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Un cinturón que no aprieta

martes, 17 de mayo de 2022
Creo que la muralla es el mejor legado que nos han podido dejar nuestros antepasados, tal vez sin ser conscientes de lo que tal legado significaba. Una opinión extendida, nos dice que la muralla fue negativa para el desarrollo ciudadano, pues su sola presencia lo constriñó como un cinturón que no dejase que la ciudad creciera como debió haber crecido.

Evoco ciudades con restos de murallas, a veces poca cosa, pero cuidados con esmero, ajardinados, iluminados y motivo de orgullo. Los miro con respeto, faltaría más, pero pienso que de tantas murallas como debieron existir en la antigüedad, la nuestra, la de Lugo, es la única que hoy mantiene completo su trazado original. Desconozco la causa de tan insólita singularidad.

A veces me gustaría conocer qué pensarían los lucenses de siglos pasados sobre su muralla, cómo valorarían su presencia en la ciudad. Con la poca movilidad personal de entonces, tal vez muchos la vieran como algo natural del entorno lucense, formando parte del paisaje. Cuando la ciudad fue creciendo, se construyeron viviendas adosadas a ella aprovechando sus paredes como soporte.

Las ciudades en las que se conservan restos de murallas, pueden reconstruir su historia ciudadana a partir de lo que indican esos mismos restos, pues hablan de necesidades de diferentes tipos, que justificaron las demoliciones. Yo creo que nuestra muralla, entera y completa en su totalidad, también nos permite intuir algo acerca del desarrollo ciudadano.

Hoy, junto a las puertas antiguas que nos hablan del Lugo de entonces (De Santiago, del Carmen, de San Pedro (o Toledana), Falsa y de la Rúa Nova) tenemos amplias puertas, del siglo XIX o del XX, que nos permiten adivinar el crecimiento ciudadano y las respuestas dadas a las necesidades que fueron apareciendo en cada momento.

La Puerta de S.Pedro, o Toledana, me hace pensar en ese nombre. Normalmente, el nombre de la puerta indicaba el lugar al que se dirigía la vía que salía por ella. Toledo, tal vez fue importante para la ciudad, pues por esa puerta entrarían o saldrían las mercaderías necesarias para la vida ciudadana. Llegado un momento de pacificación, y queriendo dignificarla, se amplió la puerta y se le dotó de ornamentación apropiada, renacentista, con escudo en su dintel. Hoy es una bonita puerta que nos hace pensar en un incipiente desarrollo ciudadano.

El obispo Izquierdo, gran constructor en la ciudad, en su tiempo trasladó la cárcel que estaba en el hoy denominado Campo del Castillo al exterior de la muralla. De momento quedó alejada del centro ciudadano, pero en el siglo XIX, Nemesio Cobreros construyó una elegante puerta con bóveda de medio cañón que le sirvió como acceso. Me gusta mucho esta puerta.

Fueron apareciendo necesidades posteriores, que dieron lugar a nuevas puertas. La de la Estación se abrió para permitir el tránsito de viajeros. También la diseñó Nemesio Cobreros y le confirió un bonito aire de castillo, que pronto fue substituido por su actual diseño, amplio, con bóveda generada por un arco de carpanel. Este mismo diseño fue el utilizado posteriormente para construir las puertas del obispo Aguirre y Odoario. La del obispo Aguirre daba acceso al Cementerio Municipal y a los Seminarios, mientras que la del obispo Odoario permitía acceder al nuevo hospital.

En 1858 la reina Isabel II visitó Lugo con su familia. Se hicieron obras apropiadas para su recibimiento y, para que el cortejo real penetrase en la ciudad, se abrió una nueva puerta en la muralla que recibió el nombre del Príncipe Alfonso y hoy conocemos como la de San Fernando. En el tercer cuarto del siglo pasado se ensanchó su luz para permitir el paso de coches en ambas direcciones. La reforma la realizaron Ruperto Pérez y Benjamín Santín, con un diseño que evoca a la misma muralla, pues presenta pizarra de través y perfiles de granito.

La apertura de la puerta del obispo Odoario, en el primer tercio del siglo XX, generó polémica en la ciudad. Como consecuencia de eso, se comenzaron a desarrollar medidas encaminadas a la protección del monumento.

Creo que nunca la muralla fue como un cinturón de la ciudad que constriñese su desarrollo Además, mirándola detenidamente, podemos vislumbrar la misma historia ciudadana.
Valadé del Río, Emilio
Valadé del Río, Emilio


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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