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Desidia, indolencia, pasotismo...

lunes, 04 de julio de 2022
Al sociólogo Xoquín Pérez-Sindín Fernández,
hijo de mi gran amigo Alejandro.


Nuestra Literatura, sobre todo la gallega, está preñada de tantas leyendas y mitos, cada cual más bonito y absurdo a la vez, que resultan ser productos de mentes tan calenturientas como cómodas que, creyendo contribuir a ensalzar nuestro pasado histórico, lo único que han logrado es crear una falsa, pero próspera y lucrativa industria, basada en falacias. Ni Santiago está enterrado en Compostela, ni guerreó en las Navas de Tolosa, ni Breogán construyó la Torre de Hércules ni tampoco conquistó Irlanda. La Historia, basada en la ciencia, lo desmiente.

Pero los escritores románticos gallegos del siglo XIX quisieron dotar a Galicia de una base identitaria y trataron de convencernos de nuestro origen celta y que nuestros antepasados eran unos valientes y belicosos guerreros que metían miedo. La realidad es, a mi entender, que si bien parecen ciertas algunas afirmaciones como que los celtas eran brutos, gustaban de los placeres de la comida, la fiesta y la música, y que compartían la hermandad con Irlanda y otras muchas afinidades; lo cierto es también que quizá no fuesen muy inteligentes, dado que fueron expulsados de allí donde trataron de asentarse, hasta acabar en el Finisterre. Si a esto añadimos que eran fácilmente manipulados por los romanos y sobre todo que sus hazañas no dejan de ser leyendas, afirmaciones tan exclusivas de nuestro origen celta olvida, por ejemplo, que en nuestro ADN hay un 12% de genes procedentes del Norte de África, las huellas íberas, la germanización, la presencia de los suevos... En fin, que Galicia parece ser más una amalgama de pueblos que tienen en "las tierras de montañas", su morada.

Cierto es también que somos muy dados a creer en druidas y otros magos. La historia está llena de augures vividores de la ignorancia. La experiencia demuestra que vida es un camino donde las pócimas son el pan de los golfos. Y hasta los hay que nos venden fe que dicen mueve montañas. A esos los enviaba yo a Piedrafita para arreglar los puentes. La vida es un mar de ingenuidad, pero más real y desgraciadamente más trágico.

El premio Nobel García Márquez escribió excelentemente el realismo mágico, pero en la pretenciosa Tierra de los celtas, es decir en Galicia, alguien debiera escribir sobre el realismo trágico. Porque si desmontamos los mitos de la Historia en realidad los celtas acabaron aquí porque fueron expulsados de todos los sitios y Galicia es el Finisterre. Y la prueba que lo demuestra es que la recolección del marisco nos convierte casi en anfibios.

Viene a colación este preámbulo histórico porque uno se va hartando de mitos, leyendas y boberías al uso para entretener al personal y que dan mucho juego a escritores poco comprometidos con la realidad.

Y la realidad que yo constato es que vivimos en un mundo de zombis, en una atmósfera de indolencia, pasotismo y, en definitiva, en un derrotismo vital, que precisa ser cambiado. A mi me llama la atención ver a la gente que no se inmuta por nada que afecte a sus semejantes (egoísmo e individualismo a ultranza), nada los mueve a no ser que les quites los churros, su taberna o su siesta. Si acaso que toques su pensión o su "modus vivendi".

Nuestra vida no puede ser tan miserable que no sintamos nada por lo que nos rodea; que no nos afecte el cambio climático; no podemos ser tan necios que demos crédito a negacionistas del covid. Yo también defiendo los derechos de los gilipollas, pero procuro evitarlos. Sabía que hay muchos tontos, pero no creía que tantos. Me resulta inconcebible que haya individuos que no vean el peligro real de una Tercera Guerra Mundial; que no se enteren todavía del peligro que supone para la Humanidad estar en manos de unos gobernantes como los de algunos países; que nieguen la hambruna que se avecina y que puedan pensar que ellos están a salvo. Me enerva pensar: ¡Qué miserables somos cuando somos incapaces de compartir la solidaridad con millones de desnutridos por el mundo! ¿Dónde van nuestros principios? ¿donde están los resultados de nuestra lucha por una sociedad más justa solidaria?. No puedo entender que no nos inmutemos ante cualquier desgracia y la aceptemos con ese fatalismo tan nefasto como falso. Esos no son los celtas que nos dicen los cuentistas. La realidad nos dice que nunca existió Merlín y los druidas eran los "influencers" (influyentes le llamo yo) de aquella época.

Lo que sí parece herencia celta es que llevamos en el ADN la emigración y criamos a los hijos pensando en que se irán de nuestro lado sin pensar jamás en que hay que cambiar esa dinámica; que seguimos también siendo ingenuos y creemos que estos políticos nos van a construir una carretera decente para ir al hospital… Existen muchas cosas por las que luchar y no podemos decaer porque otros siembren el desánimo. La vida sin lucha nos convierte en seres inertes. No podemos soportar por más tiempo un mundo de zombis en el que vive mucha gente. Hay muchos retos, y cada cual sabe lo que puede aportar, quizás no sea mucho, pero ayuda al compañero. Y si de la crítica destructiva hacemos colaboración cívica, aportamos mucho más.

Hay que luchar por los pueblos y no dejarlos languidecer entre inútiles lágrimas. No, no es exclusivo el declive en nuestro pueblo, lo es en muchos, pero hay que revertir la dinámica. Las grandes urbes son cada día más grandes y más inhóspitas y es preciso mayor uniformidad en el desarrollo. La gente debe ser consciente de la desigualdad social razón de todos los conflictos. Los pueblos y su gentes tienen que revivir y volver a sonreír con su fortaleza y pujanza. ¡Basta ya de desánimo! Hay que romper la coraza del dinero y el estatus- estúpido pedestal en que se mueve la sociedad- y colaborar con el vecino con fuerza y valentía en aquellas tareas que se nos demanden o que creamos necesarias.

Observe el lector su entorno ¿es mentira lo que digo? ¿vamos a permitir más abandonos, más situaciones injustas, vamos a seguir sin movilizarnos cada vez que se nos demande nuestra colaboración para, por ejemplo, exigir un médico? ¿vamos a permitir que se desmantele nuestra industria sin pensar en la responsabilidad social de las empresas? ¿vamos esperar a que lo hagan otros? ¿dónde está la solidaridad con los demás que tanto demandamos cuando nos afecta a nosotros? ¿Por qué no dejamos de mirar siglas, estereotipos y nos dejamos de poner pegas para realizar tareas por el bien público?

Vivimos, repito, con desánimo, con desconfianza, como auténticos zombis; como si hubiésemos salido derrotados de una guerra a la que no fuimos; como si el mundo nos fuese hostil y nuestros compañeros y amigos un grupo de falsos. Cada cual sabrá el daño que le hace su ego, su dinero, su distanciamiento de los otros... Sería bueno cansarnos de verdad en cambiar nuestro entorno para así expandir la idea, quizás en el futuro habría más sonrisas.

P.D.: Alguien que leyó esto me dijo que, en realidad, yo tenía fe. Si, sé que solo puedo poco, pero siembro las ideas y no sé como será la cosecha. Nunca perdemos la ingenuidad del todo, pero ya sé que me siguen esquilmando druidas y sigo tomando sus pócimas para sobrevivir. Contradicciones humanas.
Timiraos, Ricardo
Timiraos, Ricardo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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