Dedicado a Eusebio Placeres Rodríguez. Fue en su particular y muy selectiva biblioteca,
hace una eternidad, donde tomé contacto con Hermann Hesse. Muchas gracias, querido amigo.
Hace sesenta años se le concedía el Nobel de Literatura a un escritor novelista, poeta y pintor alemán. Su nombre Hermann Karl Hesse. Pocos lectores habrá que no conozcan alguna de las obras de este referente literario, uno de los escritores más leídos y admiradas del siglo XX.

Disfrutar con la lectura de Sidhartha es ir tras él en una búsqueda permanente de la sabiduría, del yo supremo, del sentido de la vida.
Sidhartha lo había leído en la década de los ochenta -¡han pasado ya cuarenta años!, y ya en aquel entonces lo había considerado un libro a engrosar una, incipiente entonces, biblioteca propia, una especie de Parnaso particular literario al que acudir regularmente.
Y heme aquí, a mediados de la década de los años veinte del siglo veintiuno, leyéndolo de nuevo, disfrutándolo bajo el pinar de los Llanos de la Pez, en la isla de Gran Canaria. El libro, una edición barata del año ochenta y cuatro, muestra sus hojas avejentadas, en parte por la mala calidad del papel usado, en parte porque el tiempo no es un buen compañero de los libros si estos no se conservan en condiciones idóneas.
Y así, cualquier ráfaga de viento bajo el pinar propicia que las hojas hagan amago de rasgarse, otras simplemente se rasgan por su parte superior -tan frágil se conserva la consistencia del papel-, lo que supone buscar un lugar más abrigado para continuar su lectura sin mayores sobresaltos.
Si cuento la anécdota es porque el lugar era idóneo para encontrarme con un libro que aborda un camino hacia la perfección. ¿Se trata de un libro filosófico? ¿Acaso un libro alegórico? Al final he llegado a la conclusión de que se trata del libro que cada lector descubre tras su lectura y es que pocos como él donde las circunstancias, experiencias y conocimientos de la persona que lo lee, imprimen una vision tan particular como diferente.
Poco aportaré más allá de la belleza de lo escrito, la enseñanza de lo sublime de las sensaciones más extremas, desde las provocadas por el ayuno o la meditación hasta las causadas por el placer, lacodicia, la indolencia o la avaricia.
Sidharta, un nombre que al parecer, se puede traducir como "Aquel que alcanzó sus objetivos", nos presenta un Camino, su camino de vida. Cada uno de nosotros extraerá del libro conclusiones diversas. Para mí es una obra maestra de la literatura y como tal recomiendo su lectura, si acaso existen personas que no la hayan leído.
La magia de la contemplación, del descubrimiento asociado a cada detalle del entorno. La naturaleza convertida en un extraordinario escenario capaz de alentar la curiosidad de una pasión indefinida, el hecho del vivir consciente.
"Contempló el mundo que lo rodeaba como si lo viera por primera vez. ¡Hermoso mundo! Variado, extraño, enigmático, azul y amarillo aquí, allá verde. Las nubes se deslizaban por el cielo y el río corría sobre la tierra. El bosque y las montañas que se perfilaban en el horizonte, todo era bello, misterioso y encantador."
He visto tantas veces tantos ríos, he seguido muchas veces su corriente y siempre me ha maravillado su quietud y sosiego en los tramos medios y bajos, próximas ya sus desembocaduras, y me ha emocionado su discurrir atolondrado, impetuoso, juvenil en sus tramos más altos, en las montañas donde se forman gran parte de ellos, pero jamás pude describirlos de una manera tan hermosa, jamás pude poner palabras tan precisas, a esa visión caleidoscópica que Hesse nos muestra, ni a los matices poliédricos que provocan en su interior la multitud de ojos acuosos del río devolviéndote su profunda mirada:

"Contemplaba con ojos emocionados la corriente, su color verde diáfano y los contornos cristalinos de sus dibujos misteriosos. Veía perlas brillantes ascender desde las profundidades, y en la superficie burbujas que flotaban sosegadamente y en las que se espejaban matices azulinos de cielo. También el río lo miraba con sus mil ojos verdes, blancos, azules, argentados.
Tras leer Siddhartha busqué con calma en la biblioteca pues conservaba de aquellos años otra obra que había anclado en mi corazón y memoria un modo diferente de interpretar la vida, de sentir el pálpito de la existencia como una exigencia continua de placer y gozo relacionado con el camino, con la senda, con la montaña.
Esta vez la lectura la realicé a pie de playa, sobre unos riscos donde sabía que podía pasar horas en ausencia de otro ser humano, embebido en la lectura, abstraído de cualquier estímulo que no fuera la armonía de un suave oleaje sobre la recoleta cala.
Su título: Peter Camenzind. Su estado similar, sus hojas, color pastel en su interior, amarilleaban en sus bordes hasta alcanzar una tonalidad ocrácea, pajiza. Difícil era pasar una hoja sin sentir su tremenda fragilidad. Todas ellas habían perdido su flexibilidad y el papel crujía silenciosamente al paso de cada una de ellas.
Cuentos de amor fue la tercera obra que rescaté de mi olvido personal, para la elaboración del presente artículo:
El jardín de mi padre se hallaba en todo su esplendor. Los arbustos florecientes y los árboles, con su espeso follaje estival, se recortaban sobre el cielo profundo; las enredaderas trepaban a lo largo del alto muro de contención, y por encima descansaba la montaña, con sus rojizos peñascos y sus bosques de abetos azul oscuro
Cómo consigue Hermann que, de repente, nos encontremos transitando por los campos descritos, sentir su calor asfixiante, embriagarnos con las fragancias de sus flores
En el sur, en el encendido crepúsculo de un día de julio, las cumbres rosadas de las montañas flotaban entre las azules brumas veraniegas; en la campiña hervía sofocante la espesa vegetación; el maíz, alto y recio, estaba rebosante; en muchos campos se había cortado ya el trigo; las flores de los prados y jardines exhalaban dulces y penetrantes fragancias que se mezclaban con el suave y fino olor del polvo de la carretera.
Leer Cuentos de amor es sumergirse en reflexiones melancólicas, en galanteos amorosos, en pasiones, afliciones y dulces recompensas que acompañan al hecho de amar.
Se trata de una selección de nueve cuentos, nueve historias publicadas en otras obras del autor y recopiladas en esta publicación, con extraordinario acierto.
Padecía el tormento de un desconcertante primer amor, me acuciaba una incomprensible desazón y convivía con el anhelo, la esperanza y el desánimo. Pero a pesar de la nostalgia y la angustia amorosa, era, en todos y cada uno de aquellos instantes, profundamente feliz.
No encontrarán lectura fácil en ninguno de estos cuentos. El hecho de amar va más allá de la simplicidad en que, a veces, encorsetamos un verbo tan difícil de ejecutar, de vivirlo, sentirlo, poseerlo, aborrecerlo u odiarlo.
Es inútil vivir lo que ya se ha vivido. Todavía podría querer a muchas mujeres, quizás aún durante años les podría ofrecer mi intensa mirada, mis tiernas manos y mis sabrosos besos. Pero debe uno aceptar que llega el momento de despedirse de todo esto. Llegada la ocasión, la despedida, que hoy todavía puedo aceptar voluntariamente, se produce en medio de la derrota y la desesperación.
Y con Demian termino, que en verdad se titula: Demian. Historia de la juventud de Emile Sinclair. Se trata de un libro esclarecedor sobre la atormentada historia de la infancia, adolescencia y juventud de Emile Sinclair ¿o acaso tras ella se encuentra la propia de Hermann Hesse?
Maestro narrativo, es de los pocos escritores ante los que siento que mi pasión por la escritura me lleva poco más que a la acción de emborronar unos cuantos folios en blanco y que, una vez realizada la burda labor de mancillar su albura, tras múltiples revisiones, el resultado sigue siendo un pobre remedo a cualquier pretensión literaria.
Después, todo cambió. La niñez fue derrumbándose a mi alrededor. Mis padres enmpezaron a mirarme un poco desconcertados. Mis hermanas me resultaban muy extrañas. Un vago desengaño deformaba y desteñía los sentimientos y las alegrías a las que estaba acostumbrado. El jardín ya no tenía perfume, el bosque no me atraía; el mundo a mi alrededor parecía un saldo de cosas viejas, gris y sin atractivo; los libros eran papel y la música ruido.
No es necesario explicar nada, la catarsis existencial está servida.
Poco a poco fui viendo claro, al menos parcialmente; ya desde niño me había gustado contemplar las formas extrañas de la naturaleza, no observándolas simplemente sino entregándome a su propia magia, a su profundo y barroco lenguaje. Las raíces largas y fosilizadas de los árboles, las vetas coloreadas de la piedra, las manchas de aceite flotando sobre el agua: todas estas cosas habían ejercido antaño una gran fascinación sobre mí, sobre todo el agua y el fuego, el humo, las nubes, el polvo y, especialmente, las manchas de colores que veía girar al cerrar los ojos.
Todo aquel que quiera indagar sobre su vida, sobre tantas dudas, miedos, alegrías, insatisfacciones que nos han acompañado y acompañan a lo largo de nuestra existencia, Demian es de lectura obligada. Además, si la lectura es sobre una obra maestra como ésta, el placer es incuestionable.
José Manuel Espiño Meilán, amante de los caminos y de la vida. Lector, escritor y educador ambiental.