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Las máquinas de la ORA: un monumento a la desidia pública

jueves, 13 de enero de 2022
Casi siete años después de la suspensión del sistema, ahí siguen las máquinas, confundiendo a la gente

Paseando recientemente con mi perro en la zona del parque Rosalía vi a una señora peleándose con una de las máquinas de la ORA que forman parte de nuestro inventario urbano para mayor gloria de la indolencia municipal. Hace ya casi siete años que no funciona en Lugo ese sistema pero sus trastos siguen ahí, confundiendo a la gente sobre qué hacer.

Como vio que me fijaba en ella, la señora me explicó que la máquina no le cogía el dinero y le conté que no se preocupase, que el sistema estaba suspendido "provisionalmente"... desde 2015. Me miró como si fuera un extraterrestre y con cierta desconfianza. A lo mejor pensaba que quería engañarla para ponerle una multa y recaudar, qué sé yo.

La situación no puede ser más surrealista. Las calles siguen pintadas con bandas azules, que son sinónimo de pago en casi todas partes, y las máquinas están ahí cogiendo polvo y herrumbre y recaudando lo que los turistas quieren echarles, y si cuela cuela.

Pónganse ustedes en situación. Llegan a una ciudad, aparcan en zona azul y ven un montón de máquinas de la ORA (en la zona de Rodríguez Mourelo, alias Los Tilos, hay una pila de ellas). Lo normal es que vayan a la más cercana y, al comprobar que no funciona, vayan a la siguiente... y así sucesivamente. Hace unos años se pusieron unas pegatinas bastante cotrosas (de hecho casi ninguna máquina las conserva) diciendo que el sistema estaba suspendido "provisionalmente", pero actualmente es difícil encontrar esa referencia lo que confunde enormemente a los visitantes.

Curiosamente desde el Ayuntamiento se han molestado en quitar las cabinas telefónicas, algo que comparto porque realmente eran ya más un estorbo que otra cosa, pero siguen ahí instalaciones muertas del asco que no valen absolutamente para nada: las máquinas de la ORA puede que sean el mejor ejemplo, pero también tenemos otros como el centro de generación de energías del Ceao que tuvieron que apagar porque consumía más de lo que producía o las estaciones del Rebicíclate, el sistema público de préstamo de bicis que duró menos que un caramelo a la puerta de un colegio.

Son los otros monumentos de la ciudad. Los de la desidia, el pasotismo, el mirar a otro lado mientras se gastan auténticas millonadas en obras absurdas cuya rentabilidad para la ciudad no sólo es nula sino que supondrá una carga por los siglos de los siglos. Son los monumentos a la desastrosa gestión pública lucense.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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