno en su trabajo-
también cambiaba de pueblo o ciudad.
A los cincuenta años terminó su recorrido:
se instaló en una gran ciudad,
siendo entonces Teniente Coronel.
Siempre añoró ser abogado o profesor,
médico o fiscal, pero fue muy feliz
defendiendo el orden y la Paz.
Apoyado siempre por Alborada,
-su bondadosa mujer-
y por sus hijos Calíope y Farruco.

Silva, Manuel
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