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Aquella fiesta de las candelas

Rodríguez, Xerardo - miércoles, 14 de enero de 2026
Mi abuela me decía siempre del clima gallego:

- La primavera ya es cálida, el verano quema, en otoño diluvia y en invierno hiela...

Si Mamá Ramona levantase la cabeza se sorprendería al verme echando una siesta al sol, en el porche, al aire libre y roncando de placer, a mediados de un enero que aquí nos permite todo... ¿Será verdad que nos está cambiando el clima?
Aquella fiesta de las candelas
En la semana del frío polar resulta que los gallegos aún nos permitimos el lujo de pasear por la playa y disfrutar de ese sol que no quema, siguiendo la sombra de alguna nube viajera o el vuelo del cormorán que disputa el espacio aéreo a las gaviotas.

- Es que ha subido la temperatura del mar...

O sea que ahora somos más mediterráneos que atlánticos; por eso este invierno ya no hay tertulias de lareira y a estas alturas suenan fuegos de fiesta en los alrededores como si estuviésemos en primavera.

Pero... no siempre fue así. Yo ya bailé alguna vez, cuando era un jovencito, sobre la nieve. Fue en el Turreiro, en la fiesta de las Candelas. La orquesta interpretaba o boleros o pasodobles y todos nos sacudíamos el frío como podíamos; pero nadie renunciaba a admirar de cerca la belleza de las jovencitas de Cudeiro.

En esos casos de nieve, lluvia o frío siempre me preguntaba si la parroquia era la de San Pedro... porqué teníamos que celebrar la fiesta el 2 de febrero y no la hacíamos el 28 de junio.

Quien me dio la clave fue Pavón, un año que fue mayordomo.

- Porque a orquestra é mais cara, rapaz, no inverno costa menos.

- ¡Ah!

Desde luego aquellas orquestas nada tienen que ver con las de ahora, con esos escenarios y esos montajes que bien parecen nacidos en Broadway. Hoy en día ya no bailas, solo te quedas embobado con los números que montan músicos, bailarinas y hasta equilibristas.

La orquesta de antes era como mucho un quinteto y la voz del/la cantante no precisaba de amplificación. Sonaban a pelo, como los mariachis de Feijóo. Pero aquellos músicos nos alegraban el alma. Sus melodías eran el fondo de cómplices conversaciones pícaras, que solo eso nos estaba permitido.

Aquella fiesta de las candelasCuando miro mi vieja foto del Turreiro me acuerdo siempre de la fiesta de las Candelas, aún veo la cara de Berta recriminándome algún proceder impropio y en el suelo de tierra leo las huellas del paso del tiempo.

En la casa de mis padres la fiesta se celebraba por todo lo alto. Todos nos vestíamos de punta en blanco. Había merienda en la terraza y los mayores se quedaban para escuchar la música hasta que el frío les obligaba a buscar refugio.

Seguramente hay historias mucho más emotivas en otras aldeas de Galicia, con personas y personajes que se enmarcan casi en la leyenda. Pero las más importantes son las vividas por uno mismo, las que permanecen en tus propios recuerdos. Las otras, las que te cuentan, siempre se difuminan con el paso de los inviernos.

Perdona que haya buceado hoy en el mar de los recuerdos, pero no está el mundo esta semana como para hablar del presente... ni tampoco mirar hacia el futuro, que uno está harto de tanta trumpada y de los yanquis que las están llevando a cabo. Mucho mas agradable es recordar a Berta con la disculpa de las viejas fiestas.
Rodríguez, Xerardo
Rodríguez, Xerardo


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