El reloj de faltriquera
Penelas, Carlos - miércoles, 18 de marzo de 2026
"La historia es una falsificación permanente. La auténtica historia son los mitos"
Jorge Luis Borges.
Más allá de la metáfora era un Patek Philippe.
El único e infinito emblema que me legó mi padre.
Un hermano heredó su Smith & Wesson de 1905,
una hermana su biblioteca de obras clásicas.
Los otros cubiertos de plata inglesa,
una araña de bronce y caireles, juegos de vajillas.
un álbum de estampillas italianas de trenes.
Hace más de treinta años los confines
de esa mujer me enajenaron,
una suerte de horror sagrado, un anatema.
Se sentía Casandra o Hildegarde de Bingen.
Esa noche, fuera de mí, tomé el reloj
y lo despedacé sobre la alfombra del estudio.
Era lo único, lo indiviso, la quimera.
Con los años su desvarío hizo que rompiera cartas,
fotografías, lapiceras, un plato antiguo
dorado y azul de cobalto, moldeado y festoneado,
una reproducción de Klimt,
dos copas de cristal de Bohemia. Y más.
Hace una semana, en la penumbra,
arrojé por la ventanilla del ómnibus
mi reloj de pulsera con malla de cuero.
Sin duda, debí dispararme ese tiro en la boca
al costado agónico del Patek Philippe.
Como una profecía las pesadillas me acompañan.
Buenos Aires, 2025.

Penelas, Carlos
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