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Hoc hic misterium fidei

jueves, 16 de junio de 2022
Me gusta la fiesta del Corpus. Desde niño me asombraron los rituales de su procesión y la solemnidad con la que se desenvolvía.

Luego, procuré enterarme del porqué de los símbolos que acompañaban la procesión. Desde el conopeo y el tintinábulo hasta el palio, todo tiene su significado cargado de siglos. El palio, por ejemplo, como símbolo cuenta con 70 siglos de antigüedad.

También me enteré del significado de esta procesión, de su porqué y su para qué. La procesión del día de Corpus es una manifestación pública de fe que, saliendo de la catedral, recorre diferentes calles de la localidad para retornar al templo del que salió.

Su origen podemos datarlo en la época de la Contrarreforma, cuando la herejía protestante hacía estragos entre la cristiandad y convino organizar un acto público de fe, que es la actual Procesión de Corpus.

Salía de las catedrales, situadas en los centros de las ciudades, habitado por católicos "de toda la vida". Donde había peligro de herejía era en las zonas periféricas ciudadanas, lugares de acogida de gentes procedentes de fuera, de orígenes dudosos. Éstos, los recién llegados a las ciudades, aprovechaban estas procesiones para, a cara descubierta, hacer profesión de fe. La Inquisición vigilaba y por eso, desde los barrios acudían los miembros de gremios a figurar en la procesión de modo oficial y ser catalogados como cristianos de ley. En Lugo fueron cuatro los gremios que se integraron en la procesión.

También, cómo no, figuraron en ella los grupos marginales que sin saber la causa, siempre estuvieron mal vistos por la sociedad biempensante del centro de las ciudades. Estudiantes, jornaleros, gitanos y más grupos también fueron habituales en la procesión.

Y judíos. Hace tiempo comprobé que las ciudades con grandiosas procesiones de Corpus son aquellas que tuvieron pujantes colonias judías. Miremos donde miremos en nuestra geografía nos encontraremos con que hay coincidencia entre estos dos datos. Quiero creer que existía miedo entre los judíos conversos a despertar sospechas ante los inquisidores y no desaprovechaban la oportunidad de hacer pública manifestación de su fe católica. Que yo sepa, en Lugo no hubo colonia judía pujante, pero tal vez el factor decisivo de una solemne festividad de Corpus fuese su privilegio eucarístico, que se refleja en su escudo.

Hoy, la procesión de Corpus en Lugo con su solemnidad y sus símbolos, es un triste recuerdo de lo que fue. En una época, ésta que vivimos, en la que se intenta revitalizar antiguas costumbres, en nuestra ciudad se ha dejado morir una tradición secular sin motivos aparentes. Todos han contribuido a destrozarla poco a poco. Desde los organizadores, la Catedral, que no tuvo inconveniente en despojarla de símbolos, hasta los grupos que asistían de modo institucional. No digamos el Concello, cuya presencia en ella parece significar un castigo para sus miembros asistentes.

En esta reflexión incluyo los actos propios de la Infraoctava, cuando una de las ciudades del Antiguo Reino de Galicia presenta su ofrenda al Santísimos Sacramento. Cada año le corresponde hacerlo a una ciudad, y ese día vienen grupos ciudadanos, con su Concello al frente a presentar la ofrenda. Con tal motivo en Lugo hay actos festivos que, la verdad, pasan muy desapercibidos. No entiendo que un acto que protagoniza el Reino de Galicia como tal vaya camino del olvido a pesar de contar también con siglos de antigüedad.

Dejando de lado su significado religioso, no podemos menospreciar su valor patrimonial para todos. Para muchos, lo patrimonial debe ser tangible, no lo discuto. Pero muchas actividades inmateriales también forman parte de nuestro patrimonio. Son costumbres, modos de hacer las cosas, ritos del calendario y otros tantos detalles que jalonan nuestro tiempo. A alguien se le ocurrirá decir que la Cabalgata de Reyas no es un valor patrimonial nuestro? ¿O las celebraciones de Antroido? ¿Dejamos de lado las hogueras de San Juan? Las considero patrimoniales, pues conforman nuestro modo de ser donde se funden historia y tradición.

Eso, precisamente eso es lo que me duele al ver en lo que ha quedado reducida nuestra procesión del Corpus. En una triste celebración que, si no se celebra, nadie añorará. Así destrozamos patrimonio de manera impune.
Valadé del Río, Emilio
Valadé del Río, Emilio


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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