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Calle de la Cruz

martes, 12 de abril de 2022
En esta nuestra Europa, las ciudades con catedral suelen tener un dédalo de callejas a su alrededor formando como un laberinto, que, en general, constituyen su barrio histórico. El trazado de estas calles es antiguo, así como sus mismas casas. Son barrios con historia propia, a veces relacionada con la misma catedral, sus funciones y servicios. Todos sabemos que las catedrales medievales fueron centro de peregrinaciones de gentes que llegaban a ellas por venerar las reliquias que guardaban.

Los alrededores de las catedrales originaron barrios destinados, la mayor parte de las veces, a atender a esos peregrinos, ofreciéndoles todo tipo de servicios.

En Lugo, ente otras calles destinadas a este fin, atender a peregrinos, tenemos la calle de la Cruz. Una calle llena de actividad con gente que viene y va, entrando o saliendo de los locales y describiendo pausados ajetreos por unos locales llenos de vida y de recuerdos.

Es una calle corta, ligeramente curvada y con casas muy desiguales. Sus edificios no corresponden a una época concreta, más bien constituyen una heterogénea colección de ellos que, bien mirados, nos ofrecen datos del paso de los siglos y sus estilos por nuestra ciudad.

En un extremo de la calle vemos un edificio noble, de la escuela de Ferro Caaveiro, o tal vez de él mismo, con hermoso portal y escudo, y otro en lo alto del chaflán que forma en la esquina que da a la calle del Conde de Pallares. Junto a este edificio noble, encontramos otro, de bello trabajo en el enmarcado de sus vanos, tres por planta. Puertas con dinteles planos, que muestran unos bonitos perfiles rectilíneos con medallones circulares en los ángulos. Todo labrado en granito, nuestra piedra noble. Tres balcones en el primer piso y balcón corrido en el segundo, creo que es la única casa lucense que muestra estos perfiles en sus vanos. Pero si buscamos singularidad en ella, tenemos que el edificio presenta sendas gárgolas en los extremos de su cornisa, y yo diría que es el único de Lugo que las posee, dejando de lado el edificio del Concello, la Catedral y algún otro de cariz religioso.

Pero no toda la calle presenta tales niveles señoriales en sus edificaciones. Más bien tiene una colección muy diversa de edificios en cuanto a sus fachadas, a proporciones de sus vanos, presencia de buhardillas y otros aspectos. Por citar otra singularidad, diré que en esta calle encuentro una rejilla a ras de suelo, que debió de servir en su día para ventilar el sótano del inmueble. Ya digo, una calle muy diversa para quien quiera buscar singularidades, que seguro que las encontrará, y en la que conviven edificios barrocos y alguno de corte racionalista, en armonía con cuarteles nobiliarios extrañamente a ras de calle, tal vez procedentes de usos en construcciones anteriores.

Se edificó cómo, cuándo y dónde se pudo, echando mano de lo disponible. No sólo ocurrió eso aquí. En todas las vías del Camino de Santiago ocurrió lo mismo, pues conviene recordar que estamos en pleno Camino Primitivo, el que desde el siglo IX conduce a Compostela desde Oviedo y que en 2015 ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

A veces es bonito y sano recordar estos datos históricos y culturales que nos sitúan en las raíces del concepto mismo de la Europa que conocemos. Otras veces, mejor es sentarnos en esta calle y dejar volar la imaginación viendo cómo pasan gentes de todo tipo hacia Compostela. Fijándonos en sus modos, oyéndoles sus hablas, reparando en sus vestimentas, es sencillo ver la diversidad en las formas bajo la uniformidad en el sentimiento. El caminante sigue marcando senda en el siglo XXI. Un lujo histórico que tenemos los lucenses junto a la Muralla Romana,

Hay establecimientos bonitos, mostrando todos ellos un buen hacer que siempre dejan satisfechos a quienes por cualquier causa los visitan. Algunos, trascienden su labor profesional y han dado lugar a peñas altruistas con papeles asistenciales en nuestra ciudad. No es cuestión de dar nombres, pero todos conocemos sus cuestaciones en días concretos.

Cuando paso por esta calle, soy consciente de su dimensión histórica y cultural. Un lujo ciudadano.
Valadé del Río, Emilio
Valadé del Río, Emilio


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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