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Nuestro barroco

lunes, 31 de octubre de 2022
Quedan para el recuerdo esos hermosos días con los que hemos celebrado a San Froilán. Atrás quedaron las prisas, los nervios y las improvisaciones. Todo resultó bien y, como canta la pandeirada, "o bailador da muiñeira portouse con gallardía".

He tenido amigos que vinieron a ver y a disfrutar de la fiesta. Me gusta recibir amigos que visitan la ciudad y a los que llevo de paseo, siempre sosegado, comentando los aciertos urbanísticos y los desastres perpetrados.

Me gusta pasear disfrutando de nuestros lugares exclusivos (la muralla es uno de ellos), y haciendo ver cómo Lugo posee singularidades que la diferencian de otras Nuestro barrocociudades gallegas. Ni mejor, ni peor, pero sí única, con detalles muy indicativos a lo largo de su historia.

Es lógico pensar que nuestra muralla confiere a Lugo una singularidad única en el mundo. Nadie lo discute y conviene que lo reconozcamos, lo valoremos y lo cuidemos. Me resulta extraño lo poco que está promocionada dentro de nuestra misma ciudad. Son escasas las indicaciones que informan de la existencia de accesos al adarve. Incluso hay visitantes que desconocen la posibilidad de pasear por él. Existe un ascensor para facilitar la subida a personas con movilidad reducida. Mi asombro es que muy pocos lucenses conocen su ubicación y menos aún los que lo han utilizado, siquiera por probarlo. Recomiendo hacerlo para orientar a terceros cuando llegue la ocasión, que llegará.

Hay quien me dice que la muralla nos ha configurado una manera de ser, yo nunca me lo he planteado, pero sí veo que tenemos un estilo muy nuestro en eso de construir y adornar. Donde mejor lo veo es al contemplar con detenimiento los edificios barrocos que tenemos, que no son pocos.

Contamos con construcciones religiosas barrocas dignas de enorgullecernos, como son la capilla de la Virgen de los Ojos Grandes, la sacristía de la Catedral, su Claustro, el edificio del Concello y la fachada de la iglesia de San Froilán. También tenemos otros edificios civiles, que no mencionaré por temor a olvidar alguno. Pero todos ellos muy de estilo compostelano. No tengo nada en contra de este estilo, faltaría más, aunque me gusta mucho otro barroco, más sencillo, sin tantos recursos presupuestarios, pero con el que, también, se pretendió plasmar rasgos de belleza en nuestras fachadas sin mayor objetivo que el de singularizarlas de manera eficaz.

Hoy podemos ver estos edificios barrocos lucenses, casi de manera exclusiva, en la rúa do Miño y en su Rinconada. Quiero creer que a una época de desarrollo urbanístico en la que se construyeron muchas casas con singularidades palaciegas, sucedió un rápido período de decadencia social de la zona, de modo que, al poco, no compensó ni modificar ni construir en ella. Allí quedaron estas edificaciones hasta ahora, cuando las vemos de otro modo. Sabemos captar la belleza que guardan y comprender todo cuanto nos dicen acerca del modo de construir de aquella época.

En cuanto a vanos, las fachadas son muy irregulares, pues balcones y ventanas no guardan simetría ninguna. Antes de construir la casa, generalmente familiar, se definían las necesidades (un dormitorio aquí, una sala ahí, el recibidor a la derecha...) y, una vez decididos todos esos destinos, se construía el edificio para darles cobijo. Las irregularidades en la distribución de los vanos en las fachadas se explican de ese modo.

Con el sol como fuente de luz. En todas las construcciones siempre se tuvo muy en cuenta al sol. También en nuestro barroco. Fueron los vanos, las puertas y las ventanas, los que jugaron con esa bendición. El sistema utilizado, el de siempre: los juegos de luces y sombras, o las sombras que se deslizan por las fachadas a lo largo del día. En algunas casas de la calle del Miño, podemos ver festones acanalados esculpidos en el granito a lo largo de puertas y ventanas. Suben por las jambas, se deslizan por los dinteles, pero, en los encuentros de verticales y horizontales, definen hermosos dibujos geométricos. Esta estructura ornamental es peculiar de nuestro barroco lucense.

Recomiendo conocerla y presumir de ella cuando se enseña la ciudad a los amigos.

Tenemos una hermosa ciudad y es un placer enseñarla.
Valadé del Río, Emilio
Valadé del Río, Emilio


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