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Jesús de Nazaret: El jefe infiltrado

Rodríguez Patiño, Luis Ángel - lunes, 09 de marzo de 2026
Si tuviera que definir a Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, lo describiría como el verdadero "Jefe Infiltrado".

Imaginemos una gran empresa que no funciona como debería. Sus empleados compiten entre sí, se traicionan, se juzgan, se aprovechan unos de otros y han olvidado cuál era la misión original. El dueño de la empresa observa todo desde fuera. Podría despedir a todos, cerrar la compañía o imponer normas más duras. Pero decide hacer algo diferente: infiltrarse.

El jefe se quita el traje, deja su oficina y entra por la puerta como uno más. Nadie lo reconoce. Jesús de Nazaret: El jefe infiltrado Trabaja codo a codo con los empleados. Vive sus dificultades. Escucha sus quejas. Siente el peso de sus errores.
Ese jefe es Jesús.

Dios no eligió salvar desde la distancia, sino desde dentro. Nació en sencillez, creció en una familia humilde con María y José, trabajó como cualquier hombre de su tiempo y caminó entre los suyos.

Al infiltrarse en "su empresa", comenzó a señalar lo que no funcionaba: la hipocresía, la injusticia, la dureza de corazón. Enseñó una nueva forma de liderazgo: servir en lugar de dominar, amar en lugar de imponer, perdonar en lugar de condenar.

Pero como ocurre a veces en las empresas cuando alguien quiere cambiar la cultura desde dentro, fue criticado, juzgado y rechazado. Lo acusaron de alterar el orden establecido. Lo malinterpretaron. Lo traicionaron.

Solo unos pocos sabían realmente quién era: sus padres y aquellos a quienes llamó amigos, los apóstoles, que poco a poco comprendieron que no estaban ante un empleado más, sino ante el verdadero Señor.

Y aun así, el jefe infiltrado no usó su poder para defenderse. No despidió a sus agresores. No cerró la empresa. Permitió que lo expulsaran, que lo humillaran y que lo mataran.

¿Por qué?
Porque su objetivo no era castigar la empresa, sino redimirla. No vino a destruirla, sino a transformarla desde el amor.

La historia del "Jefe Infiltrado" no termina en su muerte. Según la fe cristiana, su aparente derrota fue en realidad el acto supremo de autoridad: demostrar que el amor es más fuerte que el poder y que el perdón es más fuerte que la violencia.
Jesús no vino como un jefe distante, sino como uno que se arremanga la camisa y entra al taller.

Y esa es, para mí, la definición más clara de quién es: el Dueño que se hizo empleado para salvar su propia empresa.
Rodríguez Patiño, Luis Ángel
Rodríguez Patiño, Luis Ángel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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