Opinión en Galicia

Buscador


autor opinión

Editorial

Ver todos los editoriales »

Archivo

Igualdad

Mosquera Mata, Pablo A. - viernes, 13 de marzo de 2026
El modelo que nuestros votos colocan en las Instituciones democráticas con poder popular pueden generar conductas pasivas y contemplativas ante las desigualdades o por el contrario activas e intervinientes para mitigar las desigualdades con la gestión de la solidaridad. Por tanto igualdad y solidaridad son dos instrumentos que van juntos en el concepto desarrollado para la ciudadanía.
La igualdad según Aristóteles no es absoluta, sino proporcional y basada en el mérito. Es fundamentalmente un concepto ético y político orientado a la justicia y la virtud dentro de la comunidad. La verdadera igualdad reside en dar a cada quien lo que le corresponde según su mérito o aporte a la sociedad. Si las personas no son iguales, no deben recibir cosas iguales; esto se aplica a la distribución de cargos, honores y bienes. La igualdad planteada por Platón tiene que ver específicamente con que las mujeres y los hombres poseen las mismas condiciones para cumplir las funciones sociales que les son propias.
Nada que objetar y pensamientos desde el mundo clásico que deberían conocer todas esas "amazonas" que se han erigido en sacerdotisas para la defensa del derecho femenino a la igualdad con el varón.
Para Emilia Pardo Bazán, la igualdad consistía en el acceso pleno de las mujeres a los mismos derechos, oportunidades y ámbitos que los hombres, especialmente en educación y representación institucional. Defendió una igualdad radical basada en la capacidad intelectual femenina, desafiando las normas sociales que imponían sumisión y subordinación. Fue una firme defensora de que la mujer debía tener derecho a la misma educación básica y superior que el hombre, lo que consideraba esencial para su desarrollo como individuo y su participación en la sociedad. Su propia vida y obra reflejaron la convicción de que las mujeres podían y debían vivir con libertad, independencia personal y relaciones basadas en la amistad entre iguales, rechazando la supuesta inferioridad intelectual femenina. Luchó para que las mujeres ocuparan espacios tradicionalmente masculinos, ya fuera en instituciones culturales o en la vida pública y profesional, argumentando que debían ser reconocidas por sus propios méritos. Se autodefinió como feminista en una época conservadora. Su postura era "radical" porque no pedía concesiones, sino la igualdad plena y real ante la ley, denunciando las estructuras sociales que oprimían a las mujeres.
Claro que tal tiempo pasado ya nada tiene que ver con el presente en que las facultades universitarias están pobladas, en mucho casos, por más mujeres que hombres. Y es que el primer paso que se dio estuvo en el acceso al conocimiento y a la titulación.
Para Julián Marías, la igualdad no se basa en la uniformidad o identidad entre los sexos, sino en la dignidad compartida de la persona. Defiende una relación de polaridad: hombre y mujer son irreductiblemente diferentes y complementarios, pero igualmente válidos y esenciales en su condición personal. Su filosofía sitúa a la persona como eje central. Para él, cualquier debate sobre igualdad debe partir del respeto al proyecto de vida y la dignidad integral de cada individuo concreto, evitando reducciones ideológicas.
Tales argumentos pueden y deben ser aplicados a las relaciones entre hombres precisamente para mitigar las desigualdades que también en el género masculino se producen.
Para Simone de Beauvoir, la igualdad radica en reconocer a la mujer como un sujeto libre y autónomo, superando su condición de "Otro" impuesta por el patriarcado. Su premisa "no se nace mujer, se llega a serlo" subraya que la identidad femenina es una construcción social, no biológica. Beauvoir argumenta que, históricamente, los hombres han definido el mundo desde su propia perspectiva, relegando a la mujer al papel de "lo Otro". La igualdad requiere que la mujer se reapropie de su propia identidad y se proyecte como un ser libre. Su postura, vinculada al feminismo de la segunda ola, exige reformas en leyes, educación y costumbres para garantizar que las mujeres tengan acceso a las mismas actividades, derechos y libertades que los hombres.
Igualdad como valor universal: Mientras el feminismo pone el foco en la transformación de las relaciones de poder y la autonomía femenina, el concepto de igualdad a menudo se percibe de forma más general como un principio básico de dignidad humana, participación democrática y eliminación de barreras sistémicas.
Algunos y desde la Universidad venimos defendiendo el principio de IGUALDAD DE OPORTUNIDADES, que es deber garantizar y vigilar por el Estado democrático y social. Curiosamente, en estos momentos en los que se exacerba el feminismo y se denuncia el machismo como conducta paternalista extendida a manera de subcultura, coincide con la creciente feminización de las profesiones en el sector terciario y público. Así en la sanidad, educación, información, justicia, la inmensa mayoría de las plantillas están totalmente inclinadas hacia la presencia de las mujeres, quedando los varones en creciente y franca minoría; además en tales espacios los salarios son idénticos para hombres y mujeres, ya que la cuantía de tales viene dada por el puesto de trabajo que se ocupa. Otra cuestión diferente es el derecho o necesidad que las mujeres tienen en materia de conciliación laboral.
Equilibrio vida-trabajo: Son políticas y medidas (como flexibilidad horaria o reducción de jornada) diseñadas para que los empleados puedan equilibrar sus responsabilidades personales y familiares con su vida profesional, fomentando un entorno saludable y productivo.
Proceso legal (acto de conciliación): Es un paso administrativo obligatorio y previo a la vía judicial en conflictos laborales (como despidos o reclamaciones de cantidad), cuyo objetivo es intentar llegar a un acuerdo entre empresa y trabajador sin necesidad de juicio.
El principio de igualdad debe aplicarse más allá de la observación sobre los géneros. Los territorios, los espacios físicos y competenciales que supone el ejercicio real de la ciudadanía debe caminar hacia la igualdad, pero desgraciadamente no es así. Se fomentan los desequilibrios y desigualdades entre los antes citados, y ello conduce a que las gentes y en especial las mujeres, sufran desigualdades comparativamente con la situación en esos espacios que han sido catalogados como de DERECHOS HISTÓRICOS y dotados de muchos más recursos cuando no privilegios crecientes e insoportables.
Falta la primera vez que las mujeres de Cataluña, País de los Vascos y otros territorios sean paladines de la lucha por la igualdad con las mujeres ciudadanas que residen en territorios a los que se trata con desdén político y ya no digamos entre las mujeres del mundo urbano y las del mundo rural. Ahí sí que resulta urgente la aplicación desde el espacio feminista de exigencias hacia los poderes públicos.
Lo mismo que resulta propio de sociedad acomplejada mantener las denominadas "listas cremalleras". Sólo el mérito objetivo debe establecer los puestos de presencia en las listas, máxime cuando aún no hemos logrado que tales listas electorales sean abiertas para la población con derecho a votar.
Mosquera Mata, Pablo A.
Mosquera Mata, Pablo A.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


PUBLICIDAD
ACTUALIDAD GALICIADIGITAL
Blog de GaliciaDigital
HOMENAXES EGERIA
PUBLICACIONES