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Plebeyización, pipolización, marujismo de la monarquía

lunes, 03 de noviembre de 2008
He defendido pacíficamente (incluso en la clandestinidad y arriesgando algo mas que las orelliñas frente a la dictadura franquista) las libertades, la soberanía democrática para España (y otros países como, por ejemplo, Cuba comunista, Corea del Norte comunista, China comunista, Laos comunista, Vietnam comunista, Myanmar-Birmania socialista, Marruecos, Túnez, Libia, Siria, Arabia, Irán, etc.: ¿Para que servirán Naciones Unidas y otros organismos que se dicen defensores de los derechos humanos y democráticos?), la soberanía democrática y constitucional del pueblo español, la soberanía de la nación española integrada por los españoles iguales ante la ley en todas las partes de España, la soberanía democrática española de juego limpio, con seguridad, garantías y principios.

Al mismo tiempo, creo que la monarquía constitucional, la monarquía parlamentaria, como sucede en alguno de los países democráticos mas avanzados y desarrollados del mundo, puede tener un muy importante papel unificador, integrador, moderador, representativo y promotor (no solo en el discurso, en las proclamaciones) de grandes, justos y nobles valores. Y máxime en países como España y a la luz de cual ha sido su conflictiva y sangrienta historia contemporánea.

No obstante, como ciudadano español exijo, con las debidas garantías y controles democráticos que eviten la irresponsabilidad, la arbitrariedad de los poderes públicos; exijo una monarquía constitucional, parlamentaria, una dinastía histórica Real de la mayor honradez, responsabilidad, profesionalidad y competencia, del mayor rigor y nivel; una monarquía española que sirva de símbolo de la unidad y permanencia de España, de arbitro y moderadora del funcionamiento de las instituciones de la nación española, y como alta representación de España (articulo 46 de la constitución española); una monarquía parlamentaria española que, en todo momento, lugar y circunstancia, sirva de ejemplo, de saber ser, estar, decir (callar) y hacer, como un muy importante, noble y valioso referente, como encarnadora, socializadora, institucionalizadora, promotora y divulgadora de grandes valores, de grandes principios (Capital Social Referencial).

Si todo esto que acabo de decir hay que buscarlo por medio de la Plebeyización de la monarquía, como acaba de señalar, en mi modesta opinión, de forma muy irresponsable e imprudente la Reina de España (la mas profesional según el Jefe de Estado y Rey de España) en una aciaga entrevista (¡que inmensa decepción!) publicada por la revista XLSemanal (26-10-08, pags. 26-32) y donde la Realeza no sale nada bien parada en comparación con los plebeyos, la monarquía deja de tener sentido, significado y vigencia, pues, a los plebeyos ya los elige democráticamente el pueblo, los ciudadanos y creo que estos deben de tratar que los elegidos sean los mejores, es decir, los mas honrados, responsables, trabajadores, competentes, creativos y profundamente humanos, que contribuyan al enriquecimiento no solo socioeconómico, democrático y medioambiental, sino humano y espiritual a escala local, nacional e internacional-global.

François-René de Chateaubriand, vizconde de Chateaubriand, esta gran personalidad en su monumental obra Memorias de Ultratumba, este clásico fundamental es muy claro cuando dice que la monarquía debe de defender y aplicar la moral del deber frente a la moral de los intereses, del todo vale, del confort, de la claudicación, frente a la rebaja de los grandes principios, de los grandes valores, frente a la tiranía de la mediocridad, del igualitarismo, del oportunismo, del relativismo (Political y Moral Self Service), de que cada uno haga lo que le dé la gana, de los placeres, etc...

Terminemos con una cita muy pertinente de San Isidoro de Sevilla en Etimologías: Recte ígitur faciendo nomen regis tenetur, peccando amittitur. Unde et apud véteres tale erat proverbium: rex eris si recte facies, si non facias, non eris - El Rey al obrar de modo recto conserva su título, y lo pierde pecando. De ahí el proverbio de los antiguos: serás Rey si obras rectamente; sino, no lo serás.
Cancio, Miguel
Cancio, Miguel


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