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Fracking

lunes, 04 de julio de 2022
Andaba Pedro azorado tras verle las orejas al lobo en Andalucía -no le llegaba ya con la cuenta del gas, el gasoil y la gasolina-, cuando recordó la estrategia del maestro de las finanzas Zp, borrándose de un plumazo el oprobio de tener que explicar el cuento de la lechera de los peajes, los cargos, el impuesto especial de hidrocarburos y el IVA, y todo lo que tiene que ver con el precio del combustible,

Porque aun siendo bien cierto que el país no produce petróleo ni gas, oscilando al vaivén y la especulación de los mercados mundiales, que no el nacional, lo cierto es que el coste final para el consumidor es el fruto de una retahíla de gravámenes e impuestos en cascada. Sin ánimo de cabrear al respetable, el precio al por mayor del litro de gasolina es del 31% del precio final, y el de gasoil, del 34%, es decir, que de los 2,134€ que cuesta la Súper 95 y los los 2,290€ de la 98, el litro de 95 cuesta 66 céntimos y 71 céntimos la de 98. El gasoil de automoción cuesta en origen 75 céntimos.

Ya, a nadie le están saliendo las cuentas. Es que al precio al por mayor se le suma el Impuesto Especial de Hidrocarburos, aproximadamente el 0,4%, a lo que se suma el 18% de márgenes de distribución, el 2% de las gasolineras y el 21% de IVA. Esto explica porqué en cuanto el Ejecutivo anunció la subvención con 20 céntimos/litro de gasolina, ni pestañeó cuando las productoras subieron el precio final porque, a fin de cuentas, cuanto más pague el parroquiano más se recauda, un balance de trasmano, que el Gobierno cree de poder aplicar sin mayores consecuencias.

Por un momento a Perico se le pasó por la cabeza aquella reserva de gas que atesora el subsuelo español y que abastecería al país durante los próximos 70 años. Sí, España tiene gas, sólo que habría que extraerlo por fracking, un anglicismo que en realidad esconde un brutal método conocido en castellano como fracturación hidráulica, consistente en inyectar agua a presión para hacer aflorar el gas, o el petróleo a costa de contaminar las aguas subterráneas y provocar terremotos. En EEUU es legal, en Europa no. En España se prohibió el frenar en seco a Rajoy, cuando la posición se inclinó en capitalizar el voto conservacionista. De modo que ahora ajo y agua.

Pero que nadie desespere que apareció la solución. Lo mismo para contener los precios que para fomentar el clientelismo con dádivas que raspen el apoyo popular en previsión de la debacle en la próxima convocatoria a la Moncloa. A caballo de la perífrasis y el oxímoron, el Gobierno planea un lavado de cara regalando a costa del erario Público una limosna que al final pocos van a recibir. Así, promete 300€ que a efectos prácticos no va a cobrar casi nadie porque, igual que en su momento con los 400€ de Zp, o con el Salario Mínimo Vital -que apenas remienda las ayudas de ayuntamientos, diputaciones y Comunidades Autónomas-, acceder a ese extra es una yincana.

No obstante aquí entra en juego el Diablo sobre ruedas, y no precisamente el de Steven Spielberg. Echenique para variar propuso cargar más impuestos a las energéticas, obvio en él que es químico y no tiene ni idea de empresa, aunque incomprensiblemente aceptada por Sánchez, teóricamente doctor en economía. Porque Echenique parte de un error muy extendido entre sus afines, como Yolanda Díaz, de pensar que las empresas son ricas, algo absolutamente alejado de la realidad: las empresas no son ricas sino que generan riqueza, aunque para ello deben contar con beneficios ya que, si producir no los aporta, la industria desaparece y con ella su verdadera riqueza que es crear y mantener empleos.

El problema del Ejecutivo y sus socios es ver en la industria -y el Tesoro Público-, una ubre inacabable que mana leche y miel. La realidad es que si se grava más aún a las energéticas sólo se conseguirá subir los precios, cerrar empresas, destruir puestos de trabajo y empobrecer al país. Pero, dado que tampoco se puede usar la mala baba de Echenique para el fracking, ya están tardando todos en poner cada uno 1€ para atiborrarlo de fabada y ponerlo a producir gas.
Mosquera Paans, Miguel
Mosquera Paans, Miguel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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