En muchos edificios ocurre que su importancia se expresa por las dimensiones de su puerta y de su portal. Es decir, su acceso nos indica la dignidad de la función que en él se ejerce. En general, son puertas de dos hojas, que suelen ser de madera, construidas por varios tablones ensamblados entre sí por tablones transversales que, con el tiempo, fueron sustituidos por flejes metálicos.
En Galicia sólo conozco un caso en el que cada una de las dos hojas de una puerta es de una sola pieza. Se trata de un monasterio orensano y pienso en las dimensiones que debió tener el tronco del castaño del que se originaron.
Los flejes que unían los tablones tenían una función estructural concreta, conferirles unión y robustez al conjunto, sin pretensión alguna de belleza. Se colocaron en la parte posterior de los tablones. De este modo, las puertas aparecieron lisas al exterior y, en todo caso, pintadas con algún tipo de pintura protectora.
Pero en muchas ocasiones ocurre que algunas estructuras, con funciones primitivas de armadura, pasan a tener alguna función decorativa, sin perder por eso su papel fundamental en la construcción. Ese fue el caso de las ballestas que ensamblaron los tablones para dar cuerpo a las puertas, que comenzaron a adquirir algún tipo de ornamentación pasando al exterior de las puertas, ahora con aparente función ornamental. Si reparamos en iglesias antiguas, tenemos algunos ejemplos magníficos en algunas localidades de la provincia, todos ellos dignos de ser visitados. Pero en esta ocasión me ciño a uno que tenemos en nuestra catedral, concretamente, en la puerta del Pórtico Norte y, puesto que en este tiempo está cerrada, podemos contemplarla en sus dos hojas con toda facilidad.
En ella, los tablones originales fueron forrados con una ligera plancha metálica, que se pintó de marrón claro, homogenizando la superficie y disimulando los efectos de las vetas de las maderas. Con la superficie lisa y sin efectos que distrajesen, se procedió a la ornamentación de las hojas de las que, a su vez, constituía su refuerzo.
Los flejes se utilizaron formando tres grupos secuenciados de arriba abajo en cada hoja de la puerta. En cada grupo, uno horizontal y dos curvados como paréntesis en los extremos del primero. Los tres aparecen adornados como vegetales, con ligeras ramificaciones laterales y otra, más amplia, como una palma en sus extremos. En cada grupo, la tira metálica curvada correspondiente a la parte interior de la puerta, está articulada a un gozne incrustado en el marco granítico del acceso, sobre el que puede girar. Hay tres goznes sobre los que se mueve cada hoja de la puerta.
El conjunto es bonito y elegante, pero hay más. En el escudete de la cerradura aparece un tema eucarístico del que creo recordar que fue utilizado como logotipo en alguna celebración diocesana. También, salpicadas como al tresbolillo, hay flores también de hierro, por toda la superficie de las hojas de la puerta. En el tramo horizontal del grupo superior, hay tres azucenas de tamaño natural, que sobresalen verticalmente de todo el conjunto. Estos diferentes adornos, como añadidos a los conjuntos de herrajes de función estructural, están pintados de color negro mate.
La puerta, hoy cerrada a no ser que haya algún tipo de celebración, está sin ningún tipo de protección al público. Tal vez haya quien piense que no es necesario defenderla. Nadie se la va a llevar. Pero las partes metálicas inferiores se ven muy alteradas debido a que más de un trasnochador impaciente orinó allí con la protección de la noche.