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El Regalo de Reyes de Estrella

viernes, 06 de febrero de 2009
No hace muchos años en un punto de Cataluña vivía una familia integrada por el matrimonio y una hija de corta edad. Cuando la bautizaron sus padres le pusieron por nombre Estrella; pues, desde que llegó al seno de ese hogar, ellos habían encontrado la mejor de las guías para conducirse por el itinerario de la responsabilidad paternal que conduce a la más grandiosa felicidad. El nacimiento de ésta fue una luz extraordinaria y nunca jamás, gracias a ella, hubo entre esa pareja el distanciamiento de noches de soledad. La madre solicitó excedencia en su trabajo para estar más cerca de Estrella y recibir sus destellos sentimentales traducidos en gestos y sonrisas de cariño que, al mismo tiempo, en recíproca correspondencia y, como obligación maternal, intentaba corresponder; ya que los padres no solamente tienen el deber de satisfacer las necesidades fisiológicas y vitales de los hijos, hay otras muy trascendentes tales como asegurarles un ambiente, una cuna libre de situaciones espinosas y hacer que la descendencia viva en un medio familiar puro y descontaminado del terrible desamor. Los corazones infantiles se alimentan de esta atmósfera y luego, si esa influencia es negativa, todos sufriremos las terribles consecuencias. Los progenitores de esta niña eran conscientes de todo esto y calentaban ese lar con el fuego incombustible del amor. Se olvidaban de ansias materialistas que exclusivamente contribuyen, cuando son egoístas, a crear grietas y fisuras de despreocupación y olvido de los deberes contraídos en el santo matrimonio. Ese hielo, la no responsabilidad familiar, va convirtiéndose en la más dura cuña y termina rompiendo en pedazos la pieza clave de la sociedad, la familia.

Estrella fue creciendo en un microcosmos muy óptimo, contaba unas cuatro primaveras y era por noviembre, tiempo en que las luces consumistas se encienden como singular reclamo en los escaparates para, anunciando una nueva Navidad, amparándose en lo que nunca debían utilizar para sus fines comerciales, la espiritualidad, intentar marcarnos un sendero muy diferente al que nos muestra el espíritu navideño.

Un día sus padres, contagiados por la ola consumista, le dijeron:
-“Estrella, esta tarde vamos a ir de tiendas para que puedas ver algunos regalos; pues pronto tendrás que escribir tu carta a los Reyes Magos”.
La pequeña contestó dibujando su sonrisa de siempre y hablando con el sosiego que la caracterizaba:
-“Papis, ese tipo de productos ya lleva meses la tele mostrándomelo; pero mi carta ya la tengo hecha”.
La madre, con cierta curiosidad, le preguntó si se la podía leer pero la niña, regalándoles otra angelical sonrisa aún mayor que la anterior, le repuso que perdonara, que era un secreto que guardaba para RR.MM. Cuando fuera realidad ya lo sabrían pues también ellos habrían de colaborar.

En suspense quedó la conversación y los progenitores permanecieron, por el momento, con la incertidumbre y a la espera de aquella data. En ocasiones tuvieron ganas, con el transcurso de los días, de volver a cuestionarle sobre el tema, pero ellos eran buenos conocedores de que hay que ser respetuosos con todo el mundo, pero de un modo muy especial, con los seres más sensible, tal caso como los niños, para no profanar ese santo santorum que es la dichosa infancia. Lo único que les agobiaba era que no tendrían tiempo material para adquirir el incógnito regalo preferido por su hija.
¡Qué pena, siendo adultos pensaban de modo muy distinto a Estrella!.

Pasó diciembre, cayeron en las montañas catalanas, al igual que en el resto del norte de España, las primeras nieves, sopló el cierzo y la tramontana pero ni los fríos ni el viento llevaron de la mente de nuestra protagonista aquella idea, ni podrían borrar las letras de la carta que ya tenía bien cerrada la niña. Llegó la tarde del cinco de Enero de un nuevo año y Estrella colocó sus botitas, ésas con las que tantos crsitales de agua encharcada había quebrado, en el alfeizar de su ventanal de ilusión. En el rostro de los padres se percibía la incertidumbre de no saber el contenido de la misiva, ese mensaje destinado a sus Majestades de Oriente; en cierta manera comprendían que los secretos merecen discreción y respeto. Aguardaron, con la complicidad indirecta de Morfeo, a que su hija se durmiera, a que el placentero sueño le obligara a cerrar sus lindos ojos tan azules como el cielo de un día sin nubes. No tardó en suceder pues los que viven en paz consigo y con los demás, como es el caso de los niños, concilian con suma facilidad el sueño.

Entonces, mientras dormía la pequeña, aprovechando la nocturnidad, los papás cogieron la carta y leyeron su contenido que era como sigue:
“Queridos Reyes Magos: No quiero regalos materiales que me esclavicen y hagan que mi vida dependa del fatal consumismo. Solamente deseo que al igual que el Cometa os guió a vosotros, hagáis lo propio conmigo y me digáis en qué lugar de España la Navidad dura más. Cuando lo sepa pediré a mis padres que marchemos a vivir a dicho sitio.Un abrazo, vuestra amiga Estrella”.

Al terminar de leerla los padres no pudieron evitar que de sus ojos brotara alguna lágrima ante tan sentido mensaje. Al unísono buscaron diversas fuentes de información para hallar la solución. Estaban ya a apunto de abandonar esa empresa cuando en la hemeroteca familiar encontraron un periódico, creo que era El Progreso, que solía comprar el padre en un kiosco de Las Ramblas, en el que figuraba la siguiente nueva:
“Begonte, pueblo de la provincia de Lugo, es donde la Navidad dura más porque se inaugura el belén electrónico a primeros de diciembre y se clausura en la última semana de enero. Este belén es un palmario ejemplo de una Galicia unida y, aunque haya sido emigrante, esté donde esté un gallego, siempre bien sabe donde está su corazón, en esta Terra Chá, una tierra auténtica donde es muy fácil sentirse cerca del cielo gracias al belén electrónico del centro cultural Domínguez Guizán, algo que nadie puede dejar de ver para siempre saber que Begonte en Navidad es otra gran capital de la espiritual humanidad”.

Dada la hora, muy entrada la madrugada, reprimieron un grito de júbilo por el afortunado y feliz hallazgo. Prestos escribieron la siguiente nota que colocaron, como respuesta de sus Majestades, en una de las botas de Estrella:
“Estrella, bonita, en Begonte, provincia de Lugo, tu regalo se hace realidad. Felicidades por pensar así. Si todos, niños y grandes, tuvieran tu positiva y avanzada mentalidad, si pidieran cosas útiles para el mundo, este planeta sería otro y no habría el derroche desaforado que consume y esclaviza a los humanos. Un saludo afectuoso. Los Reyes Magos”.

Los padres, satisfechos pero, a pesar de lo que habían escrito, algo preocupados porque a la mañana otros niños llenarían plazuelas, parques y jardines jugando con sus nuevos regalos en tanto que su hija no lo podría hacer porque tenía el regalo más grande, ser madura y cristiana, y con ése no se puede jugar.

Se marchó la aurora dejando ya abierta, con su singular llave, la nueva mañana del seis de Enero. Estrella se levantó de la cama propulsada por una fuerza especial, el impulso de todo aquel que tiene ilusión, que le encuentra día a día un sentido a su vivir. Fue hacia la ventana , no se fijó si el día era nublado o luminoso porque la luz de aquél y el resto de los días la tenía o no en una de sus botitas. Con el nerviosismo propio de los seres inocentes, temblando con la incertidumbre cogió entre sus pequeños deditos la carta. Cuando leyó el contenido de la misma prorrumpió en gritos de alborozo y corrió al regazo de sus progenitores para hacerles partícipes de lo que ella consideraba les era una novedad. En esos momentos del día otros pequeños de su edad si no encontraban sus manos llenas con juguetes variados y sofisticados de seguro que armaban pataleta tal que sus ascendientes , para no escucharles, saldrían incluso a intentar poner en sus manos cualquiera de esos objetos aunque, con ello, estaban hipotecando unos valores que nunca deben usarse para juego, es penoso que mal utilicemos lo más grande del ser humano y que desde pequeños, y aprovechando la gran lección que nos trae la Navidad no sepamos dársela a nuestros hijos, pues no todos son Estrella, que se sentía la más feliz por gozar con la esperanza, con esa estela de palabras que le dejaron como guía para saber que su ilusión en Begonte se hace realidad.

Los padres, haciéndose los no conocedores de la noticia le preguntaron por el motivo de su alegría y dónde estaba el regalo que le provocaba a ese estado de excitación pletórica. Ella serenándose contestó:
“Tengo el regalo que no se puede adquirir en comercio alguno. Es tan valioso que no tiene precio, el que nunca se rompe en tanto tengamos fe porque es el único que hace que el rompecabezas del mundo, con su presencia, tenga unidad, el belén electrónico de Begonte que es pieza primordial para la Navidad de Galcia, pues sin él la vida sería como una rueda sin eje”.

Dicho esto marchó al ordenador y en él encontró más información sobre esa población y todo lo relativo al belén. Los padres decidieron, a petición de estrella, que en el siguiente fin de semana, harían una visita a tan importante lugar y evento, pues era el regalo más importante para su hija. En efecto que lo era y la niña nada más mencionar el nombre de esa población lucense su rostro se tornaba un sol de dicha.

Al otro día, al llegar a la escuela, los compañeros/as y la maestra le preguntaban por sus reyes y le pedían que se los mostrara y ante esas insistentes preguntas ella les repuso:
“Él, ese belén, es el que hace que palpite mi corazón con más intensidad, pero si lo queréis ver, id a donde toma cuerpo, en Begonte, y allí lo encontraréis y también, en justa reciprocidad, os encontraréis”.

Todos quedaban estupefactos y pedían que se explicara de manera más sencilla. Algunos, los más insensatos, pensaban que desvariaba, que padecía una fiebre de desaforada ilusión. Los demás seguían con sus juguetes , los que no llegarían a finales de Enero, pues antes de la clausura del belén de Begonte, ya estarían en el muladar, mientras el de Estrella siempre estaría íntegro y, lo más importante, siendo útil a todos. La maestra habló a solas con ella y le pidió que si iba a ir hasta allí, hasta donde estaba su regalo, que a la vuelta se lo describiera para en el próximo curso hacer una excursión colectiva con todos los alumnos. Ella, con su característica educación, le corrigió:
“Profe, perdón, no es mi regalo, es nuestro, de todos, lo único que hace falta para disfrutar de El es tener fe”.

La maestra no supo que decir y dejó el tema porque, por suerte, el timbre de aviso de fin de recreo, resultó providencial para prorrogar la conversación.

Llegó el tan esperado y deseado fin de semana y, tomando un avión en Barcelona se trasladó aquella familia al aeropuerto de Santiago. Les recibió un día de lluvia, como muestras de una bendición, esa bienvenida que el cielo gallego les daba. Desde esa capital partieron en un autocar que les condujo en poco tiempo a Begonte. Nada más apearse del citado medio de locomoción Estrella, anticipándose a sus padres, dadas las ansias que tenía de estar en el belén begontino, pregunta al primer señor que encuentra que resultó ser Joselín, el hombre que está tan preocupado y ocupado en esa actividad. Este, con su propia amabilidad y cortesía le dijo:
“Qué casualidad! Yo voy hacía allí, vamos juntos; está en el Centro cultural Domínguez Guizán”.

Al encontrarse ante la puerta del centro la niña,adelantándose a Joselín y sus padres corrió hacia el interior. Los progenitores intentaron recriminarle ese comportamiento porque debía dejar paso a su acompañante, pero José, con un gesto de su mano les detuvo diciendo:
“Amigos, Ella está esperando y deses pera por estar con El; ya saben aquellas palabras: “Dejad que los niños se acercan a mí”.
Los progenitores siguieron a Joselín y cuando entraron se encontraron en otro mundo muy distinto al que estamos acostumbrados a vivir y dijeron en voz baja a su acompañente:
“Esto es otro mundo”.

A lo que Joselín les repuso: “No, esta es nuestra Galicia enxebre, la rural, la que escoge el Señor para nacer porque aquí todo es natural y auténtico. Miren esa “lareira”, ese pote que está calentándose con el fuego más vivol, en su interior se está cociendo el mejor de los a limentos. Observen la nevada, esas folerpas que son bendición y regalo del cielo y toda esa laboriosidad, el trabajo de cada uno de los protagonistas. Esa actividad es el mejor regalo que pueden hacer al Niño…”

Ajena a las palabras que mantenía con sus padres el citado señor, Estrella estaba tan fija observando aquella maravilla que no podía decir nada, semejaba otra pastorcilla asombrada ante aquel milagro.

Así permanecieron un buen rato y no se distraían ni con la llegada de más y más visitantes solamente, cuando los padres comprendieron que no había sitio en las gradas le recomendaron a la pequeña que era conveniente salir porque había cola para entrar. Al salir Estrella le pidio a sus padres que solicitar destino a Terra Chá donde la Navidad durá dos meses más.

En la entrada vio al sacerdote y se le acercó para preguntarle:
“Padre, por qué no dejan el belén abierto todo el año para que la Navidad dure un año?”
El buen sacerdote, fregándose las manos, le contestó:
“Hijita, en verdad que el espíritu del belén dura un año, pues estos dos meses son como las dos hojas de una gran puerta que se abre para que salga al mundo ese belén que es semilla de amor y espiritualidad que germina en los corazones en Navidad pero luego, en febrero, anticipándose a la primavera, florece para extender su aroma de amor por todos los lugares”.

Junto al sacerdote, al lado del presidente del centro cultural, ya se hallaba Joselín, pues no se puede entender este belén sin estos dos dinamizadores del mismo, aunque, claro está, ellos se encuentran arropados por otro grupo numeroso de personas que no cesan todo el año de mejorar las futuras ediciones del belén de Begonte.

Sin querer marchar, pero por la necesidad de ir a cumplir sus deberes profesionales a Barcelona, esta familia se despide de estas dos distinguidas personas, pero no pueden evitar el entrar de nuevo y rezar una oración junto al belén. La niña además hizo una sencilla petición:
“Niño Jesús, concédenos que a mi padre lo destinen aquí para que yo, en la próxima Navidad pueda pedir a los organizadores del belén que me dejen colaborar con ellos, pues quiero jugar con mi regalo, deseo tocar estas figuras y objetos para, llenando con ellas mis manos hacer que mi corazón rebose de sentimientos”.

Retornaron a tierras catalanas. El padre, en aquella primavera solicitó destino como funcionario de educación a un colegio de Terra Chá. Grande sería la alegría cuando le aprobaron el cambio de destino y para mayor milagro, sería al mismo Begonte.
Nada más acabar el curso se trasladaron a vivir a esa población y la niña, en cuanto se establecieron fue a saludar a sus amigos, el sacerdote y joselín, para pedirles su colaboración en el belén. Ellos se congratularon y, desde entonces, una niña que nació en Cataluña ama a Galicia, al belén y a Begonte como si fuera begontina. Sueño cumplido y regalo adquirido. Estrella disfrutó para siempre del belén electrónico de Begonte que es una síntesis de la esencia de un pueblo que comulga en fraternal espiritualidad y amor junto a la Luz de la Verdad, la que en Begonte está.
Pol, Pepe
Pol, Pepe


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