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¿Por qué el PP lleva desde el siglo pasado sin gobernar en Lugo? (y lo que te rondaré, morena)

miércoles, 25 de mayo de 2022
Ayer, en un comentario de Facebook en que se hablaba de lo mal que hace las cosas el Gobierno Local de Lugo escribí lo siguiente: Cuanto peor es la gestión del gobierno local (que lo es) más en entredicho queda una oposición que no ha sabido o no ha podido transmitir un mensaje ilusionante de alternativa. En Lugo llevamos gobernados por socialistas en todas sus opciones (en minoría, en mayoría, en coalición...) desde el siglo pasado y el PP no ha logrado la mayoría necesaria para gobernar.

Que "el sistema no es justo" o que "se juntan los perdedores" son verdades, pero también excusas que nos han traído a donde estamos... Y todo apunta a que estaremos así al menos cuatro añitos más, visto lo visto.

La reacción de un concejal del PP ante esos párrafos fue enviarme un mensaje que, aunque les cueste creerlo, fue literalmente el siguiente: "Sé que estás encantado con la idea de que el PP no gobierne Lugo, pero no sé si es imprescindible que lo muestres tan a las claras". Ya ven lo que es la vida. No hay partido que no piense que estoy contra ellos. Eso sí, los demás no se creen con derecho a llamarme al orden por decir lo que pienso (o lo que ellos creen que pienso, que no es lo mismo). Supongo que son las secuelas del rollo caciquil.

Pero el tema me parece interesante. ¿Por qué el PP lleva desde el siglo pasado sin gobernar en Lugo, una ciudad en que arrasa en todas las elecciones salvo las municipales? El problema no parecen ser las siglas ni la ideología, así que sólo nos quedan los responsables locales. Se ve que en algo no aciertan.

Aunque quede feo me voy a poner yo mismo de ejemplo. El haber militado en el PP durante mucho tiempo, a pesar de que hace ya una década de mi baja, podría explicar que se me asocie habitualmente con esas siglas, si bien me han "acusado" de ser un forofo defensor de la Alcaldesa (sí, en serio, el hecho de que me caiga tan bien parece que confunde a algunos que sólo ven la política como una cuestión de enemistades), de UPyD, Ciudadanos, PSOE, VOX, Podemos e incluso del BNG a pesar de haber sido crítico con todos y cada uno de ellos en diversas ocasiones. Les diré que ideológicamente el encaje en el PP o Ciudadanos (al menos el de antes, hoy sólo siento simpatía y respeto por el trabajo de Olga Louzao) es bastante correcto, ya que no soy precisamente de izquierdas ni mucho menos nacionalista. Sin embargo, las formas y maneras del PP en Lugo me alejaron cada vez más de esas siglas, y el señor Bárcenas y demás podredumbres dieron la puntilla a un hartazgo que no me dejó alternativa. Tras todos estos años la sensación es bastante similar.

A día de hoy, ¿me ilusiona que el PP gobierne en Lugo? Pues la respuesta es que no, a pesar de que personalmente me caen bien casi todos (no todos). ¿Estoy "encantado" con la idea de que el PP no gobierne en Lugo? Pues tampoco, porque implicaría que se reedite un bipartito con el que no comulgo prácticamente en nada a pesar de que personalmente me caen bien casi todos (no todos).

Por lo tanto soy uno de esos votantes que podría coger la papeleta del PP pero con una pinza en la nariz, y estoy harto de tener que elegir el mal menor. Si eso pasa con una persona de su arco ideológico, imaginen lo que pensará el votante medio, que es el que decide las elecciones.

El PP no debería conformarse con ser la opción menos mala, como lo lleva siendo, en mi opinión, desde el 2011. Ni Jaime Castiñeira, ni Ramón Carballo lograron despertar ilusión en el votante, y ahí es donde creo que no acaban de entender de qué va esto.

La estrategia de los populares es la del cansancio y el "los otros son aún peores". Dan por sentado que si el Gobierno es suficientemente penoso algún día ganarán por hartazgo de los electores y no hay política más triste que esa.

No siempre fue así. En el año 2003 la campaña de Manuela López Besteiro fue preciosa, con proyectos, debates, participación, ideas, preguntas y respuestas, pero no hubo nada que hacer contra un Orozco que estaba en su mejor momento y aún vendía humo a granel, avalado por las circunstancias de un PP en bajada por el tema de Irak. El 2007 fue en el que se apostó por el retorno de Joaquín García Díez, pero tampoco logró (logramos, que yo también estaba allí, como en la campaña de Manuela) gran cosa salvo que Orozco perdiese la absoluta y gobernase en minoría durante cuatro años. La humareda seguía sin disiparse en aquella campaña que era, según el PSOE, la de la llegada del AVE a Lugo... ya ven... Tanto Manuela como Joaquín habían demostrado sus grandes dotes como gestores, pero el votante buscaba otra cosa, la cercanía y la campechanía que ellos no desprendían y el exalcalde sí, a pesar de que mientras ganaba elecciones hipotecaba la ciudad día tras día con errores que aún seguimos pagando.

En 2011 y 2015 el análisis es bastante diferente, ya que en esos años el PP logró gobernar en plazas tan poco proclives a sus siglas como Santiago, Coruña o Córdoba. El ambiente era favorable, pero en Lugo, donde arrasaba en todas las demás elecciones, las municipales se siguieron resistiendo y quedó a las puertas, en gran parte por no haber querido dar el brazo a torcer con lo de los servicios para el HULA, algo que como era obvio se iba a terminar haciendo igual, pero sin necesidad de regalar la alcaldía. 2019 fue la ocasión de Ramón Carballo, que tampoco logró el objetivo, ya que es difícil ilusionar al votante cuando se transmite que tú mismo parece que te presentas a punta de pistola.

Y ahora tenemos en el horizonte el 2023. ¿Qué pasará ahora?

Por el momento el escenario es el de un partido que busca con una linterna al candidato menos malo, un inicio ya de por sí bastante penoso. Todo señala que será Antonio Ameijide, al que me parece que le va a pasar lo mismo que a Jaime y el votante dirá "¿otra vez éste?" cuando jamás se ha presentado.

La campaña se ve venir, ya que si algo tiene el PP es ser previsible. Van a cifrar sus esperanzas al "efecto Feijoo" y al pase de revista de tropas de Alfonso Rueda en Lugo, poniendo en grande el logo del partido y creyendo que se va a ganar con visitas de renombre, sin tener en cuenta que eso ya se intentó y no funcionó porque todo el mundo es muy majo en campaña, pero yo quiero hablar de mi bache y mi farola. Si además sumamos a esto la tradicional pericia popular para pegarse tiros en el pie con temas como el de la improbable candidatura de Quique Rozas, la cosa acaba de descuajeringarse.

El votante lucense está deseando poder ir decidido a un colegio electoral y coger la papeleta de una persona que traiga ilusión y esperanza de cara al futuro. A falta de agua beberán arena, y eso explica estos 24 años de dominio del PSOE en una ciudad claramente popular. Ellos sí han entendido de qué va el tema.

Las elecciones no tratan de votar "contra" un Gobierno que está haciendo las cosas garrafalmente mal sino de ir en positivo. Pero para eso hay que saber qué se quiere hacer y ser valiente en los planteamientos, algo que no se suele dar en campaña porque no se quieren pisar los pies de nadie.

¿Qué haría el PP con los autobuses urbanos si gana? ¿Y con el carril bici? ¿Qué soluciones hay para aprobar el 5% del PXOM que está pendiente y con los retrasos en urbanismo? ¿Va a tirar la estación de autobuses para llevarse el transporte interurbano al quinto pino? ¿Hará la playa fluvial? ¿Tendremos una promoción decente de la ciudad para los turistas? ¿Veremos transparencia en los contratos? ¿Contaremos con policías de patrulla y seguridad en las calles? ¿Acabarán con la arbitrariedad en la administración? ¿Reformarán el tráfico para que tenga sentido? Estoy seguro de que algunas de esas preguntas, si no todas, se responderían viendo sus posturas en los plenos municipales, pero parece que no se comprende que la ciudadanía no los ve. Ahora de hecho ya ni la prensa los sigue como antes con la posible excepción de Carmen Uz.

El PP no transmite más que la arrogancia de quien ve el árbol podrido pero su única función es la de esperar a que la fruta caiga sola. Pues a veces no cae porque la ciudadanía prefiere el malo conocido. Es más que probable que esa percepción sea falsa, pero creo que es la que se deja ver.

A la gente hay que convencerla, animarla, ilusionarla... y no es muy probable que lo consigan si a la menor observación su respuesta es que todos "estamos encantados con la idea de que el PP no gobierne Lugo". A este paso van a tener razón, porque la soberbia no despierta la menor simpatía, más bien al contrario.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


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