'Carta de un súbdito del Reino Infantil'
Pol, Pepe - jueves, 01 de enero de 2026
Queridos y adorados Reyes Magos:
Soy un súbdito del mejor y más maravilloso de los reinos de esta existencia, la infancia. Vivir en esa etapa es lo más grandioso para el ser humano. Yo, queridas majestades, solamente os ruego y pido algo que necesita todo/a niño/a, gozar de lo que le es un derecho como súbditos de esa monarquía vuestra, la bella niñez. Por favor, que se acaben los Herodes modernos, que la ambición de estos deje de provocar guerras en el mundo y en las familias, que se respete esa monarquía maravillosa y que no sea derrocada por malvados que secuestran la hermosa infancia. Esa fase de la vida es crucial para el resto del existir. Ningún niño/a debe ser víctima del terror que imponen los que convierten a la infancia en un reguero de lágrimas , dolor, sufrimiento y en muchos casos, la misma muerte.
Ustedes, que son maravillosos , los que buscan un mundo feliz para los más pequeños, saben que la niñez no es un juguete para que la utilicen y destrocen pederastas, pedófilos y otros muchos desalmados. Protejan a ese, vuestro reino. Hagan que vivamos exentos de peligros que nos conducen por caminos sin salida. No queremos sofisticados juguetes que hagan crecer el consumismo, deseamos que nos traigan lo mejor para jugar felices, una familia unida en la que se crea y desenvuelve un ambiente de dicha.
Que nunca, el reino más grandioso, el que es pilar fundamental de la sociedad, sea contaminado o herido de muerte por seres malvados y tóxicos. Que nadie juegue con la infancia rompiendo sus sueños e ilusiones y empozando su verdad limpia y auténtica con terribles engaños y mentiras.
Me despido de ustedes, yo, un niño de los muchos que pueblan el orbe que quiere vivir plenamente sus años infantiles, el tiempo de la monarquía del ensueño y la felicidad, la que ustedes, Reyes Magos, muy bien representan por eso un día fueron a Belén a adorar al Niño, ya que dada su sabiduría eran conscientes que la manera más pura de presentarse al mundo el Padre Dios no era otra que en forma de recién nacido.

Pol, Pepe
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