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Destruir para construir

viernes, 08 de abril de 2022
Un símbolo de modernidad... o de pérdida del pasado, según se quiera ver

Si ayer mismo el artículo se titulaba "renovarse o morir", hoy hablamos de un cambio en el urbanismo lucense que supondrá ambas cosas al mismo tiempo: la muerte de viejos edificios en la esquina de la Ronda de la Muralla con San Roque y la renovación de esa parte icónica de la ciudad, ya que está frente a la puerta de San Pedro, una de las más llamativas estéticamente, en pleno Camino de Santiago y junto a la Mosquera.

No puedo evitar una reacción totalmente irracional de tristeza cada vez que veo el derribo de un edificio. Supongo que es un síntoma de hacerse mayor, pero me da una pena terrible ver caer casas con personalidad, que alguien en su día construyó con toda la ilusión, en la que vivieron personas que ya no están, y que hoy van a ser sustituidas por moles de pisos probablemente mucho más prácticas, modernas, cómodas... y anodinas.

Soy consciente de que las personas quieren vivir con comodidades y que no están dispuestas a renunciar a un piso actualizado con buenos aislamientos, ascensor, garaje y demás ventajas a las que la mayor parte de la población está tan acostumbrada que todo lo que no tenga esas cosas se considera poco menos que una infravivienda. Eso explica que Lugo siga manteniendo un altísimo porcentaje de viviendas vacías, ya que no cuentan con instalaciones actualizadas y la población no da para más, a pesar de lo cual seguimos construyendo como enajenados torres de pisos que se llenarán en detrimento de otras zonas que se quedarán vacías porque a nadie se le pasa por la cabeza meter dinero en rehabilitar barrios.

Esto choca contra el sentido común, pero también contra la conservación de la estética e incluso la poesía de una ciudad que fue preciosa y que cada día es más parecida a cualquier otra que se pueda haber edificado en los últimos 50 años. Lugo va perdiendo día a día edificios que algún día echaremos de menos y es previsible que una de las próximas barbaridades urbanísticas que se acometerán será el derribo de las casas bajas que quedan frente a la Mosquera, entre ésta y San Pedro. Ya están en ruinas y su futuro es evidente: la piqueta.

Económicamente es comprensible. Si puedes convertir una casita de bajo y una o dos plantas en una mole de cinco o seis pisos en que, además, en lugar de viviendas de cien metros hagas apartamentos de cincuenta el rendimiento es más que obvio. La Historia, la estética y el entorno son lo de menos.

¿Cómo no va a hacer eso el particular cuando ve que la propia administración hace exactamente lo mismo? En lugar de rehabilitar tiran y vuelven a hacer. Reciclamos folios y tapones de botellas, pero con los edificios parece que esa fiebre ecológica que aparentamos tener se nos olvida porque ahí hay pasta de por medio y claro, a nadie le amarga un dulce.

Confiemos en que algún día Lugo reaccione y empiece a conservar sus zonas más hermosas y un tipo de viviendas que, arregladas, son un lujo, como por ejemplo casi todo el barrio de la Milagrosa. Tal vez nos demos cuenta de que no siempre es necesario destruir para construir. Sólo esperemos que no sea demasiado tarde.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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