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Una opción para reutilizar el psiquiátrico de Castro

lunes, 25 de abril de 2022
A los dirigentes de las administraciones les encanta construir edificios para poder inaugurarlos. Se ve que tienen mucha más sensación de "pasar a la Historia" que reutilizando inmuebles existentes y rehabilitando edificios, y en eso tienen razón. Todos sabemos que Frank Lloyd Wright diseñó la Casa de la Cascada o que Gaudí trazó la Sagrada Familia, pero nadie recuerda los nombres de quienes la rehabilitaron (en el primer caso) o continuaron la obra (en el segundo).

Eso explica que mientras siguen construyendo como enajenados, muchos edificios públicos estén abandonados a su suerte en la ciudad de Lugo, pero por desgracia no es un mal exclusivo de nuestro municipio, sino que esa fea costumbre se extiende a la provincia entera. Hoy les traigo un ejemplo sangrante de cómo las cosas se dejan ahí criando silvas (literalmente) y que casualmente visité el otro día de camino a Foz.

El psiquiátrico de Castro, cuyo nombre oficial era Centro Asistencial y Rehabilitador de San Rafael, y el popular el "manicomio" de Castro, cerró sus puertas definitivamente hace ahora una década, a principios de 2012. Desde aquella no ha tenido más uso que el de unas prácticas de la Guardia Civil (muy peliculeras, en plan Geos) y la visita de los curiosos que, como yo, sienten una atracción especial por sitios abandonados.

Pero a lo que íbamos. El conjunto es impresionante, porque aunque la foto más popular es la de la fachada, estamos hablando de un enorme grupo de edificaciones conectadas entre ellas por amplísimos pasillos cubiertos, y que según el catastro tiene la nada desdeñable superficie de 11.864 metros cuadrados. Para que se hagan a la idea, el San José de Lugo tiene unos 8.400 metros, el Museo Provincial 5.600 y el edificio del Seminario que alberga las oficinas municipales menos de 3.500 así que hablamos de un enorme complejo.

La Diputación Provincial de Lugo no tiene, que sepamos, planes o intenciones relativas al macro conjunto y lo tienen ahí, muerto de risa, imagino que esperando a que se caiga por su propio peso.

Aprovechar esos edificios no es fácil, lo entiendo. Además de su enorme superficie está el imaginario colectivo, en que permanecen historias terribles que allí sucedieron (creo que los que ya tenemos unos años no podemos olvidar el caso de la chica esquizofrénica que se pasó una década con las manos atadas a la espalda porque se había arrancado los ojos...). Pero los edificios son edificios y tener eso en este estado de abandono no es de recibo.

En una provincia como la nuestra, con una tasa de población mayor considerable (y vamos a peor), y con problemas de plazas en residencias, sobre todo de dependientes, no se me ocurre mejor uso para este conjunto que el de un complejo geriátrico de gran calidad.

Estamos hablando de un lugar compuesto por inmuebles de planta baja en su mayoría (lo que facilita la accesibilidad), enormes zonas verdes, una distribución que permitiría establecer distintos tipos de áreas para apartamentos más o menos independientes, zonas asistenciales y de ocio... Cabe todo lo que se nos ocurra porque otra cosa no, pero espacio, el que quieran.

Además cuenta con la ventaja de que, aún estando en un entorno idílico, natural y tranquilo, está a dos kilómetros andando desde su puerta hasta el centro de Riberas de Lea, donde tienen actividad, mercados e incluso pulpo los miércoles como todos los lucenses sabemos. Hoy día nadie quiere vivir en medio de la nada, pero es que éste no es el caso. La distancia permite ir andando si se está en una forma razonable (no es ni una vuelta a la Muralla, esa métrica que usamos los de Lugo) o en un transporte que el centro podría tener a disposición de los usuarios.

Comprendo que la administración sea reacia a gastarse una millonada en esto, porque se lo gastan en cosas menos importantes de las que ahora no creo que sea necesario hacer una relación, pero la solución ya la han encontrado con el antiguo hospital San José, que fue cedido a ASPNAIS por 50 años y que esta organización rehabilitó convirtiéndolo en uno de los mejores centros asistenciales de Europa (literalmente hablando).

Tal vez no haya entidades sociales dispuestas a atreverse con los casi 12.000 metros cuadrados de edificios de Castro, pero seguro que existen fórmulas que pasarían por una concesión a una entidad privada con reserva de plazas públicas o algo similar.

En todo caso, cualquier opción es mejor que la actual... Dejar que se deteriore hasta que finalmente todo se venga abajo. Un futuro que aparentemente es el que le espera y que, permítanme el chiste fácil, es de locos.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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