'... Que o demo me leve'
Silva, Manuel - lunes, 16 de marzo de 2026
Al ver las mentiras y maldades, las injusticias y desastres que reinaban en el mundo, Manuel Curros Enríquez, el poeta de Celanova, vio en su imaginación como Dios se asomaba al balcón del cielo para observar lo que estaba ocurriendo en la tierra.
Y, entonces, parece que escuchó a Dios lamentarse con la siguiente frase: "Se eu fixen tal mundo, que o demo me leve". Esto consta en el poema "Mirando ó chau", que Curros incluyó en el poemario "Aires da miña terra", publicado en 1880. El entonces obispo de Orense, Cesáreo Rodrigo Rodríguez, condenó el libro por herético y blasfemo y al escritor lo denunció. En Orense fue condenado a dos años, cuatro meses y un día de prisión y, tras apelar, la Audiencia de La Coruña lo absolvió.
Pues bien, al ver en nuestros días las atrocidades, bulos, mentiras y guerras, matando sin piedad a hombres, mujeres, jóvenes y miles de niños y destruyendo con bombas casas, colegios, capillas y hospitales..., ¿qué estará diciendo Dios desde el balcón de su casa en el cielo?
¿Qué dirá al ver la guerra que Putin está llevando a cabo en Ucrania; el atroz atentado de Hamás en Israel y la colosal respuesta de Netanyahu, calificada de genocidio, destruyendo todo lo que encuentra en Gaza, en donde Trump promete construir un paraíso terrenal con lujosas residencias para ricos?; y ¿qué dirá ante los desafueros que Benjamín Netanyahu y Donald Trump están cometiendo en Irán y el Líbano?
En este capítulo me viene a la mente la famosa frase que Miguel de Unamuno pronunció en 1936 -primer año de la guerra civil española- en un acto celebrado en la Universidad de Salamanca -de la que era Rector- ante el general Millán Astray: "Venceréis, pero no convenceréis".
Y, para mayor INRI, muchas de estas matanzas se llevan a cabo en nombre de las respectivas religiones y en nombre del mismo Dios, aunque se le denomine con distintos nombres.
Resulta escandaloso y patético ver a Donald Trump, sentado en su despacho Oval de la Casa Blanca, rodeado de pastores evangélicos imponiéndole las manos en el brazo, hombros y espalda "para que Dios lo proteja a él y a sus tropas" en las malditas guerras en las que está embarcado. Solamente les faltó canonizarlo y subirlo a los altares para que, dentro de unos años, los descendientes de los muertos en sus guerras (si es que sobrevive alguno) pudieran ver cómo sus adeptos se dirigen a él llamándole "San Donald". ¡Qué sarcasmo tan cruel!
¿Qué dirá Dios al ver como secuestran niños en colegios de USA para usarlos como cebo a fin de "cazar" a sus padres emigrantes y deportarlos sin piedad ni la más mínima compasión?
¿Qué dirá al ver como el mar Mediterráneo se convierte en un inmenso cementerio en el que mueren ahogados muchísimos emigrantes que navegan en pobres pateras rumbo a países que les pudieran dar trabajo, casa y comida?
No debemos olvidar que hubo tiempos (no muy lejanos en algunos casos) en que muchos de estos países de destino de los emigrantes fueron a las tierras de estos emigrantes, no por necesidad, sino como potentes conquistadores, apoderándose de sus riquezas naturales. ¿Acaso no hicieron eso, entre otros, España, Portugal, Reino Unido, Francia, Gran Bretaña y Bélgica?
Hasta Rodrigo de Borja, Papa con el nombre de Alejandro, tuvo que mediar en las disputas entre España y Portugal por los límites de sus conquistas. Incluso esto obligó a Francisco I, rey de Francia, a preguntar "en que parte del testamento de Adán figura la exclusión de su país en este reparto de conquistas".
Y, ahora 146 años después- al igual que Curros Enriquez, creo que Dios vuelve a decir "Se éste é o mundo que eu fixen, que o demo me leve".
Y confío en que ningún obispo me denuncie o me excomulgue.

Silva, Manuel