
No hace ni un año que el tráfico entra y sale por San Fernando y las losas que el Ayuntamiento puso en el suelo no sólo se rompen, sino que se hunden. En ocho meses aproximadamente han tenido que hacer reparaciones continuamente, y lo que falta, porque esto acaba de empezar.
La hipoteca que supone para los lucenses el disparatado plan de sucedáneo de peatonalización, en que los coches circulan, entran y salen sin control por donde les sale del tubo de escape, es una auténtica locura. Nos vamos a pasar años pagando losas nuevas porque no han sabido diseñar los carriles de circulación para presumir de una ausencia de vehículos que ni es real ni es posible en una ciudad con cuatro aparcamientos de uso público dentro de Murallas (Ánxel Fole, Vía Romana, Santo Domingo y Plaza del Ferrol).
¿Qué responsabilidades asumen los que hicieron esa mala planificación? Ninguna. Todo está bien, todo está en orden, todo se ha llevado a cabo con el aval de los informes técnicos y esas cosas tan bonitas que respaldan cualquier barbaridad que el político de turno quiera perpetrar. Y al ciudadano no le queda otra que pagar, pagar y pagar.
Ciudades vecinas como Ponferrada han establecido una Zona de Bajas Emisiones sin restringir el paso de ningún vehículo ya que, al igual que pasaba en Lugo antes de las obras y la nueva planificación del tráfico, ya cumplen los estándares legales exigidos.
Los días de mercado se cierran algunas calles del entorno de la plaza de abastos, pero se dejan otras para que la gente se acerque al centro a cargar sus mercancías y productos básicos. En fiestas, por horarios, vedan el acceso de coches a ciertas zonas para que los peatones disfruten de la calle para ellos solos, pero sin evitar que en otros momentos, en que no es necesario, puedan transitar los vehículos... ¡y sin romperse el suelo!
Sinceramente estoy convencido de que los lucenses todavía no son conscientes del problema que se ha generado y de los ingentes recursos que habrá que destinar para ir parcheando eternamente estas calles.