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Dios está en los detalles

lunes, 07 de febrero de 2022

La iglesia ha quedado preciosa. Las farolas... bueno, eso no tanto...

Por fin retiraron el vallado de la iglesia de San Pedro y ha quedado preciosa... salvo por las horrendas farolas que le han puesto delante y que no caben en cabeza humana. Contra todo cuanto criterio se emplea hoy día en los temas de iluminación y de respeto a los monumentos (la idea básica es sencilla: no le metas nada delante) una vez más nuestra santa casa consistorial ha decidido que aquí vamos por libre y que si no gusta ya se cambiará, que total pagamos todos.

Sobre gustos no hay nada escrito, y como sabemos todos, cada cual tiene el suyo. Sin duda alguna el de nuestro Ayuntamiento, sus técnicos, sus concejales de gobierno y todo aquel que haya tenido algo que ver en elegir las farolas (por llamarles algo) de Quiroga Ballesteros no coincide en absoluto con el mío. De hecho, ni siquiera cumplen demasiado bien su función ya que iluminan una tira estrechita a lo largo y ya. Me gustaría ver para qué sirven si apagas todo lo demás.

Pero además es que son horrendas. Esa especie de abrelatas que han metido en una calle que lo tenía todo para convertirse en una de las mejores del casco histórico, no dejan de ser el remate perfecto para una cagada monumental.

"Está más bonita que antes"... ¡nos ha jodido! (perdonen la vulgaridad), es que sólo faltaba que estuviera peor. La comparación no hay que hacerla con cómo estaba sino con cómo podría estar. Una calle céntrica, amplia, cómoda, con edificios racionalistas que en algún caso son de los más hermosos de la ciudad... y nos han puesto "eso": una plaza fría, dura, con dos miserables árboles en todo su trazado, cuatro bancos mal puestos sin respaldo y con el asiento de piedra para congelarse el culo (hoy estoy algo vulgar, por lo que veo) y unos minúsculos jardincillos absurdos cuya única función parece ser evitar que la gente se proteja de la lluvia bajo el voladizo de la Plaza...


Ejemplo de un templo iluminado como Dios manda (perdonen el chascarrillo, no lo he podido evitar)
NO es la iglesia de San Pedro y NO es Lugo, por supuesto...

Pero volviendo al inicio, que es lo que me impulsó a escribir hoy sobre esto, si en algún sitio concreto las farolas abrelatas quedan particularmente mal es justo frente a los ábsides góticos de la preciosa Iglesia de San Pedro. Es como el consabido cristo con pistolas, y aún no me ha coincidido pasar de noche, pero el espectáculo promete ser, una vez más, deprimente.

Y así se hacen las cosas en la ciudad en que uno nunca se aburre.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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