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El nuevo orden

Porras Cabrera, Antonio - miércoles, 07 de enero de 2026
Los hechos nos desbordan. La confusión aflora y uno no sabe muy bien por dónde petará todo esto. Intentamos comprender lo incomprensible, de explicarnos esos hechos desde la razón y del derecho, pero nada encaja como debería hacerlo en el mundo que nos hemos dado tras la II Guerra mundial.
Estamos asistiendo a uno de los hechos más graves que se pueden dar en la aplicación del derecho internacional. Aunque no es la primera vez que los EEUU actúan como gendarme autoproclamado y en defensa de sus propis intereses, disfrazados de defensores de la democracia, como ya hizo en Iraq, en Irán, Yemen o Afganistán, sin considerar la debacle que causaron aquellas primaveras árabes, que tanta caos provocaron y tanta sangre derramaron, hoy asistimos a otra intervención unilateral con objetivos, aunque oscuros, suficientemente explicitados.
Conjeturando con los datos y acciones que se vienen observando, entiendo que la intención de Trump no es traer la democracia y la libertad a Venezuela, ni apoyar a una oposición, que según parece ganó las elecciones pasadas, sino conseguir la sumisión y control del gobierno venezolano y los recursos naturales, léase explotar el petróleo y otras riquezas de que dispone el país. Por tanto, entiendo que no está en sus cálculos "entronizar" a María Corina Machado, sino a alguien que consiga estabilizar el país, pacificarlo y permitir que las empresas petroleras americanas inviertan con garantía de éxito... tal vez Delcy Rodríguez, amiga del amigo Putin, o alguien de su entorno pueda asumir el papel visto lo visto.
Puede que no caiga el régimen venezolano, sino que se cambien sus gerifaltes por otros más afines que permitan y faciliten el libre ejercicio industrial y comercial de las empresas americanas. Todo es cuestión de negociar... Estamos en un impasse, en plena expectativa para ver por donde sale el imprevisible Trump. El tiempo nos dirá, a muy corto plazo, por dónde van los tiros, y nunca mejor dicho.
La teatralidad con que presenta sus actos nos ha llevado al espectáculo de la detención y secuestro de Maduro, un personaje de sainete, inmaduro a pesar de llamarse Maduro, que es un mal presidente que se mantiene a través del entramado de intereses que cohesionan al grupo dominante en el poder. Siempre me pareció un sujeto ridículo, que hablaba con pajaritos, bailón como Trump, y carente de la solvencia requerida para gobernar un país como Venezuela, un campo de batalla complejo, de intereses en juego más allá de lo meramente perceptible.
Lo malo es que Trump está desbocado, parece que viven en una burbuja y un relato megalómano, donde no cabe la empatía ni el respeto a las normas internacionales. El nuevo orden que proponen no entiende de derecho internacional o de organismos que lo sustenten... es la ley del más fuerte, de las armas y el poder que se deriva de su uso, para hacer a su América grande, un nuevo imperio que consolide su influencia desde la metrópolis. Se vislumbra la aplicación renovada de la doctrina Monroe, aquel presidente norteamericano del siglo XIX que proclamaba: "América para los americanos", en este caso para los norteamericanos, convirtiendo Latinoamérica en su patio trasero.
Me barrunto y conjeturo, por mi pelo blanco y lo vivido, que esto no ha hecho más que empezar. Trump pretende el control y dominio de toda América, hacerse con Groenlandia, y seguir con sus influencias en el resto de los mares y tierras afines a sus principios, para lo que siembra y cultiva la idea de patriotas sumisos a sus planteamientos, para dinamitar la UE y dejar a Europa en la maleable irrelevancia.
Tal vez ya haya un acuerdo entre las partes interesadas, como pueden ser Rusia y China, para establecer las nuevas zonas de influencia. Son tres potencias cuyo sistema de gobierno se aleja de la democracia y establece una forma piramidal de entender el poder y su ejercicio. Rusia se queda con parte de Ucrania y otras cosillas y China atrapa Taiwán.
Lo terrible puede ser que el nuevo orden se acabe estableciendo desde la debacle, desde la catástrofe mundial que destruya todo para neutralizar el poder emergente de China, hasta que la gente reclame la paz a costa de lo que fuere... en este caso el sometimiento al gran Hermano que nos salvará del caos a cambio de la sumisión. Entonces empezará la reconstrucción de otro mundo donde la tecnología desarrollada en la contienda se imponga y la Inteligencia Artificial se convierta en omnisciente con capacidad para controlarlo todo. La distopía de la novela 1984 se hará realidad, o tal vez nos lleven a otra distopía, la de Un mundo feliz, de Aldous Huxley, donde seremos felices con el soma y el placentero conformismo.
Ese mundo futurista ya está en la mente de determinados personajes que proyectan el mañana en su propio beneficio empresarial... ojo a los Elon Musk y compañía, que mueven los hilos entre bastidores. Puede que mi generación se escape por la tangente antes de ser atrapada... Dios dirá.

Artículo enviado por José Antonio Sierra.
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