Delia, rosa entre las musas
Timiraos, Ricardo - martes, 28 de abril de 2026
A Delia Russo Escourido, en su centenario,
con mi felicitación y gratitud.
Cuando uno se encuentra cansado, agotado, rozando la indolencia, y no le quedan ánimos para seguir en la lucha estéril de los sueños; cuando a uno le asalta de nuevo el hastío y cree ser consciente de la inutilidad de la batalla por una sociedad mejor, justa y solidaria; cuando su cuerpo le pide sosiego, indiferencia y agarrarse al descanso del pasotismo... entre las espinas de la vida, en ocasiones, surgen rosas que con su fragancia acarician el corazón y le dan reposo al guerrero. Ella, mi amiga Delia, quizás no lo sepa, pero sus conversaciones, sinceras, reivindicativas, sostenidas en el tiempo y de un amor inconmensurable por Viveiro, han sido muchas veces esa fragancia de estímulo, ese masaje que necesita y revive el corazón herido. Porque ella, Delia, la de Delos, la que brilla, la paisana de Artemisa y Apolo, la gran madre luchadora que, ya viuda, tuvo los arrestos de montar una pensión en la Coruña y, haciendo honor a su nombre de "la que ilumina", pudo servir de inspiración laboral para quien lo precise, es hoy esa rosa centenaria que brota como la luz de la primavera.
Aquella Delia siempre querida y mimada por hijos, nueras y nietos, mujer de aquel Viveiro humilde, trabajador, sencillo, solidario... de aquel Viveiro soñador que tanto queremos y tanto han olvidado. Ella, que compartió siempre conmigo las ilusiones y depositaba en mis escritos las esperanzas, por desgracia, comprobó que el eco es un dios menor que no escucha nuestros lamentos. Ella, mujer enamorada de los suyos, sabe amar a su Viveiro con todo su inmenso corazón. Mujer gallega inteligente siempre supo que las ansías que compartimos tienen escaso éxito, no por falta de empeño, sino porque la fauna política no comparte nuestros ilusiones. En algún sitio leí: "La atención no se ruega, cuando no eres prioridad, no lo eres y punto". Y eso nos pasa nosotros, ¿Qué no habrás visto, querida Delia, entre la fauna humana?
Hoy me toca a mi, Delia, felicitarte, darte las gracias por la alegría que me inspira tu presencia, por estar deseando encontrarnos otra vez- la última fue el verano pasado en el bar Lodeiro- y seguir contándonos cosas con esa amistad franca, con esa complicidad política, con esa nuestra sorna que los años, a ti cien, nos van dando para no amargarnos la vida.
Ahora, amiga Delia, disfruta de esos hijos, nietos y biznietos tan maravillosos que has merecido. Sí, tú y nuestro añorado Nemesio, el tantos años camarero del Casino Viejo de Viveiro, habéis sembrado unos genes maravillosos que es un placer disfrutar. Valga como pequeño botón de muestra para quien no los conozca, que supe que alguno de los vuestros forma parte de una ONG recogiendo naufragios de los cayucos. Eso, mi querida Delia, es un inmenso y legítimo orgullo, porque demuestra lo que sólo hace la gente de corazón muy grande.
Sé, querida Amiga, que la vida te ha sometido a todo tipo de pruebas, algunas tan fuertes y dolorosas de las que nunca hablamos, tú por no amargarme y yo por discreción, pero siempre has sabido rimar muy bien dolor, que nunca te ha faltado, y amor que siempre has dado y ahora te toca recibir. Contigo rima flor.
Así que tira del aliento que nos quedan todavía muchos ratos de humor, de reírnos de tantos fantasmas, de comentar las miserias que nos toca vivir, de improvisar risas... y, para que vayas esperándome, te regalo, a modo de rosa, preciosas las de la foto con tus hijos, esta frase que también leí: y te podía atribuir: "Hay gente que por más que intente fingir que es buena persona, las moscas que lo rodean delatan lo mierda que es". Para mi me vale la de Bukowski: "Si eres un fracasado, muy probablemente seas un excelente escritor". Pero en mi caso, ya hacemos muchísimas rebajas.
Un inmenso abrazo, Delia, a compartir con toda tu familia. Te espero este verano en la terraza del Lodeiro. Besos.

Timiraos, Ricardo