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A Chanca, el barrio verde lucense que recibe a los peregrinos

jueves, 12 de mayo de 2022
El 20 de diciembre de 1871 comenzó la construcción del viaducto de A Chanca, que se terminaría el 2 de junio de 1874 si bien los trenes no comenzaron a pasar por allí hasta cinco años más tarde, en agosto de 1879. El largo, larguísimo 150 aniversario del puente nos sirve para hablar de la zona durante todo el tiempo que queramos, ya que hay fechas a elegir para su conmemoración, aunque lo lógico parece que sea dejarlo para junio del 2024, cuando se cumple el siglo y medio desde el remate de la obra.

En todo caso, dado que celebrar siempre es agradable, hace unos días salimos de paseo por la zona y la impresión es totalmente contradictoria. Por un lado, la esperanza de ver que muchas de las casas han sido rehabilitadas o están en obras para ponerlas nuevamente en uso junto a muy agradables zonas verdes, pero por otro la dejadez y la ruina de otras que hacen que el aspecto no sea el mejor del mundo para un lugar que es la tarjeta de presentación de la ciudad para el peregrino, ya que es la entrada del Camino Primitivo.

Algunas obras públicas que, con gran acierto, se hicieron para mejorar la estética de la zona, presentan llamativos daños. No tengo la menor idea de la fecha en que se hicieron y por lo tanto no sé si se está a tiempo de recurrir a la garantía, pero uno de los recubrimientos laterales del río Rato está caído y, por lo que se aprecia en el muro, no es parece que la forma de sujetar las piedras fuera la más estable del mundo.

Sin embargo, la zona tiene un irresistible encanto que ni las tristes ruinas (destacando la de la enorme casona que creo recordar que era una curtiduría, en pleno Camino, y que ahora está aparentemente ocupada) ni otros defectos consiguen apagar.

La sombra del viaducto de la Chanca es incluso agradable en estos días de calor, y la estructura hace de parapeto para evitar que desde la zona se vea demasiado esa segunda muralla de edificios-colmena que forman la Ronda de Fontiñas y que contrastan con las agradables casitas de la zona.

Pasear por esas zonas es ver con envidia que hay quien ha sabido apreciar el valor de estas pequeñas aldeas-ciudad que todavía perduran en Lugo. Sitios en que se puede vivir en una casa propia con terreno (algunas con mucho terreno, de hecho), y a un paseo del casco urbano que sólo presenta la dificultad del pronunciado desnivel, aunque a todo se acostumbra uno.

Ojalá estos años de aniversario sirvan para que la administración se pase por allí y revise algunas cosillas como el cartel que habla del barrio y que está cada día más engullido por la maleza, en una metáfora perfecta de las obras de "usar y tirar".
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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