Opinión en Galicia

Buscador


autor opinión

Editorial

Ver todos los editoriales »

Archivo

Paralelismo e fusión de identidade en Lino Novás

Rivero, Manuel - lunes, 20 de abril de 2026
Nos primeiros días do mes de agosto do ano 1931, Lino, anda e desanda as rúas, nun Madrid, por momentos turbulento, outros caótico e na maioría das ocasións, os dous escenarios xuntos. Eran indicadores anticipados da España Estremecida.
Mediante un realismo tráxico, Lino, danos pinceladas precisas: dos excluídos, eivados, tollidos, cegos e demais desamparados; das pensións de terceira, de habitación compartida, das carencias, do control social e da falta de recursos.
Novamente, como no relato de "Un encuentro singular", cando abandona as Grañas do Sor, era un cabaleiro, que lle crea desacougo e a medida que avanzan xuntos, vaise dando a fusión de identidade entre Cosme e Lino.
Na historia de "Un cubano en Madrid", no lugar do cabaleiro, aparece un pensionista, que vai de Santander e que por avatares do funcionamento das pensións, acabaron compartindo cuarto, na rúa Desengaño.
A mestría de Lino, na arte de contar, está latente, tanto nos seus contos, crónicas ou entrevistas. Nesta ocasión, narra o que quere dicir a través, do seu acompañante, que se vai convertendo en dobre e acaba fusionándose, sen necesidade de redundar nas traxedias, desventuras, incomprensións e desacordos.
Na medida, que toma nota dos acontecementos do cubano anónimo, aventuras, desgrazas, falta de recursos, semella, que está escribindo a súa historia de vida ou mesmo debuxando o seu perfil.
Se o relato se volve plano, sórdido, acedo ou triste, como un lóstrego aparece o circunloquio e con máis frecuencia a metáfora, que lle da brillo e axuda á comprensión, lembranza e interiorización da escena. Podemos citar: "Sobre cada cabecera había un letrero que mordía: "; siguió sobre sus calcañares; al hablar tenía un escape de aire en los carrillos e pregón de los pobres.

Un Cubano en Madrid

"Me lo encontré a los cuatro días de estar aquí en una pensión de la calle desengaño, yo había mudado ya dos pensiones, él tres (...) pregunté a mi compañero: ¿De dónde vienes? Y él me contestó: Vengo de Cuba. Desde ese momento ya no nos separamos (...) al fin dos en un cuarto: el gasto no era sino a medias. Entonces mi socio se puso a hablarme de sus primeros días de pensionista en Madrid, y por eso es que sé lo que sé de él. Es como si él me hubiera dictado y yo escrito - a mi modo, naturalmente- una página de su diario.
Antes de montar en el tren que lo descargó en la estación era ya pensionista. En Santander, donde había desembarcado, se compró todos los diarios de Madrid y buscó en ellos la pensión. (...) Al desembarcar se había comprado un traje a la española, con ánimo de escurrirse sin ser notado, y durante todo el trayecto, había venido practicando la hasta parecer que al hablar tenía un escape de aire en los carrillos.
Durante su conversación me habló de un caso de locura en su familia. ¡No me extrañaría que el mismo hubiera heredado algo y que yo, al relatar su página de diario, estuviera relatando la página de un loco! (...) Venía empolvado y hecho una miseria, con el pantalón roto por detrás. No quería mudarse sin antes quitarse la mugre.
(...) Además, necesitaba estar solo para pensar, para calcular sus cosas. Necesitaba escribir cartas... ¡Tantas cartas!... Pero... ¿no venía él de incógnito? Que nadie supiera de él ahora. Hasta ver...
Por las calles circulaba un rumor sospechoso. Todo pensionista que entra hoy con carácter permanente en una casa cerca de la estación, respondiendo con dudas, y y , había de ser sospechosos. Mesuradamente, además, el pensionista hace con las manos un acompañamiento cabalístico a la palabra que parece indicar algo, una clave para cualquier posible correligionario. La dueña y los guardias civiles que quedan en el comedor, lo ven salir con una interrogación. Lo miran luego desde el balcón, hacia el lado opuesto de la ciudad (...)
La noche que me lo encontré en la Calle del Desengaño, abrió la maleta y me enseñó dos trajes blancos, todos rotos y deshilachados:
¿Sabes de que fue? De la lavandera. No saben lavar esto aquí. Me han roto cuarenta pesos. No me queda nada. He tenido que empeñar todo lo que valía algo. De la última pensión me botaron porque decían que no . Y en una pensión se necesita contar todo lo que uno hace a los demás" (1).

Madrid, agosto de 1931.
[Orbe] Año 1, número 27, 11 de septiembre, pp. 14-15.

NOTA:
1. España estremecida, pp 68-76.
Rivero, Manuel
Rivero, Manuel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


PUBLICIDAD
ACTUALIDAD GALICIADIGITAL
Blog de GaliciaDigital
HOMENAXES EGERIA
PUBLICACIONES