Hacía tiempo que los plenos no eran tan interesantes. Van camino de telenovela turca.
Era vista la salida de María Reigosa del gobierno local, en el que realmente nunca llegó a estar porque cuando entró a sustituir a Pablo Permuy se encontró con una jaula de grillos que no casa con ella. A una persona seria, rigurosa, trabajadora y formal le cuesta mucho pasar por el aro circense en que se ha convertido la política a todos los niveles.
Ahora María Reigosa pasará a ser concejala no adscrita (en su día me equivoqué y pensaba que iría al grupo mixto, pero la norma cambió y ahora no es así, lo que aclaré en su momento), con lo que no tendrá las ventajas económicas de un grupo, pero sí la libertad de votar y opinar, de presentar iniciativas y de ser escuchada. Si además, como es su caso, tiene el voto decisivo la cosa toma un cariz mucho más interesante y su postura es infinitamente más relevante para la ciudad.
No han tardado en llamarle de todo, desde traidora a otros calificativos más duros. Le exigen que "deje el acta" porque "no la eligieron para eso". Es una postura interesante, vamos a analizarla.
Bien es cierto que los candidatos se presentan en una lista electoral y que esa lista es lo que se elige. Probablemente muy poca gente haya votado a María por sí misma, ya que no era una persona particularmente conocida en Lugo salvo por su círculo familiar y social, además de un entorno profesional en el que siempre ha estado muy positivamente considerada. Por lo tanto la postura de que debería dejar el acta si no está cómoda con su grupo tiene cierta lógica... aunque perversa si lo analizamos en profundidad.
La extensión razonable de ese principio sería que el Pleno no sirve para nada. Es entregarse a una partitocracia, que ya bastante nos domina, si entendemos que el puesto de concejal depende del todopoderoso partido. No es el caso, al menos por ahora. Si hacemos caso de los que dicen que el concejal no puede hacer nada por sí mismo, sería más sencillo y barato elegir a los partidos y que gobiernen en junta de gobierno y debatan en junta de portavoces, evitando el engorro de ir a un pleno público. Pero eso es no entender que la democracia supone mucho más que votar cada cuatro años.
La legislación dice claramente que el acta de concejal es personal y que, sacando casos extremos como los fallecimientos, incapacidades o inhabilitaciones, sólo la renuncia expresa del titular puede sacarle del pleno municipal. Eso garantiza una cierta independencia, aunque relativa porque obviamente dar el paso de mandar a la porra a tus siglas te costará que al final del mandato te conviertas en calabaza y no te lleven con ellos ni de broma, como por otro lado es natural.
Pero lo que más me llama la atención es que la gente que critica esta normativa y diga que "eso hay que cambiarlo" defienda con uñas y dientes que una coalición de grupos que pierden unas elecciones puedan arrebatar el mando a quien las gana, y que por lo tanto un Alcalde que no era ni siquiera la opción B de su partido nos gobierne con 8 concejales (bueno, ahora 7), repartiéndose la tarta con un grupo que tiene 5 representantes, frente a otro grupo con 12. ¿Es legal? Por supuesto que sí... igual de legal que el paso que ha dado María Reigosa. Si hay que roer una cosa, hay que roer la otra.
Las reglas son las reglas y las acatamos o las cambiamos, pero eso está abierto a todo. Seleccionar las que queremos cumplir o las que no está muy bien, pero para eso se propone un cambio normativo. Mientras la norma sea la que es, ajo y agua por ambas partes.
En el caso concreto que nos ocupa, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Pues no hacía falta leer a Nostradamus para verlo venir. Si pensaban que Reigosa iba a tirar la toalla se equivocaron de medio a medio, y no hace falta conocer a María íntimamente para darse cuenta de que provocarla no fue la mejor de las estrategias. Tras meses de desplantes, faltas de respeto e insultos por parte de sus anteriores compañeros y su muy activo entorno "troll" de anónimos cobardes (y muy machistas, por cierto, que aquí se saltan lo de "soy feminista porque soy socialista", como Ábalos y sus "amigas"), se ha agotado la paciencia de una mujer de carácter y firmes convicciones. Desde luego no es difícil que éstas sean infinitamente mayores que las de un gobierno que se dice de izquierdas y privatiza todo cuanto cae en sus manos desde el siglo pasado. Y encima lo privatizan mal.
Se abre ahora un escenario llamativo e interesante. María tiene en su mano resolver los empates del Pleno, lo que le da la oportunidad de demostrar qué es lo que considera "sentido común". Quizá se va a encontrar con que no suele estar de la mano de los que nos gestionan (es un decir).
Le deseo muchos aciertos y que use sabiamente la posición a la que la han empujado, porque a todos nos va mucho en ello.
NOTA: Permitan que finalice el artículo de hoy invitándoles a acudir al debate que Rubén Arroxo y un servidor tendremos a las 20:30 en la Vieja Cárcel para hablar de los proyectos que las entidades a que pertenecemos ambos (BNG y Lugo Monumental) han propuesto para la estación de autobuses y su entorno.