Vivir es amar
Agrelo, Santiago - domingo, 15 de febrero de 2026
No está de moda: la ley del Señor, la palabra del Señor, la voluntad del Señor. Aún más, la rechazamos: porque no parece digno del hombre tener una norma que no sea él mismo, porque no parece que se conjugue con su libertad estar mirando hacia otro a la hora de tomar una decisión.
Manifiestamente, el Dios de nuestra fe, el Dios de Jesús de Nazaret, es un Dios que no impone su ley, su palabra, su voluntad
Simplemente, nos la ha puesto delante: la ofrece
se nos ofrece con ella
Su ley, su palabra, su voluntad, nuestro Dios, lo reconozcamos o lo neguemos, lo queramos o no, está siempre ahí. Y hagamos lo que hagamos, pensemos lo que pensemos, afirmemos o neguemos, sepamos o ignoremos, extendemos la mano a lo que queremos, o lo que es lo mismo, escogemos siempre entre fuego y agua, entre la vida y la muerte, "y a cada uno se le dará lo que prefiera", a cada uno se le dará lo que ha escogido: el fuego o el agua, la vida o la muerte.
Y todos sabemos que es así: el hombre puede liberarse de Dios, puede ocupar el puesto de Dios, puede hacer de la propia voluntad su propia ley, pero haga lo que haga, estará siempre escogiendo entre fuego y agua, entre la vida y la muerte, y lo estará escogiendo, no sólo para sí mismo, sino también para los demás.
Bueno será que recordemos la historieta del paraíso: "Seréis como Dios, versados en el bien y en el mal"
En realidad, cuando nos parece que estamos escogiendo para nosotros la vida o la muerte, estamos escogiendo para todos
La ilegalización de miles y miles de personas la escogimos nosotros y la padecen ellas. La muerte de miles y miles de inmigrantes la escogimos nosotros y la sufrieron ellos. El odio a los pobres lo sembramos nosotros, y ellos son las víctimas indefensas sobre las que se ensaña la arrogancia de nuestro egoísmo. Olvidamos el mandamiento y nos aferramos a nuestros intereses: escogemos la muerte
Matamos, porque hemos escogido la muerte
para nosotros.
Los mandamientos de la ley de Dios son indicadores para el camino: atendidos, dan vida y llevan a la vida; ignorados, causan la muerte y llevan a la muerte
El catecismo de mi infancia rezaba así: "Estos diez mandamientos se encierran en dos: en servir y amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo".
Escogemos siempre: O lo hacemos para ir por el camino que, desde el principio, nos muestra el tentador: el ansia de poder, la ambición de poseer, la ilusión de dominar: "Todo esto te daré si, postrándote, me adoras"
O lo hacemos para ir por el camino que nos muestra el mandamiento del Señor, la palabra de Dios, la Palabra hecha carne, Cristo Jesús: "Amad a vuestros enemigos, orad por los que os persiguen y calumnian". "Amaos unos a otros como yo os he amado". "Habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo".
El de Cristo Jesús es un camino de enfrentamiento al mal, un camino de lucha por sanar enfermos, liberar cautivos, perdonar ofensas, resucitar muertos
La de Cristo Jesús es una lucha hasta perder la vida
Pero su camino lleva a una humanidad nueva: una humanidad de hermanos, una humanidad familia, una humanidad que tiene por norma de vida al mismo Cristo Jesús, el hombre que vive para que todos vivan
el Dios que ha venido a nosotros como siervo de todos
Y nosotros, escuchando hoy su palabra, comulgando con él, escogemos, a la vista de todos, el camino que queremos seguir: escogemos su camino, su lucha, su vida, su muerte
Escuchando hoy y comulgando, aprendemos la ley del Señor, aprendemos a amar como él ama, aprendemos a dar vida como él la da, escogemos con él el camino que lleva a la vida
"El que ama al otro, tiene cumplida la ley!."
El que no ama, pierde su vida
y mata. Vivir es amar.
(Fr. Santiago Agrelo es Arzobispo emérito de Tánger).

Agrelo, Santiago