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El escudo de Ortigueira (1)

miércoles, 03 de agosto de 2022
El escudo de Ortigueira: emblema de muchos municipios españoles

El escudo de Ortigueira es un blasón muy antiguo y, desde tiempos muy lejanos, símbolo de algunas de las casas más importantes de Ortigueira y de otros lugares muy alejados de la bella y verde Galicia.

Los tres peñascos que se elevan sobre el mar en el vértice del cabo Ortegal y sobre los que se alzan tres ortigas de siete hojas en el escudo ortegano aparecen también como armas de varias casas con raíces profundas en Ortigueira. Así, los podemos ver en las divisas de los Fajardo, pero también de los Vivero, Gallego, Ortega, Lugo o Monterroso.

Todos estos linajes son descendientes del conde don Rodrigo, segundo conde de Santa Marta de Ortigueira y de Monterroso, al que algunos llaman Pedro Romaes, y que fue hijo del conde don Ramón Romaes y nieto del rey don Fruela I de León.

El fundador de la estirpe ortegana se casó con la infanta inglesa doña Milia. Ambos cónyuges residieron en Santa Marta de Ortigueira hasta su muerte, momento en el que sus restos fueron enterrados en la antigua iglesia parroquial de la villa, en el lugar del Ponto. Uno de sus descendientes, Pedro Yáñez Gallego, será el heredero del Señorío de Santa Marta de Ortigueira, y también el que adopte el sobrenombre de Fajardo o Faxardo como apellido propio de él y sus sucesores.

Pedro Yáñez se había granjeado este apelativo tras combatir y derrotar a un guerrero moro en una lucha cuerpo a cuerpo, a la que los árabes denominaban como fajar (pronunciado fajiardo). Para algunos historiadores, el término deriva de faxchard, por lo que lo traducen por "cerro fuerte", aunque para otros, el apelativo se lo pusieron los propios moros al ver en él un caballero resolutivo y valiente. Pero sea cual sea la procedencia del apelativo, el simple hecho de que Pedro Yáñez se lo hubiera apropiado da a entender que, para él, este suponía todo un renacimiento social ante propios y extraños. Algo que podríamos equiparar al apelativo que los árabes le dieron a Rodrigo Díaz de Vivar cuando le distinguieron con el nombre de Cid (Señor, en árabe), y con el que destacaban su personalidad de líder, y así quedó recogido por el juglar que versificó el Cantar de Mio Cid, dejando escrito: "Dios, qué buen vasallo si oviesse buen señor".

Pero no fueron estos primeros nobles orteganos los únicos que sobresalieron dentro de su linaje. También lo hicieron muchos de sus sucesores, al convertirse durante la Reconquista en verdaderos adalides de las tropas de apoyo de reyes en su lucha contra las huestes moras. Su colaboración les valdrá a muchos de ellos no solo la consecución de propiedades y cargos, sino también de títulos de nobleza sobre tierras distantes de sus primitivos feudos. Todos estos beneficios les reportarán una gran notoriedad entre las familias nobles de su tiempo, además de ofrecerles la posibilidad de emparejarse con ellas, convirtiéndose así en verdaderas personalidades del nuevo reino cristiano.

Así vemos, por ejemplo, cómo, tras la conquista del reino de Murcia, los Fajardo consiguieron unirse a los Vélez para conformar uno de los clanes más poderosos del reino cristiano de la región de Murcia. Y no es que lo digamos nosotros en un alarde de chauvinismo romántico, sino que este hecho quedó escrito en piedra y dibujado en bastantes estandartes de muchos lugares del Levante, Andalucía y Castilla, a los que nos vamos a referir.

El primer lugar que citaremos será la propia capital murciana, en donde el escudo de Ortigueira se encuentra más presente en un solo sitio que en todo el ayuntamiento gallego. Y este no es un lugar cualquiera, sino uno de los más importantes de la ciudad del Segura: su catedral. Allí podemos encontrar el escudo ortegano tanto dentro como fuera de su magnífico edificio. Por su parte exterior, este se encuentra colocado sobre una cadena de piedra, mientras que, en su interior, se halla tanto dentro y fuera de la Capilla de los Vélez. Todas estas tallas heráldicas poseen un gran valor histórico, pero también conservan ciertas interpretaciones legendarias, como comprobaremos.

La construcción de la Capilla de los Vélez se inició en 1490 de la mano de Juan Chacón de Alvarnáez. Este noble toledano y adelantado mayor del Reino de Murcia estaba casado con Luisa Fajardo y Manrique, la hija de Pedro Yáñez Fajardo y Quesada y Leonor Manrique y Figueroa, quien, posteriormente, pasaría a ser la heredera de la Casa de los Vélez y del Señorío de Cartagena, así como de varias villas importantes de la región murciana (Murcia, Librilla, Molina de Segura y Puebla), y de los lugares de Alumbres y Fortuna. Toda esta hacienda convertirá a su heredero en el primer marqués de los Vélez.

Volviendo al tema de la edificación de la capilla, hay que señalar que el solar elegido para levantarla fue el mismo que anteriormente estaba ocupado por el oratorio de su suegro, esto es, justo al lado de la catedral, por lo que fue necesario derruirlo. Sin embargo, su promotora no pudo concluir la obra, ya que falleció en 1503, y esta no se concluyó hasta 1507, como así figura en una inscripción tallada en letras góticas y en la que se revela: "Esta obra mandó fazer el mui magnífico señor don Juan Chacón, adelantado de Murcia, señor de Cartagena, acavóla su hijo Pedro Fajardo, marqués de Vélez, adelantado de Murcia, año mil e quinientos siete a quince de octubre". Es decir, su construcción tardó 27 años en finalizarse, debido al pleito que la familia Fajardo entabló con las autoridades murcianas. Un litigio que se sustentó en el argumento de que con la erección de la capilla se estrecharía la calle, dificultando el paso de las personas y la circulación de vehículos. A ello se le unía también el hecho de que la Iglesia tampoco quería que esta quedase anexionada a la catedral. Los Fajardo, por su parte, opinaban que si la capilla familiar había estado en el mismo el solar era por que formaba parte de la catedral. Finalmente, el proceso se decantó del lado de los nobles, quienes, para que su parecer no obrase únicamente en los papeles de la justicia, decidieron trazar en la parte exterior de su capilla una cadena, con la que quisieron representar que esta sería parte inseparable del templo, formando así parte esencial de él.

Pese a todos estos argumentos, para algunos, la cadena responde a otro tipo de hechos. Según estos, alrededor del año 1500, hizo su aparición en la ciudad de Murcia un mendigo que decía ser escultor y que pronosticaba que sería capaz de crear una cadena de piedra en el exterior de la capilla por la que solo le cobraría al marqués su hospedaje y manutención. Juan Chacón aceptó su oferta, a la vez que le advertía de que, si no quedaba satisfecho con su trabajo, lo condenaría a la horca. Ante tal amenaza, el artista le preguntó con qué le compensaría si, por el contrario, le agradaba. A esto, el marqués le contestó que entonces podría conservar su vida. Como decimos, los trabajos concluyeron en el mes de octubre, pero esta no fue exhibida al público hasta momento elegido por Pedro Fajardo y Chacón: la Nochevieja de 1507. A su exposición acudieron tanto él como el obispo y sus respectivos séquitos, que quedaron gratamente impresionados por la ejecución de la cadena, de la que alabaron su perfección, a la vez que felicitaron a su artífice, al que bautizaron popularmente como El Cadenero.

Una vez que el artista-mendigo dio por concluida su estancia en Murcia, le comunicó su marcha a su mentor, algo que este no vio con buenos ojos, al considerar que podría realizar otras obras de igual o mayor belleza en otros lugares, restándole así valor a la suya. Su reflexión le llevó a tomar la decisión de encerrarlo en una celda, después, arrancarle los ojos y cortarle ambas manos. Como se puede comprender, el relato tiene poco fundamento, pero como pasa con la batalla de Clavijo, aunque esté demostrado que nunca se produjo, mucha gente cree en ella para mantener la fantasía de un Santiago redentor de cristianos, y convertirlo en el patrón y defensor de España y de los españoles. De la credulidad se nutren las leyendas.

Volviendo al tema de los escudos, hay que añadir que, sobre la famosa cadena catedralicia, se encuentran cinceladas las enseñas de los Fajardo. Pero una vez que accedemos a su interior y nos acercamos a la Capilla de los Vélez, nos encontramos con hasta veintinueve escudos de Ortigueira labrados tanto en sus paredes interiores como exteriores. Un hecho que parece querer certificarle al observador que esta es una propiedad firme e inapelable de la familia Fajardo.

El director del Museo de la Catedral de Murcia, Francisco Alegría, hizo referencia a esta profusión decorativa, advirtiendo en ella "un auténtico horror vacui, en el que no se encuentra ni un solo lugar vacío que no haya sido llenado".

Dejando atrás la ciudad de Murcia y su emblemática catedral, aún podemos encontrar en el Levante español bastantes lugares en donde volveremos a descubrir el escudo ortegano. Y no nos estamos refiriendo únicamente a dos de los ayuntamientos de Almería de los que muchos gallegos conocen que comparten sus señas de identidad con Ortigueira, como son Vélez Blanco o Vélez Rubio, puesto que también los veremos en los de Cuevas del Almanzora, Albox, Albánchez, Cantoria y Zurgena, todos ellos, igualmente, en la provincia de Almería. Y si aún no tuviéramos colmada nuestra pasión representativa, aún localizaremos el escudo gallego en la bandera de su diputación provincial.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


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