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El anciano, en el espacio-tiempo

jueves, 12 de mayo de 2022
Generalmente, a través de las distintas época y culturas, el anciano, siempre ha sido considerado como un manantial de sabiduría, un depositario de un saber acumulado que, hacían de él, un chamán, un sanador, un juez, un educador.

Los "Consejos de Ancianos", eran considerados los "oráculos" de respuestas ante las interpelaciones que se les presentaban. Además de un cuasi "Archivo Arcano", en su transmisión "boca-oído", a lo largo de los ciclos vitales.

Licurgo, como notable legislador de Esparta, crea la llamada "Gerusía" -siglo VII a. C.-, uno de los órganos de gobierno de la antigua Esparta. Estaba formada por treinta miembros en total, de los cuales, veintiocho tenían que tener más de sesenta años -gerontes-, y los dos miembros restantes eran los dos reyes espartanos. Por qué había dos reyes? "Diarquía". Porque existía un acuerdo de mando colegiado, para consensuar los dos grupos sociales que conformaban la "polis".

Cuando alguno de los miembros de la "Gerusía" se moría, los candidatos a sucederle desfilaban uno a uno por la sala. El que más aplausos recibía quedaba elegido.

En la Biblia, también podemos leer cómo Yahveh, le dice a Moisés: "...ve, reúne a los ancianos de Israel y diles..." Y también: "...vete delante del pueblo y lleva contigo a los ancianos de Israel".

En el "Libro de los Números", encontramos la descripción de la creación del "Consejo de Ancianos", como una decisión de Yahvé cuando ordena: "...elígeme a 70 varones de los que tú sabes que son ancianos del pueblo y de sus principales, y tráelos a la puerta del tabernáculo para que ayuden a llevar la carga...".

Los romanos, respetaban en gran manera a todos los ancianos. De hecho, estaban protegidos en casi todas sus demandas; tanto médicos, como sociales, e incluso, en aspectos que abarcaban hasta la demencia...

Claro que, el tan desarrollado derecho romano, condicionó a tener en cuenta ciertas normas de atención vitalicia, que era atendida de acuerdo a la edad del beneficiario.
Siempre hemos creído que la atención permanente al anciano, era asunto moderno, sin embargo, vemos que no. Ya en esa época, habían calculado mediante baremos previamente establecidos, rentas de alimentación y, se ha podido averiguar que el número de ancianos, era bastante superior al de ancianas. Quizá, la gran mortandad en los post-partos, determinó tal diferencia.

Eso, conllevó que los ancianos con ciertas posibilidades, no tuviesen demasiado problema en contraer matrimonios con jovencitas que, por un interés crematístico, cediesen a tal proposición.

Al llegar la Edad Media, el anciano, es relegado a depender de la solidaridad interfamiliar. En los conventos, ancianos y ancianas, quedaban postergados y arrinconados en trabajos menores de porterías y a algún oficio que más o menos conocían. Eso, como algo tranquilo para el resto de sus vidas, y cuidados por los demás clérigos, ofrecían al anciano, una paz muy deseada. Cuasi, estaban en una "residencia", como hoy en día.

Algunos, una vez viudos y, previo pago de sus bienes, ingresaban en ellos, preparándose para la "vida eterna...".

En las pestes bubónicas que asolaron Europa -una de cada tres personas se moría-, a los ancianos, les tocó premio en esa "lotería", ya que dicha pestilencia, atacaba preferentemente a niños y jóvenes.

Esa "lotería" con premio, también les llegó con la viruela, de tal forma que, debido a esto, volvieron a alcanzar posición social en todos los ámbitos de su comunidad.
Pero, claro, nada es permanente, como decía Parménides, "...todo cambia, menos el cambio mismo...". Así, en el Renacimiento, el anciano, es considerado feo, achacoso y decrépito. Queda rápidamente expresado en "Elogio a la Locura" de Erasmo de Róterdam, cuando escribe: "...pero lo que verdaderamente resulta más divertido, es ver a ciertas viejas tan decrépitas y enfermizas como si hubiesen escapado de los infiernos, gritando a todas horas, o arreglando su rostro con aceites y plantándose horas y horas frente al espejo".

El anciano, era también a menudo, objeto de risa, mofa y chanza, tanto en comedias, como en la vida cotidiana.

Así que, ¡atención!, preparémonos para nuestro "invierno"...
Méndez, Ricardo S.
Méndez, Ricardo S.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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