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Jugarse la vida, cada día

jueves, 05 de febrero de 2009
Pertenezco al colectivo de españoles que dependo de mi vehículo personal para ir al trabajo diario. Tengo que recorrer más de cien kilómetros diarios, entre ida y vuelta. Le dedico, hora y media, por lo menos, a los desplazamientos, desde mi domicilio mariñano al Hospital de Jarrio en la vecina frontera de la Asturias Occidental. Soy, uno de los muchos trabajadores de un sector público esencial que uso la carretera y sufro su estado de trazado y mantenimiento.

Por eso, cuando ha leído y escuchado que por fin, además de la persecución a los presuntos delincuentes de la temeridad al volante de un vehículo de motor, los fiscales piden penas para los responsables de las carreteras en mal estado, he sentido que se igualan las condiciones de responsabilidad en un asunto en el que hay tres elementos a considerar: Vehículo; Conductor; Medio por el que transcurre la conducción.

Y así llegamos a la famosa carretera de la costa lucense. La que une las provincias de Asturias y A Coruña. La que soporta más de cinco mil vehículos transitando diariamente. La de los puntos negros que se repiten año tras año. La de los más de seiscientos accidentes con ingreso en el Hospital de la Costa, sito en Burela. La del famoso corredor San Ciprián-Ferrol, que algún día veremos inaugurar por un Ministro acompañado de Conselleiro de la Xunta de Galicia. La que no admite, alternativa de ferrocarril, ya que el FEVE es una especie de tartana que se asemeja a los ferrocarriles del viejo oeste americano, La de los miles de camiones y tractores, cargados de madera, que sueltan grasas de toda índole, que cuando lleven, suben hasta la superficie, y constituyen una película deslizante, por la que resbalan las ruedas de nuestros coches. Las que tienen salidas criminales como la de Río Cobo, la del Alto del Castelo, la de Area, etc. La que cada vez que llueve en el país de la lluvia, se convierte en el máximo riesgo para la salud de los habitantes y transeúntes de la Mariña.

Sus señorías de la campaña electoral, seguro que en algún mitin, volverán a prometernos que de ganar, esta vez, si que se ocuparán de hacer una vía como Dios manda por que podamos circular, sin matarnos o quedarnos impedidos para siempre. Es tiempo de ofertas, y el papel, los micrófonos, y las tertulias electorales, lo aguantan todo. Luego, al día siguiente de las elecciones, habrá que separar el grano de la paja, y esta quemarla para que se transforme en humo.

Pero lo de meterle mano, por la justicia a los que tienen las carreteras hechas una porquería, aplicándoles el artículo 385.2 del Código Penal, ya me parece más serio. Incluso se me ocurre que deberíamos organizarnos. Crear alguna asociación de afectados por el estado de las carreteras. Recorrerlas. Enviar fotos con datos a los fiscales. Hacerlo antes de que comience la sangría de accidentes del 2009. Y que la fiscalía comience a tomar declaración a los responsables de cada curva mala trazada, de cada mancha de aceite, de cada bache, de cada cruce con mala visibilidad.

Es la mejor medicina preventiva, para aquellos que nos jugamos la vida, cada día, por el simple hecho de tener que ir en coche al trabajo, en un país en el que algunas cosas no parecen tener arreglo, y no ser responsabilidad de nadie.
Mosquera Mata, Pablo A.
Mosquera Mata, Pablo A.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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