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Camilo José Cela o la injusticia de negarle un 17 de mayo

jueves, 20 de enero de 2022
Camilo José Cela, premio Nobel de literatura

No conocí a Camilo José Cela, así que no tengo ni idea de cómo era en el trato privado, pero su imagen pública distaba bastante del concepto de afabilidad. Probablemente por eso, porque en este mundo es más importante caer en gracia que otra cosa, y porque cierto sector de esta Galicia a veces contradictoria se ha adueñado de todo lo que es parte del mundo de la Cultura (con el cómplice silencio del resto de nuestra tierra), se ha negado al único premio Nobel gallego (y uno de los pocos españoles) el reconocimiento que supone dedicarle el Día de las Letras Gallegas, algo difícil de comprender.

Hace ya veinte años que falleció Cela, así que ya han pasado diez ocasiones en que se le podría haber homenajeado el día 17 de Mayo. La norma, por lo visto, marca que tiene que pasar una década desde el fallecimiento de la persona a la que se reconoce en esta fecha. Van dos.

El poco galleguismo de Cela es la excusa que se pone para agraviar su memoria, lo que no deja de ser curioso porque cuando interesa se busca el ADN patrio con un microscopio electrónico si es necesario. Todo depende de lo simpático que caiga el individuo y, sobre todo, de su corte ideológico ya que ser protagonista de ese día no parece ser compatible con viajar en Rolls Royce con Grace Jones al volante.

A Cela se lo comió su propio personaje que, como casi todo el mundo, tuvo luces y sombras. Colaboró con regímenes totalitarios escribiendo a sueldo alguna novela que quedó en el olvido, e incluso fue censor durante un par de años, aunque paradójicamente él mismo fue censurado en España por el franquismo, viendo cómo la segunda edición de "La familia de Pascual Duarte" fue requisada por el régimen y prohibida lo que le hizo publicar la tercera edición en Buenos Aires, al igual que "La Colmena" que era demasiado subida de tono para los enfermizos censores franquistas. Probablemente eso le habría dado el estatus de "represaliado" que tanto parece gustar para ensalzar a otras personas.

Pero volviendo al centro del asunto, la galleguidad de Camilo José Cela es lo que está en discusión, y creo que una publicación de la gran editorial Alvarellos del año 2006 titulada "Retorno a Iria Flavia. Obra dispersa y olvidada 1940-2001" disipa cualquier duda bienintencionada. No creo que Henrique Alvarellos pueda ser acusado de no ser un defensor de Galicia, y es quien hizo esa cuidada edición.

Que después de recibir el Premio Nobel publicase "O Camaleón solteiro", recopilación de sus colaboraciones con El Correo Gallego cuya portada fue obra nada menos que de Laxeiro es otro ejemplo que podría servir de argumento si hubiera la menor intención de reconocer a nuestro escritor más universal.

Probablemente no sea más que una anécdota también, pero cuando en 1.981 Cela estuvo en el Verruga firmó el libro del restaurante, que conservamos como oro en paño, y su dedicatoria la hizo, "motu proprio", en gallego.

La obra de Cela es gallega, incluso esa gran mayoría escrita en castellano. Su trasfondo, su vida, su relación con los principales intelectuales gallegos (Vicente Risco, Isaac Díaz Pardo, Celso Emilio…), su morriña de la tierra que le vio nacer y de la que se vio obligado a marcharse con tan sólo 9 años… su obsesión por regresar y vincularse a Padrón… Todo es marca Galicia.

Por si todo esto fuera poco a Cela le debemos que en pleno franquismo se considerase al Gallego como una lengua y no un dialecto, logrando mucho más que otros supuestos luchadores de la causa. La Real Academia Galega pidió a la Española que eliminase la acepción de gallego como "mozo de cuerda" y demás términos peyorativos. Ahí se quedó su petición. Fue Cela, miembro de la RAE en aquel momento, quien solicitó que se eliminase también su rango de "dialecto" y se elevase al de "lengua", algo que sólo apoyó Wenceslao Fernández Flórez pero que finalmente se consiguió.

Cela escribía poco en gallego, por no decir casi nada, y podría parecer una contradicción dedicarle el día de las letras gallegas, pero no olvidemos que ni siquiera la mismísima Rosalía escribía todo en gallego ni mucho menos. Todo es cuestión de enfoques.

Que al único premio Nobel de nuestra tierra se le niegue este reconocimiento es algo que jamás comprenderé.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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