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Carne de Ministro

jueves, 20 de enero de 2022
Parece que hay un Ministro que todavía no ha encontrado su despacho, por lo que cada tanto se mete en el despacho de otro Ministro y busca algo para justificar el sueldo. No voy a entrar en la polémica sobre cuál debería ser su preocupación ni si tiene la idoneidad necesaria para el cargo. Ya bastante se ha hablado, y tiene sus defensores y sus detractores, que han protagonizado otra vez esa dicotomía que tanto les va a los españoles. Fachas o comunistas, no hay otra opción. Lo que sí me puedo imaginar es que el Ministro se incorporó a una secta vegana extremista.

Me voy a centrar sobre un aspecto que controlo, ya que en algún momento de mi vida fui un pequeño ganadero, tamaño XXS. La carne vacuna. Porque la carne porcina, que se destina en gran parte a embutidos y jamones, hace ya décadas que se produce principalmente en naves cerradas. Cualquiera sabe que un jamón ibérico de bellota es mucho mejor y cuesta mucho más que el que conseguimos de oferta en Doñamerca. Que no está nada mal y se puede comer todos los días sin arruinarse.

Los carnívoros escrupulosos, que solo consumen carne de animales criados en libertad, y muertos luego de confesarse y previa anestesia, deberían centrarse en los corderos y cabritos comprados en el pueblo.

Con respecto a las vacas, los rioplatenses siempre presumimos de criarlas en libertad y con pastos naturales, produciendo la mejor carne del mundo, aunque el Presidente del PP diga otra cosa. Lo que pasa es que en los últimos años, a medida que se incorporan al consumo millones de personas, la necesidad de exportación empuja a copiar un modelo similar al porcino. Animales encerrados en una nave, con alimentación industrial que aprovechan desechos y subproductos. Esta carne, en embutidos, hamburguesas o filetes previamente aporreados y cubiertos con esas salsas que se usan ahora (fresas, berenjenas, anticongelante y jugo de calamar, por ejemplo), se puede comer y hasta disfrutarla. Si encaramos un chuletón a la brasa, a pelo, la diferencia sí que se nota.

Bien, lo que llamamos carne es el músculo de animales que nuestra evolución nos ha llevado a criarlos para comerlos, para disgusto de los veganos. Si no nos comiéramos a las vacas, solo habría un rebaño protegido en el Serengueti para entretenimiento de los cocodrilos. Cualquiera que observa a los jóvenes asiduos a los gimnasios, y los compara con los que se pasan el día leyendo o jugando al ajedrez, comprobará que el ejercicio físico desarrolla la masa muscular. Porque en el cerebro no se visualizan los cambios.

Yo he visto vacas felices. Las mías, cuando las cambiaba de potrero y les permitía el acceso a una parcela cubierta con un manto verde de tiernos y apetitosos pastos. Saltaban y daban coces al aire. La felicidad total. Evidentemente una chuleta de ellas se disfrutaba mucho. Pero claro, si los chinos descubren la carne vacuna y quieren comerla cada tanto, es imprescindible aumentar la producción. Los animales estarán encerrados, comerán harina de pescado y bolitas de proteínas (como algunos que van al gimnasio), y nunca conocerán el sabor de las dulces hojas tiernas de alfalfa. Pero si a nosotros nos quieren convencer de comer hormigas, gusanos, arañas y alacranes, tampoco eso será tan grave.

Un músculo holgazán de una vaca triste no sabe igual que un músculo de una vaca sudorosa y feliz. Por lo que yo recomendaría al Ministro, obligar a la macrogranjas a instalarle a cada vaca una cinta de correr, colocarle una fotografía de una parcela rebosante de pasto verde delante, encenderle un ventilador de a ratos y darles una ducha día por medio. Se creerán que están pastando en Galicia.

Si algún lector considera delirante mi propuesta, le sugeriría que espere a que le llegue el metaverso, gracias al cual se va a zampar un chuletón de poliespan fabricado con una impresora 3D, con salsa curry, en una playa del Caribe, y sin necesidad de moverse del sillón de su casa. Pero eso sí, protegiendo el medio ambiente.

Andrés Montesanto, argentino y defensor del asado (barbacoa para los españoles).
Montesanto, Andrés
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