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Los ultramarinos, aquellos locales únicos

Vaamonde Rodríguez, Jacobo - martes, 03 de marzo de 2026
Hace 10 años, en el mes de septiembre, se cerraba para siempre la puerta del Aceiteiro, un negocio de los de toda la vida. Uno de aquellos que no eran solo tienda, también casa para muchos, punto de encuentro para otros y referente para tantos.

Y, una década más tarde, siguen desapareciendo esos locales mágicos. Locales que fueron una oportunidad única para conseguir nuevos productos y una novedad para muchos allá por 1880.

Hoy, casi 150 años después, vuelve a ser una novedad.

Los ultramarinos, aquellos locales únicos Pero, por desgracia, no estoy aquí para anunciar que los ultramarinos están de vuelta y son el nuevo modelo de negocio (ojalá), desconocido para muchos, sino que la novedad reside en el término. Cada día, más gente me pregunta lo mismo cuando hablo del negocio de ultramarinos que fundaron mis ancestros: ¿ultra qué?

La desaparición de dichos locales conlleva también la del propio término, que, desde el punto de vista teórico, hace referencia a aquellos establecimientos comerciales que vendían productos traídos de "ultramar", es decir, de territorios lejanos al otro lado del mar. Pero en la práctica, eran mucho más que eso.

Como describía en mis primeras líneas, Melide se despertaba una mañana de septiembre de 2016 con un establecimiento menos, una puerta que se cerraba para siempre. Y no era un lugar cualquiera: se trataba del comercio más longevo de la población.

Y no voy a ser yo, última generación que pudo ver el negocio familiar en marcha, quien elogie "la tienda", pero sí quiero contar un poco de la historia de este local.

Corría el año 1898 cuando en Melide, se inauguraba un nuevo negocio en la calle del Convento: una taberna y posada fundada por Andrés Rodríguez y Mercedes Ureña, que poco tiempo después, pasaría a manos de José Rodríguez Ureña y Elisa Martínez Sobrado. En aquel local, además de ser taberna y posada, se dispensaban ciertos productos como aceite, vino o sardinas. Con el paso del tiempo y la incorporación de nuevas generaciones al negocio, el servicio de tienda aumentó y se consolidó como vía de negocio principal.

Tanto es así que, en los inicios del siglo XX, se empezaron a introducir nuevos productos, incluyendo representaciones exclusivas e incluso servicios inexistentes hasta el momento en el pueblo: venta de abonos químicos, depósito de Estrella Galicia, venta de harinas y cereales, de sal y carbón, de madera del país y extranjera, almacén de vinos e incluso depósito de cementos, teniendo la representación y venta exclusiva de Cementos Tudela Veguín (Marca comercial Portland).

Esta etapa de cambios finaliza con el cierre de la posada y bar, así como con el traslado del negocio en la década de 1920 a una nueva ubicación, muy próxima, en la casa construida en la Ronda de La Coruña 34-36. Cabe destacar, que esta edificación goza de una arquitectura inédita en la localidad, siendo una de las primeras casas realizadas con cemento y hormigón armado de Melide.

Poco tiempo después, una nueva generación llega al negocio, pero la tienda se seguiría conociendo muchos años como la "Casa de Elisa". Durante esa etapa, en la cual el ultramarinos estuvo regentado por Manuel Rodríguez (hijo de Elisa) y su mujer, Presentación Pampín, continuaron las mejoras en los servicios ofrecidos, incorporando la venta de ropa como nueva línea comercial.

Y en los 70, Antonio y Javier Rodríguez Pampín, última remesa de ultramarineros, cogieron el relevo de sus padres, cargados de ilusión y nuevas metas, pero siempre reafirmando el compromiso con su clientela. Más allá de pequeñas modificaciones, la esencia del local se mantenía intacta: los mismos productos que antaño, la misma atención y el mismo respeto a los clientes.

Durante las últimas décadas de actividad, el negocio familiar destacó por ser el único en la localidad especializado en material de apicultura. De la misma manera, también fue referente en la venta de material para la matanza, llegando a contar con servicio de envasadora al vacío. Los ultramarinos, aquellos locales únicos

Y después de tantos años de esfuerzo, dedicación y constancia, la falta de relevo generacional llevó al cierre del comercio. Así, se ponía fin a una historia centenaria. Pero todas y cada una de las historias, risas, amistades y charlas que surgieron en el interior de ese local quedarán para siempre en el recuerdo colectivo.

Porque sí, negocios como este son eternos. Eternos en la memoria de quienes cruzaron aquella puerta, de quienes apoyaron los codos en aquel mostrador blanco y de quienes entendieron que un ultramarinos era mucho más que un comercio.

Melide es un pueblo afortunado, porque goza de un comercio local nutrido, amplio y con esencia. Una esencia que con el paso de los años no se pierde. Y, además, tiene la suerte de contar con el último ultramarinos centenario del centro de Galicia, de la misma estirpe: hablo de Casa Juanito.

Porque los Aceiteiros no fueron solo comerciantes. Son parte de la vida de un pueblo, y esa es la única herencia que no se borrará jamás.

En el próximo artículo continuaré haciendo un recorrido por la historia de esta familia centenaria.
Vaamonde Rodríguez, Jacobo
Vaamonde Rodríguez, Jacobo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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