Opinión en Galicia

Buscador


autor opinión

Editorial

Ver todos los editoriales »

Archivo

Luces y sombras del paseo litoral de Telde

miércoles, 23 de noviembre de 2022
Un paseo sosegado por los miradores costeros de Telde

Si recurrimos al diccionario de la Real Academia Española y buscamos el significado de mirador, nos encontramos con cuatro definiciones. La cuarta acepción de tal palabra nos la define así: Lugar bien situado para contemplar un paisaje o un acontecimiento.

Cinco miradores se nos ofrecen en el Paseo litoral de Telde y todos ellos se encuentran en lugares estratégicos que ofertan ante nuestros ojos espectaculares paisajes. Cada día centenares de personas transitan por este popular paseo, cada una de ellas obedeciendo a estímulos de muy diversa índole: saludables, deportivos, sociales, médicos, emocionales, turísticos... pero son contadas las ocasiones en que alguna de ellas detiene su tránsito a la altura de uno de los paneles informativos y lee con calma la información en él registrada. Surge así nuestra primera reflexión: ¿Somos conscientes del paseo que estamos dando, de los valores paisajísticos, geológicos, botánicos, faunísticos, antropológicos, etnográficos... que se encuentran en el entorno recorrido o por el contrario, obedeciendo a una rutina más, nuestro paseo se limita a colocar un paso tras otro hasta regresar al lugar de partida, satisfechos por el bienestar físico pero sin saber nada de lo que ha sucedido a nuestro alrededor?

Me reconozco habitual paseante de esta costa, no sólo del Paseo delimitado con un suelo firme de cemento o baldosas, muros y pasamanos de seguridad, papeleras, luminarias... sino de las sendas no señaladas, aquellas que nos permiten discurrir junto a la marea, entre los charcones, más cerca de la vida de las plantas y los animales que sobreviven como pueden en un territorio tan antropizado. Y es este discurrir diario el que me permite corroborar tales observaciones. Este artículo pretende, por esa razón, acercarles unos contenidos valiosos, textos, imágenes y códigos QR capaces de enriquecer nuestro conocimiento sobre tales espacios, provocando una reflexión sobre su riqueza, indagando en el pasado de los mismos y con todo ello, estimular nuestro pensamiento crítico, tal vez en un intento de que podamos valorar y con ello potenciar su defensa y conservación.

El primer paso será el conocimiento y la vivencia, luego el pensamiento crítico, pero nada conseguiremos si no somos capaces de pasar a la acción. La acción es siempre más fácil de lo que creemos, cuesta poco trabajo y conseguimos con ello una respuesta inmediata. Un ejemplo: observamos una actuación ilegal durante el recorrido, ya sea un cierre ilegal, una obra ilegal, un atentado contra el litoral, un vertido de escombros, una moto por el paseo... si sólo nos preocupa nuestro paseo y nos comportamos como verdaderos autistas, esa actuación ilegal u otra similar se repetirá en el futuro y cada uno de nosotros seremos partícipes de tal agresión con nuestro silencio. ¡Con lo fácil que es coger el móvil, llamar a un servicio de protección del medio: policía local, guardia civil, Seprona... y comunicar la agresión que se está produciendo! Cuando seamos conscientes de la enorme importancia de nuestro posicionamiento como ciudadanos responsables, el medio ambiente que nos rodea tendrá otro color.

Es por ello que les voy a acompañar en un paseo de norte sur, comenzando en la playa de la Garita, popular playa donde se encuentra el primer panel informativo y nos detendremos en cada uno de ellos.

Hay un paquete de información genérica a todos ellos, así pues nos detendremos en este panel, la analizamos y evitamos así repeticiones en los siguientes. Si nos fijamos con atención, todos están identificados con el logotipo de: Miradores de Gran Canaria y sobre dicho texto aparece el escudo del Cabildo de Gran Canaria, promotor de la idea. Varias instituciones amparan y aportan recursos económicos para llevar adelante este proyecto. Es de nobleza reconocer quienes son: El Programa MAC Cooperación Transnacional, MAC Experiencia Turística Macaronésica, Natura 2000 Red Canaria de Espacios Naturales Protegidos, el Ayuntamiento de Telde, el Cabildo de Gran Canaria y la Unión Europea con su Programa FEDER. Es importante esta lectura, pues no podemos escudarnos en la falta de recursos para la mejora de nuestro medio. Existen y la mejor o peor gestión de los mismos depende de los gestores y los políticos pero también de las demandas, compromisos y actuaciones de todos y cada uno de nosotros.

El panel, en su margen izquierda, identifica en cada lugar la zona de playa, sus usos deportivos, los puntos concretos donde obtener las mejores vistas panorámicas, la zona comercial si existe, el núcleo urbano, el paseo, la avenida, el puerto, la zona industrial, si la playa tiene bandera azul y en el caso de su existencia, donde se encuentra/n la zona o zonas de especial conservación.

Acompaña a esta información práctica y esencial, una serie de textos elaborados por el concejal Álvaro Juan Monzón Santana, experto universitario en Sostenibilidad y Participación, funcionario del MEC y de la Consejería de Economía y Hacienda del Gobierno de Canarias, consagrado senderista, articulista y escritor, en suma una persona comprometida con el medio natural y cultural, que une a su propia narrativa, las palabras de escritores y estudiosos de la geografía, la biología, la belleza y los valores del litoral teldense. Tal reconocimiento es una virtud que le honra tanto como divulgador como persona.

Estos textos, que enriquecen la información visual del panel, se presentan en cuatro idiomas: castellano, inglés, alemán y francés, muy loable pues de diferentes nacionalidades son los senderistas que recorren diariamente esta Paseo.

En la parte superior, un mapa detallado del litoral teldense nos ubica siempre el lugar donde nos encontramos. Igualmente, en la parte derecha del panel un mapa del municipio nos muestra la situación de cada uno de los barrios que lo conforman y otros elementos geográficos de interés -barrancos, conos volcánicos, playas, roques..., así como las vías de comunicación que nos permiten acercarnos a cualquier punto del territorio municipal. También aparecen reflejados las reservas naturales, los sitios de interés científico y paisajes protegidos del municipio así como la zona especial de conservación de la bahía de Gando. Es pues, la información cartográfica, un buen punto de partida para iniciar un conocimiento más profundo del territorio teldense.

Tras estas observaciones previas, nuestra vista recorrerá el panel en busca de la parte específica del mismo, el texto que nos hable del entorno inmediato y las fotografías que nos identifican el lugar, actual e históricamente:
La Garita es una de las playas más populares y acogedoras del municipio de Telde. En forma de concha abierta, posee una arena oscura y fina, presenta una longitud de 260 metros y una anchura media de 25 metros. Tranquila y muy familiar, cuenta con servicios de restauración y zona de aparcamiento para personas con movilidad reducida (PMR), baño adaptado y servicio de socorrismo en temporada alta y fines de semana.
Las toponimia más antigua de la actual playa de la Garita es la de Puerto Madera, ligada a la actividad de desembarco de maderas necesarias para la construcción de viviendas e ingenios azucareros durante el siglo XVI, de gran desarrollo en la Vega Mayor de Telde.
En la última década hemos contemplado como ha desaparecido la Salina de la Garita. El valor especulativo del suelo y su urbanización han propiciado la desaparición de estas salinas, que constituían un bien de interés cultural y etnográfico.
Un poco más al sur, siguiendo por este paseo, tendremos la posibilidad de descubrir un paisaje único: el perfil multiforme del basalto en el Corral de las Yeguas. Si continuamos avanzando llegaremos al "Bufadero de la Garita", una oquedad submarina, donde la espuma desbordada de las grandes mareas de fondo forma espectaculares y breves cascadas al caer en el interior del bufadero. Posteriormente, el mar comprimido en este recipiente lávico proyecta un surtidor de agua a gran altura a través de un pequeño orificio, a modo de géiser. Una maravilla de la naturaleza volcánica de nuestro litoral.


Acompañan al texto tres fotos. Una, en color, expone una panorámica de la playa de La Garita actual, con un plano frontal de la escultura homenaje a los bañistas, situada en el Paseo y la otra, en blanco y negro, es una foto histórica de la playa de La Garita donde se observa un buen número de viviendas de madera y chabolas ocupando la arena.

La importancia de estas imágenes gráficas está en su interpretación y en la reflexión que nos provocan. Debemos contextualizarlas a sus épocas respectivas, analizando luego la evolución del territorio y del paisaje.

Seguimos caminando y no tardamos en encontrar, bajo el logotipo de: "Miradores de Telde", un panel específico titulado: "Bufadero de La Garita" a la altura del fenómeno geológico de tal nombre. Es muy reciente y presenta una espectacular foto del Bufadero con las aguas recogiéndose en una circular cascada. El efecto es bello e impresionante. La foto es de Eduardo Santana del Pino.

Los dos primeros párrafos del texto, traducido al inglés y alemán -es una pena que nos olvidáramos del francés, justo cuando el turismo francés es un turismo en alza-, es una invitación a un paseo litoral por las playas, acantilados y rasas que conforman el litoral teldense, al tiempo que recomienda un abanico amplio de actividades deportivas y de encuentros con la gastronomía local. Nos indica también las bondades y servicios de cada una de las playas del litoral.

El último párrafo, que trata específicamente del Corral de las Yeguas y del Bufadero, es una copia íntegra del que les acabo de reseñar en el Mirador de la playa de la Garita, detalle que sería conveniente tener en cuenta cuando se repongan por el desgaste propio de los materiales expuestos a la influencia de la maresía, con el objeto de evitar reiteraciones innecesarias, pues textos hay que tratan el Bufadero y el Corral de Las Yeguas desde la poesía, la narrativa y otros géneros literarios si queremos actualizar el texto que estamos viendo, pero tal vez sea más correcto eliminar este texto del panel de la playa de La Garita y en su lugar enriquecer el panel con referencias explícitas a su pasado aborigen, pues yacimientos desaparecidos como el de la Punta de las Salinas o los relictuales restos habitacionales del Lomo de Los Melones -restos arqueológicos que se encuentran apenas a una decena de metros del panel mencionado- nos permitirán informar, de una forma más amplia en el registro temporal, sobre la historia de La Garita antes de la conquista y su posterior evolución.

Seguimos caminando y el segundo mirador del litoral teldense se encuentra en el Rincón del Castellano, una vez dejamos atrás las playas de Hoya del Pozo y Playa del Hombre. Bajo el título: "Telde. Punta del Castellano-Taliarte", se presenta un panel de similares características al encontrado en la playa de la Garita.

Dirigimos nuestra vista al texto y a las fotografías que lo diferencian de los restantes:
En palabras del escritor teldense José Luis Gónzalez Ruano, amante, defensor y divulgador de los valores naturales del municipio, "la costa de Telde recibe cada día la fantasía cromática del amanecer. Las primeras horas de la mañana son, por lo tanto, un momento ideal para contemplar bellas estampas marinas como la que componen los roques de Taliarte".
El paseo marítimo de Telde, después de dejar atrás las playas de Hoya del Pozo y del Hombre, se encamina rumbo sur hacia el Faro de Taliarte, las instalaciones pesqueras de su muelle y el antiguo Instituto Canario de Ciencias Marinas, que nació a principios de la década de los setenta como centro de investigación que apoyaría a la floreciente industria pesquera en Canarias y contribuiría a impulsar los estudios universitarios en Ciencias del Mar, hoy centro dependiente de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y de la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN).
En esta singladura el caminante fondeará necesariamente frente al conocido Rincón del Castellano, junto a Taliarte. Allí, a menos de cien metros de la costa, destacan dos roques unidos al litoral por una baja sumergida de unos tres metros de profundidad y también conectados entre sí, hasta el punto de que la marea baja permite observar un bello jardín de algas pardas en el que gusta de esconderse el pez romero. Un lugar de gran interés ictiológleico, por su alta diversidad específica, donde en los últimos años se ha llegado a encontrar, incluso, alguna familia de peces no citada anteriormente en Canarias.


Dos fotos acompañan el texto, la primera, en color, es una visión panorámica del puerto de Taliarte tomada desde La Punta, junto al Faro y la segunda es una foto histórica del lugar. Tan increíble ha sido la transformación de esta zona que cuesta identificar los espacios, más allá de la Punta donde se asienta el Faro. El roque y la antigua línea de costa donde se encontraba, la antigua playa de Taliarte han desaparecido con la construcción del muelle y las intervenciones asociadas al mismo. Seguimos nuestro periplo, camino de la playa de Melenara. Sobre ella, a punto de iniciar la bajada hacia la playa, se encuentra el tercer mirador sobre el litoral teldense.
Bajo el título: "Telde. Mirador Paseo de Taliarte", el autor Álvaro Monzón nos escribe:
En el paseo marítimo de Taliarte, en su punto final, próximo a las escaleras de bajada a la playa de Melenara, encontramos el lugar idóneo para reposar y admirar el paisaje aéreo que se contempla desde esta posición. A nuestros pies, un pequeño muelle usado en el pasado por los pescadores locales. Delante, la impertérrita escultura de Neptuno (dios romano del mar) realizada por el artista Luis Arencibia e inaugurada el 1 de septiembre de 2001, a la que se refiere la siguiente cita del escritor Luis León Barreto: "El Neptuno de Melenara es hoy uno de los iconos representativos de Telde, tal como expresé en mi libro El Neptuno de Melenara, editado por el ayuntamiento de Telde en 2007".
Esta perspectiva nos ofrece una fantástica panorámica de la populosa playa de Melenara, con unas dimensiones de 350 metros de longitud y 30 metros de ancho, y su arena negra de origen volcánico, que algunos escritores han descrito como "fina grisácea". Anímese y descúbrala usted mismo.
La amplia oferta de restauración le permitirá disfrutar de la rica y variada gastronomía local. Melenara es una playa tranquila y muy familiar, dotada de aparcamientos y balneario, con servicios de baño, adaptados para personas con discapacidad, servicio de socorrismo durante todo el año y parque infantil.
Desde el año 2000 consecutivamente ha sido galardonada con la Bandera Azul de la Fundación para la Educación Ambiental en Europa (FEE), al reunir los requisitos explícitos de servicios.


Tres fotos acompañan este texto, la primera es la visión panorámica del muelle y las rasas de Melenara, las dos siguientes , fotos históricas de mediados del siglo XX, dan fe de una compleja urbanización de chabolas y casetas que, construidas sobre la arena, llegaban justo a la zona de marea, desaguando sus aguas residuales en un borde de la playa. Como nota interesante, los cultivos de plátanos que se extendían por todo el sector, próximos a la costa, aún se mantienen tras la zona urbanizada de Melenara, Clavellinas y Salinetas.

Nos dirigimos ahora a la playa de Salinetas donde encontraremos el cuarto mirador en el litoral teldense. Para ello pasaremos la Punta de las Clavellinas y, justo al final del Paseo costero de Telde, pues aquí termina la avenida peatonal iniciada en la Punta de las Salinas, aparece un panel con el encabezado siguiente: "Telde. Playa de Salinetas"
Se trata de una de las playas más populares y acogedoras del municipio. Además, cuenta con una charca en su extremo sur, que ha modo de piscina natural es una delicia para los niños y niñas que a diario dan su primeros pasos y "margullos" en el cristalino mar que se disfruta en Salinetas.
Presenta una extensión de 250 metros lineales. De arena clara y fina, su forma se asemeja a la de una preciosa concha abierta. Debido al crecimiento urbano ha quedado al "socaire" de los vientos predominantes. Tiene zonas de restauración, baño adaptado, zonas reservadas de aparcamiento para personas con movilidad reducida y duchas adaptadas. Asimismo está dotada de servicio de socorrismo durante la temporada alta, los fines de semana y festivos en temporada baja. En los últimos años ha sido galardonada con la Bandera Azul de la Fundación para la Educación Ambiental en Europa al reunir los requisitos explícitos de servicios.
Cabe mencionar que al oeste de esta playa se encuentra la Finca de Las Salinetas, que en la década de los años 80/90 del siglo XX se hizo famosa por las naranjas de ombligo que producía, las cuales llegaron a tener reconocimiento en toda la Isla, hasta el punto de que fueron las primeras naranjas en llevar un sello propio (en tinta azul, "Finca Salinetas"). Antes de la edificación de la iglesia en Clavellinas, erigidas en la década de los años 40 del siglo XX, los feligreses (marinos y veraneantes) acudían a la misa dominical en la finca de Las Salinetas, donde aún existe una ermita oratorio en honor a San Diego de Alcalá y nuestra Señora de la Salud, levantada por la familia Martínez de Escobar, tras la peste de cólera morbo ocurrida en el verano de 1851 (referencias tomadas del cronista oficial de Telde, Antonio María González Padrón).


Dos fotos acompañan este texto, la primera es la visión a color de una panorámica de la playa de Salinetas actual, con su paseo costero y la presencia de tres soberbias palmeras canarias que se han quedado en un solo ejemplar tras la tala de las dos restantes. Quiero suponer que razones técnicas de elevado valor justificaron tal masacre pues los vecinos nunca observaron enfermedad aparente alguna en ningún ejemplar y el malestar generado en su momento fue enorme. La segunda foto es más interesante si cabe: En blanco y negro, se observa la ocupación de la playa con viviendas hasta el mismo borde de la marea, hecho éste que se repitió en el pasado, como hemos visto, en todas y cada una de las playas del municipio, pero también es cierto que las playas de La Garita, Melenara y Aguadulce recuperaron con el tiempo todo su esplendor con la demolición de las viviendas y chabolas ubicadas sobre la arena de sus playas. En la época en que está tomada esta foto, la playa de Salinetas tenía muy poca arena, era temporal su presencia y se encontraba a la vista la rasa volcánica que actualmente se encuentra sepultada bajo una gruesa capa de arena.

Para observar el quinto y último mirador en el litoral teldense, de los reconocidos mediante panel informativo pues decenas de lugares son extraordinarios miradores sobre el litoral -Malpaso, Gando, La Restinga, Rajones del Salado, Punta de Ojos de Garza...-, tenemos que bordear la zona industrial de Salinetas y su muelle, bajar al cauce del barranco de Silva y tras vadearlo recorrer el litoral acantilado hasta alcanzar el barranco de El Goro, conocido también como barranco Hondo. Una senda clara nos permite cruzarlo. Seguiremos caminando hasta la playa de Aguadulce para a continuación llegar al mirador que se asoma sobre la playa de Tufia. Es en esta zona ajardinada done se encuentra nuestro último panel, bajo el título de: "Sitio de interés científico de Tufia (C-30). Playa de Tufia".
Se considera una cala con una longitud aproximada de 40 metros, orientada al sur y al socaire de los vientos predominantes gracias al promontorio rocoso llamado Morro de Tufia (o Península de Tufia). Tiene unos fondos marinos muy interesantes para la práctica del submarinismo.
"Tufia, incluso en su toponimia, rezuma la esencia de lo antiguo. El poblado del guaire aborigen Taufia permanece enhiesto aún, piedra sobre piedra, sin argamasa, coronando una pequeña península acantilada de la que también cuelgan oquedades todavía utilizadas como viviendas. Pronto advierte el caminante que la vista a este interesante conjunto arqueológico se convierte en si misma, en una apasionante aventura cultural". Con estas palabras nos presenta este emblemático lugar el escritor y naturalista teldense José Luis González Ruano en su libro El bosque de Tara (1995).
Debido a la singularidad de Tufia, son varias las figura de protección que convergen, tales como las de Zona de Especial Conservación (ZEC), Sitio de Interes Científico o Zona de Protección de Aves Costeras. Asimismo, la zona arqueológica obtuvo la declaración de Monumento Histórico-Artístico el 5 de julio de 1973, pasando a la categoría de Bien de Interés Cultural (BIC) con la Ley 16/1985, de Patrimonio Histórico.
Para la descripción de los arenales de Tufia nos apoyamos en otro escritor naturalista teldense, Jose Manuel Espiño Meilán, quien en su libro Sendero Ecológico por los arenales de Tufia (1987), nos presenta los arenales como "fósiles hoy casi extintos, se encuentran a unos 30 metros sobre el nivel del mar, debido a la regresión marina originada a causa del último período erosivo de la isla que trajo como consecuencia el levantamiento de la isla. Podemos observar estratificaciones cruzadas, características de los depósitos de arena formados por el viento, en las dunas fósiles que se conservan junto a un almacén de empaquetado de productos de huerta para exportación y un estanque para los cultivos existentes en la zona".


Las fotos presentes en el panel corresponden a la playa de Aguadulce, recuperada tras la demolición de decenas de viviendas ilegales, -es recomendable asomarse a la playa de Aguadulce para constatar el acierto de una recuperación ejemplar del litoral, donde el uso público del espacio ha primado sobre la ocupación anárquica de las infraviviendas -. A continuación observamos una histórica imagen del poblado de Tufia, tal y como era en los años 70 (Foto cortesía de FEDAC del Cabildo de Gran Canaria) y una fota de la playa de Tufia como es ahora. En la comparativa de las mismas se observa la consolidación del poblado, el aumento en altura de muchas de sus viviendas y en suma, la ocupación completa por las mismas del acantilado que bajo ellas, se asomaba al mar. Dichas edificaciones descienden por la ladera hasta ocupar el mismo borde de la marea. ¿Una ocupación urbanística legal sobre suelo aborigen? ¿Se ha respetado la servidumbre de protección del litoral, los veinte metros que se contemplan a partir de la línea de marea alta? Juzguen ustedes y sacan conclusiones.

Si desean tener otras referencias panorámicas, nada como continuar el sendero de costa hasta la playa de Ojos de Garza, pero nosotros lo dejamos aquí pues es el Paseo Costero de Telde el que nos ocupa en este artículo.

Por eso volvemos al Paseo costero con ojo crítico. No todo son parabienes en el mismo. Si acertada puede parecer a primera vista, la decisión de llevarlo a cabo, para ello tengo en cuenta solamente el beneplácito de la ciudadanía y la notable afluencia de viandantes y deportistas, es de justicia reprochar la falta en su día, durante la ejecución del trazado, de técnicos especialistas capaces de alertar sobre la existencia de zonas de alto valor biológico -es el caso del Rincón del Castellano donde se arrasó con una de las poblaciones más importantes de piña de mar -Atractylis preauxiana-, especie botánica en peligro de extinción a pesar de la alerta temprana de botánicos y ecologistas y las reiteradas manifestaciones de estos últimos. También se echó de menos la presencia de un geólogo pues, en el Corral de las Yeguas, El Bufadero y la rasas asociadas a ambos espacios, enclaves de extraordinario valor geológico, cuando la empresa constructora -fiel a la planimetría aprobada- se encontraba delimitando sobre el lugar el trazado del paseo, la presencia providencial de un vecino de la Garita y entrañable amigo, José Luis González Ruano que con loable empecinamiento instó a las autoridades pertinentes para que el trazado no discurriera, -tal y como estaba planificado-, en linea recta sobre el Corral de las Yeguas sino que, mediante un arco, se retranqueara con el objeto de proteger el sustrato basáltico, permitió que se contemplara tal mejora pues el impacto paisajísitco era enorme y el daño irreparable, y modificara el trazado. Aunque se tratara de unos pocos centenares de metros cuadrados, el pasar del trazado rectilíneo al curvilíneo supuso la conservación de la belleza y el conjunto de un paisaje geológico único.

Yo, respetuoso con la obra que observamos, pues no puedo olvidar que el fin que pretendía era acercar a la ciudadanía teldense y demás visitantes un litoral municipal que encierra enormes atractivos, no dejo de reconocer que se pudo ser más ambicioso, tanto en el trazado como en el tratamiento del territorio afectado.

Pero el pasado sólo debe servirnos para aprender, para enmendar errores, para ejecutar acciones capaces de mejorar el estado del patrimonio heredado. Es ahora, en este preciso momento, cuando debemos tener en cuenta qué podemos hacer para mantener o mejorar este Paseo y acuden a nuestras mentes infinidad de acciones. No hay duda alguna de que el Paseo se deteriora a marchas forzadas. No funcionan muchas luminarias, algunas han sido retirados sus despojos y el estado en que se encuentran algunas de las luminarias altas, esconden el peligro de caerse sobre algún tramo del vial o, peor aún sobre los viandantes -de hecho alguna ya ha sido retirada del paseo de Taliarte y alguna zona más-, el firme del suelo está deteriorado pues en varias zonas encontramos arenas sueltas que favorecen el riesgo de caídas, y donde se ha llevado a cabo una reposición del firme, se han utilizado, sin estudio previo de la climatología del lugar y la influencia continua de la maresía, baldosas que añaden un peligro potencial, pues cubiertas por una pátina de humedad, favorecen los riesgos de caídas, sobre todo en personas mayores. Las barandillas de acero inoxidable no tienen mantenimiento alguno, lo que permite el inicio de la oxidación en las zonas de unión de sus soldaduras, así como el peligro real que supone la presencia de algún tramo de baranda roto...

El Paseo, a pesar de todo ello, dispone de un potencial enorme para convertirse en un referente de Paseos costeros, tanto a nivel insular como nacional. Para las mejoras propuestas se necesita ambición y similar capacidad de lucha y firmeza que la utilizada en su día para conseguir que este Paseo sea una realidad.

Aparte de las propuestas de mantenimiento señaladas, propongo una actuación conjunta, vertebrada sobre tres espacios libres, no urbanizables y por consiguiente idóneos para una mejora de la calidad de vida ciudadana, el embellecimiento y ornato del paseo y un impulso definitivo a las medidas que el ayuntamiento debe incorporar si en verdad el cambio climático está realmente en su agenda y tiene pensado aplicar una serie de medidas correctoras en aras a minimizar la contaminación atmosférica y retrasar sus perniciosos efectos.

Propongo convertir tres grandes espacios libres, asociados al Paseo, en tres pulmones verdes. El primero se extiende desde El Corral de las Yeguas hasta la finca Hoya del Pozuelo, delimitada en su cota superior por la urbanización del mismo nombre.
El segundo se trata de toda la franja que se encuentra tras el Paseo y delimitado en su cota superior con la carretera que une Taliarte con Playa del Hombre y cuyo frente corresponde al espacio comprendido entre La Punta del Castellano y la Punta de Taliarte.

En estos dos espacios, tras un Proyecto blando, alejado del cemento, con sendas apenas marcadas y delimitadas por piedras o maderas -ejemplos abundan de este tratamiento, sin ir más lejos el método utilizado para definir senderos en el yacimiento arqueológico de la Restinga-, supervisado por biólogos que asesoren sobre las especies botánicas idóneas para la repoblación, se trataría de reforestar ambos espacios con especies propias del litoral y optimizar los espacios para disponer de zonas de uso ciudadano: parques infantiles, zonas para el disfrute de animales domésticos, áreas de descanso...

El tercer gran espacio se encuentra en la trasera de la playa de Melenara. Es un espacio largamente demandado por los vecinos y la ciudadanía como Parque Urbano y al que, una tras otra, las corporaciones municipales hicieron caso omiso. Convertido actualmente en un amplio aparcamiento, reúne las condiciones necesarias para ser las dos cosas, un enorme parking y sobre él, plaza, jardines, espacios arbolados y espacios para festejos. La proximidad al mar y la baja cota no son condicionantes técnicos que imposibiliten la obra pues ejemplos sobran en nuestra isla, sin ir más lejos, en la capital, donde aparcamientos como San Telmo o infraestructuras como el espacio cultural deportivo y de parking de las Canteras se encuentran bajo el nivel el mar.

Quede aquí la ambición de un ciudadano más en la mejora de su territorio, en su conservación, en un tratamiento del espacio físico más allá de la pura especulación, de la idea consolidada de que la costa es un territorio perfecto para consolidar una urbanización sin límites. Grandes núcleos de población en la costa: La Garita, La Estrella, Playa del Hombre son macroestructuras urbanas sin dotaciones de espacios verdes, de terrenos libres para forestar, para romper la pobreza urbana de unos espacios sin parques, sin aves, sin referentes vitales esenciales más allá de la presencia del mar.

Se trata de dirigir el futuro hacia nuevas tendencias más biosaludables, más verdes, más armónicas, algo que no se consigue con más hormigón colapsando el espacio físico y saturando la capacidad de carga de las playas municipales.

La reflexión queda ahí, el futuro depende de todos nosotros.
Espiño Meilán, José Manuel
Espiño Meilán, José Manuel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


PUBLICIDAD
ACTUALIDAD GALICIADIGITAL
Blog de GaliciaDigital
PROMOCIÓN
PUBLICACIONES
Publicaciones
Publicaciones Amencer
Revista Egap
Obradoiro de Artesania