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La cafetería de la vieja cárcel otra vez sin interesados (y van 4)

miércoles, 09 de marzo de 2022
De las vistas no se come. El pliego de condiciones era inasumible por cuarta vez
y así ha quedado, desierto otra vez.

Decían "fuentes municipales" en el año 2018 que era "incomprensible" que nadie se quiera hacer cargo de la cafetería de la vieja cárcel, porque consideraban "una bicoca" la concesión... Pues es la cuarta vez que nadie, absolutamente nadie, quiere hacerse cargo de esa supuesta "bicoca" y, tal y como les contabael pasado 1 de febrero, sólo hay que leer el pliego de condiciones para entender por qué es un regalo envenenado.

Evidentemente yo no soy hostelero ni lo he sido nunca. Mi familia sí, durante décadas, y haber nacido y crecido en ese ambiente, trabajando en el restaurante bastante a menudo y echando una mano siempre... pues algo se te pega. De todas formas no creo que haya que ser diplomado en hostelería para entender que la presunta ofertaza no era tal cosa y que aunque las vistas desde la cafetería de la vieja Cárcel son bonitas, sólo con eso no se mantiene un negocio en marcha.

Así que ahora a la administración municipal sólo le quedan tres caminos por delante: o intentar una quinta licitación, con el nuevo ridículo que supondría no conseguirlo si mantienen unas condiciones que no son asumibles, o cambiar el pliego y ofrecer un espacio que ha costado una fortuna de todos los lucenses por un precio no acorde con el gasto (eso lo doy por sentado hagan lo que hagan porque el dispendio fue un disparate)... o explotarla ellos mismos.

Esta última opción es la que me gustaría más que tomase el Ayuntamiento. Que se pongan a contratar gente y a gestionar ellos ese espacio, esa "bicoca" para que vean que la cosa no es tan sencilla. Es más, les invitaría a que lo hagan y que las cuentas sean públicas hasta el último céntimo para que, si como dicen es el chollo del siglo, nos demuestren a todos que tenían razón y que los demás no tenemos ni idea de gestión.

Trabajar con dinero público es fácil. Nada parece costar nada, todo es aparentemente gratis, las inversiones exageradas son la norma, la necesidad de beneficios no existe, el supuesto margen industrial lo pagamos todos y no hay que tener ninguna preparación para dilapidar el dinero común. Así cualquiera. Pero claro, en el momento en que tengan que gestionar una actividad que debería dar beneficios (según ellos sería "incomprensible" lo contrario), la cosa cambia y los que entienden que la esfera privada se tiene que mojar, ya se arrugan y el tema no es como nos quieren vender.

Pero ellos lo tienen más fácil. No necesitan más que poner unas máquinas de bebidas (lo que no cumpliría el pliego actual, pero ya saben que la administración puede hacer lo que veta al resto) y si tal unas cámaras para que la gente no haga el ganso más de lo debido... y esperar a que no pase nada gordo. No sería una cafetería, claro está, sino simplemente un espacio de autoservicio, un Ikea de latas y cafés en vasos de cartón, pero les enseñaría que incluso así no es tan fácil de gestionar y que cuando alguien se tire por el balcón o haga un estropicio en el baño (algo más frecuente de lo que cabría esperar en un mundo presuntamente civilizado) entenderán que su mundo de fantasía en que el malvado empresario sólo quiere extraer el jugo de la pobre e indefensa administración es más falso que un duro de madera.

¡Anímense! ¡Exploten la cafetería desde el propio Ayuntamiento! Sería divertido.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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