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'Brillan muchas luces, pero... ¿y las interiores?'

lunes, 20 de diciembre de 2021
Llegó diciembre y todas las ciudades y pueblos, hasta el más pequeño poblacionalmente, goza con sus calles engalanadas. Las ventanas y balcones de las viviendas son cataratas de luminaria. Por los viales circula ingente cantidad de personas, lo hacen muy abrigadas, huyen del frío exterior pero algunas olvidan que hay otro más gélido. Van todos cargados con coloristas bolsas repletas de regalos. Ellos no son Papá Noël ni Reyes Magos pero, lamentablemente, son pajes del poderoso y terrible consumismo. Villancicos y canciones propias de Navidad se oyen y se repiten en galerías y centros comerciales.

Parece que se ha desbordado el gran río de la felicidad, pero en esa corriente hay lagunas, auténticos pozos de necesidad. Muchos no quieren verlos aunque puede que ellos mismos estén próximos a caer en esos o, lo más deprimente, los hacen más profundos.

En una esquina, cerca de un portal, que por la majestuosidad de sus maderas y piedras es muy diferente al de aquel de Belén, allí está entre cartones un inope. Su implorante mano tiembla, su rostro a causa del frío presenta sus lágrimas congeladas que parecen perlas de blanca helada desprendiendo el brillo propio del necesitado. Él no es ciego pero, no distingue aquellas luces decorativas porque su mirada busca verse reflejada en el mejor farol, en su corazón.

Con las prisas por llegar a sus hogares y brindar en su opípara mesa con bebidas y manjares con los suyos, esos viandantes no se dan cuenta, o hacen no entender, de que en la puerta cerrada del grandioso bienestar, junto a esas jambas de maderas nobles y dintel ostentoso está el umbral de la pobreza.

Cansado de tender la mano , después de encomendarse al Señor, va a cerrar sus ojos esperando que se abran mañana día de Navidad. En ese instante alguien se detiene ante él y le dice:
- "No apagues tu luz, la necesito. Todas esas son exteriores. Me parece bien que las haya, pero de nada me sirven si yo, como muchos de los viandantes, voy a oscuras en mi interior."

El mendigo contesta:
- "Eso es lo único que tengo, la luz de mi corazón que, como la de todo necesitado, aunque parezca extinta siempre está viva y, gracias a ella, me ilumino en el bien; si puedo ayudar, tome un rayo de la mía, encantado."

Levantándose del suelo abrazó a su interlocutor diciéndose ambos:
- "¡Feliz Navidad!"

Marcharon a celebrar la Nochebuena y una vez sentados degustando una frugal cena dijo el anfitrión al huésped:
- "Brindo porque me has encendido mi luz interior. Ahora, gracias a tu persona, veo la espiritual, la de la Navidad que muchas veces esas falsas estrellas, que dicen la celebran, nos la ocultan."
Pol, Pepe
Pol, Pepe


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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