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Inflación y corralito

jueves, 12 de mayo de 2022
Los españoles estamos alarmados con la inflación anual que ha llegado casi al 10 por ciento. Pero eso no es nada, solía usar de coletilla un viejo vecino.

En mi reciente viaje a Líbano reviví situaciones pasadas en Argentina años atrás. Cuando la inflación se descontrola, los ciudadanos buscan refugio en monedas fuertes, principalmente el dólar. Para que no se desboque la inflación, los Bancos Centrales venden una cantidad limitada y con cuentagotas. Se suele llamar cepo bancario. Y además no imprimen billetes de mayor valor, por su efecto psicológico. En Uzbekistán, donde el billete mayor equivalía a veinte céntimos de euros, en vez de cartera el dinero se llevaba en bolsas de supermercado. Los billetes, enormes, estaban empaquetados en ladrillos de 100 unidades que nadie contaba. Para pagar cuatro noches de hotel llevé en los brazos una pila de ladrillos como para levantar una pared. Y si el país se queda sin divisas, se llega al extremo de cerrar la ventanilla, y entonces amanecemos en el famoso corralito.

Entonces se dan situaciones curiosas y absolutamente incomprensibles para un ciudadano europeo. Antes de viajar, miré la cotización oficial de la libra libanesa, 1600 por dólar. La entrada al impresionante Museo Nacional me iba a costar 6000 Libras, o sea, algo menos de cuatro euros. Precio totalmente razonable. Cuando llegué y cambié dólares, lo hice a 25.000 libras por barba de Washington. Cosas del mercado negro, o paralelo, para no pecar de racista. Los dólares (o euros) se cambian en locales a la calle, con letreros luminosos y todo. Como se trata de un país que a pesar de estar lleno de armamento es muy seguro para el visitante, no necesitan guardias para vigilar.

Es decir, que si un español tuviera la ocurrencia de pagar con tarjeta de crédito o débito, terminaría abonando, con las comisiones, cuatro euros la entrada. Ver las auténticas reliquias históricas que se guardan en ese museo, a mí me costó poco más que 20 céntimos.

Compré dos libros de excelente calidad, que llevaban impreso el valor de venta en la contraportada. Uno costó 75.000 Libras (45 euros con tarjeta, o solo 3 pagando en moneda local) y otro 575.000 Libras, casi 360 euros (¡qué barbaridad!) o 23 en efectivo, más normal. La diferencia se debe a la fecha en que se imprimieron. El pobre librero cuando vaya a reponer el que vendió a 3 euritos, se va a agarrar la cabeza.

De más está decir que todos los servicios como hoteles, taxis, restaurantes, etc están dolarizados. O se pagan en moneda del tío Sam o en libras según la cotización del negro paralelo del día. Los productos de los supermercados tienen un código, que al pasar por caja se traducen en libras libanesas según la cotización paralela del día...

Nos sentamos a beber dos cervezas con mi esposa. Como no llevaba las gafas leí 6500 libras cada una y me dije ¡es una ganga!. Pero los fenicios nacieron antes que mis antepasados. Cuando pagué me salieron 130.000, cinco euracos para el turista. Pero para un empleado estatal, que no cobra en dólares, las dos cervezas le costarían el equivalente a ochenta euros. Debe ser casi medio sueldo. Ese es el drama que sufren los habitantes de este bello país, parecido al que sufren los venezolanos y, en menor medida, también los argentinos.

Todos hemos visto los documentales alemanes de los años treinta, en que durante la súperhipermegainflación, la moneda valía menos que el valor del papel en que estaba impresa. Y ya sabemos cómo terminó la historia, un tipo con bigotito, cargándose a millones de personas, provocó, luego de la destrucción completa de Alemania, que el Marco de la posguerra fuera una de las monedas más fuertes de la época. Y ahora tenemos a un tipo sin bigotes que pretende transformar al rublo en la moneda de referencia. Veremos cómo acaba la historia.

Andrés Montesanto. Un malagueño que sueña viajar.
Montesanto, Andrés
Montesanto, Andrés


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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