Uno de los motores principales para el desarrollo de una sociedad son sus vías de comunicación. Y lo han sido siempre, desde los tiempos más remotos.
Quizás tenga que ver con que en casa tengo a un auténtico fanático del paisaje y de las carreteras, que considera estos espacios lugares esenciales para comprender el desarrollo del territorio. Y ya se sabe... de tal palo, tal astilla.
Pues bien, cuando investigaba sobre los maragatos, no podía imaginar el papel tan relevante que tuvieron las vías de comunicación en el desarrollo de su negocio: lo fueron todo. Y, ¿por qué?
Como ya comenté en artículos anteriores, la actividad arriera maragata se inició por un condicionante territorial, derivado del mal estado de los caminos que transcurrían por las montañas de la Maragatería, una zona muy difícil de transitar para quienes no conocían bien el terreno.
Y debido a esa dificultad, comenzaron su labor en la zona. Ejecutaban un trabajo parecido al de los prácticos en los puertos: guiar a los arrieros por el territorio del que eran oriundos y que conocían a la perfección, especialmente complejo para el resto de personas que lo transitaban.
Pero su negocio acabó expandiéndose hasta realizar la ruta completa como arrieros. Y, con el tiempo, la llegada del ferrocarril entre Coruña y Palencia terminó por poner fin a su forma de vida.

El tránsito por las tierras de la Maragatería no era un simple capricho. Si realizamos una comparativa, las vías de comunicación actuales son prácticamente las mismas que en tiempos de los romanos.
Si nos basamos en el mapa de vías romanas que acompaña estas líneas y tras una investigación en profundidad, se puede comprobar cómo los trazados apenas han variado. De aquel camino entre Asturica Augusta, Lucus Augusti y Coruña -la vía romana XIX-, que desde el siglo I conectaba la ciudad herculina directamente con Braga, aún se conservan diferentes infraestructuras, como el puente romano de Lugo.
Pero, más allá de esto, la ruta sigue siendo esencialmente la misma. Así, el Plan de Modernización de la Red de Carreteras Españolas vertebra Galicia mediante la Carretera Radial VI, que realiza prácticamente el mismo recorrido -con pequeñas alteraciones de escasos kilómetros- que sus antecesores romanos.
Por otra parte, también podemos comprobar cómo en los planos de calzadas romanas se iniciaba una ruta entre Astorga y Orense, aunque no estaba terminada. Este trazado formaría parte de la vía romana XVIII. Posteriormente, se desarrolló un subtramo que conectaba Orense con Vigo.

Así, de aquel camino que no se había finalizado surgió la Subradial 12. Pero la historia no acaba aquí, puesto que, si acudimos a los planos actuales, ese itinerario es el mismo que recorren hoy la N-525 y, posteriormente, la A-52, una de las principales autovías de entrada a la comunidad autónoma gallega.
Y algo similar ocurre con la Radial VI, de la que hablaba con anterioridad. Pero este caso es aún más interesante, puesto que se trata de uno de los caminos principales utilizados por los romanos, lugar por el que después transitaron los maragatos con su mercancía y mediante el cual se pudo realizar el intercambio comercial entre España y las Indias.
La ruta, cuyo trasiego de personas y mercancías impulsó un enorme crecimiento de las villas por las que discurría, llevó a una modernización posterior. Aquella carretera radial pasó a denominarse N-VI, una ruta con historia de la que tanto se ha hablado en nuestra comunidad.
Quizás la ruta que iniciaron los romanos ya era el mejor camino posible, puesto que, a pesar de las diferencias propias de la modernidad, en el siglo pasado se decidió construir una nueva carretera: la A-6, que hoy es la principal autovía de Galicia.
De forma muy breve, se puede comprobar que, desde tiempos romanos, aún conservamos muchos de aquellos recorridos que vertebraron el territorio y marcaron su desarrollo.