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Libros Antiguos Españoles

miércoles, 08 de enero de 2003
El coleccionismo de libros antiguos es un mundo complejo y fascinante. Como inversión, en España estamos todavía muy lejos del nivel de precios que pagan los bibliófilos europeos. No obstante, en los últimos dos años nos hemos acercado un poco a esas cifras astronómicas que se manejan en las subastas londinenses especializadas en libros antiguos. En Londres se alcanzan los precios más altos de Europa.
¿Cuanto se puede llegar a pagar por un viejo libro? Eso depende del tipo de obras que queramos comprar. Los libros más caros son los manuscritos, que constituyen la aristocracia del papel escrito. En segundo lugar están los incunables, que como todo el mundo sabe, fueron los primeros libros impresos en Europa, en los primeros cincuenta años después de inventarse la imprenta. Y por último se sitúan los libros antiguos a palo seco; los impresos a partir del siglo XVI sobre los temas más diversos. Son los que compra generalmente la mayoría de los bibliófilos.
El manuscrito más caro subastado en Madrid últimamente fue el testamento de Quevedo, que se vendió en unos ocho millones de pesetas en las subastas de Fernando Durán (1997). La cifra nos puede parecer muy alta; pero si repasamos lo récords de las subastas americanas, nos encontraremos con cantidades increíbles, como, por ejemplo, los 4.400 millones de pesetas pagados en Nueva York por un manuscrito de Leonardo Da Vinci (Chirstie's lo vendió en 30,8 millones de dólares, el 11 de noviembre de 1995). La pregunta que se impone es la siguiente: ¿Puede resultar una buena inversión el comprar manuscritos de Leonardo en más de 4.400 millones de pesetas es un hecho insólito porque su superó todos los récords jamás conseguidos por un libro. Pero todos los manuscritos con un cierto relieve histórico se venden caros. "El códice Hammer", como llaman los americanos al manuscrito de Leonardo, fue comprado en Londres por el norteamericano Armand Hammenr en 1980 en 5,6 millones de dólares (unos 806 millones de pesetas aproximadamente). El tal Hammer debía de ser un genio de las finanzas, muy superior al pobre y manirroto Leonardo Da Vinci (que ni siquiera logró publicar su libro), por que sólo en quince años le sacó al manuscrito unos beneficios de más de un 500%. El manuscrito de Leonardo fue escrito entre 1508 y 1510, y se compone de 36 folios, con más de 300 ilustraciones. Se trata de un borrador de trabajo, donde el gran artista especula sobre problemas científicos. En sus páginas, el autor resuelve problemas de hidrología, astronomía y geología, adelantándose a la ciencia de su tiempo con algunas de sus intuiciones. En la época en que escribía su códice, estaba pintado probablemente la "Mona Lisa" y comenzaba su famoso cuadro "La Virgen, Santa Ana y el Niño Jesús".
A mediados del siglo XV, Gutenberg iniciaba sus experimentos con los tipos móviles de madera. El primer libro que imprimió, como era de suponer, fue una Biblia. En total tiró 180 copias, de las que 10 están en manos de los particulares. La Biblia de Gutenbeg apareció en 1465 y fue también el primer incunable de la historia. Pero ¿qué son los incunables? Se llaman incunables a los libros impresos, desde los primeros intentos de Gutenberg –hacia 1450- hasta principios del siglo XVI. En realidad, estas primeras ediciones era muy cortas (unos 180 ejemplares) y no tenían el atractivo de los manuscritos miniados, que componían la mayoría de las bibliotecas de la nobleza europea en esa época.
Los calendarios y las biblias fueron los impresos más frecuentes en los primeros cincuenta años de la imprenta. Por ejemplo, el obispo de Bamberg le encargó a Gutenberg una edición de la Vulgata con unos 200 ejemplares, de los que se ha conservado una cuarta parte. En manos de particulares hay unos diez ejemplares de la Vulgata. Por eso se comprende que un tomo de esta Biblia cuente entre 100 y 150 millones de pesetas.
Si nos trasladamos a la Península Ibérica, la famosa Biblia Políglota que vio la luz el 19 de febrero de 1502 en Alcalá de Henares no consiguió muchas más lectores. La Políglota fue un gran acontecimiento editorial, en el que se jugaba su prestigio intelectual y su dinero el Cardenal Cisneros. Se llamó Políglota, porque estaba escrita en cuatro lenguas: hebreo, griego, caldeo y latín. Para poner en marcha este proyecto de vuelta a las fuentes, Cisneros contrató un equipo internacional. Muchos de los redactores del nuevo libro eran conversos del judaísmo, porque los judíos eran la clase media ilustrada en los albores de la edad moderna. De esta gran obra se tiraron 600 ejemplares y se vendieron muy pocos.
En la época de Gutenberg, los libros impresos eran poco apreciados por los coleccionistas de la clase nobiliaria. Pero no solo se editaron biblias y libros piadosos en latín. Conviene recordar que el latín era la lengua culta en el momento de inventarse la imprenta y que poco a poco fue perdiendo terreno frente al avance irresistible de las lenguas romances. Al principio, en España, la clases dirigentes dudaban entre el latín y el castellano.
En 1507, el Cardenal Cisneros creó la Universidad de Alcalá con una orientación pedagógica que a muchos les pareció revolucionaria. El nuevo claustro de Alcalá era humanista y chocaba con la tradicional visión escolástica de Salamanca. La Inquisición miraba con lupa a profesores tan famosos como Nebrija. Por primera vez se pretendía acudir a las fuentes documentales para interpretar la Biblia, siguiendo el ejemplo de Erasmo en Los Países Bajos. Para preparar el nuevo claustro de profesores el cardenal Fonseca se había traído de Bolonia a Antonio de Nebrija. Nebrija, como latinista trabajaba en la versión latina de la Biblia Políglota y en sus ratos de ocio escribía la primera gramática castellana. El "Arte de la Lengua Castellana" se publicó en 1492. En esas mismas fechas se terminaba de escribir en castellano "La Celestina", que no era precisamente un ejemplo de literatura piadosa.
Para la gran mayoría de los coleccionista españoles, los manuscritos antiguos y los incunables son libros inalcanzables. Pero existen muchos libros maravillosos, impresos a partir del siglo XVI, que pueden comprarse en nuestro país. En España, el coleccionismo de libros antiguos se está recuperando porque, con la televisión y los ordenadores, el libro había perdido buena parte de su prestigio sociocultural. La distancia de nuestros precios con las tarifas europeas se va acortando progresivamente respecto a los libros con más de cien años de antigüedad. La Casa de subhastes de Barcelona, por ejemplo, ha vendido a principios de esta temporada en 4,5 millones de pesetas el primer texto constitucional catalán, impreso en 1495 en Barcelona.

MANUSCRITOS E INCUNABLES
Continuando con las referencias a libros antiguos, quiero referirme un poco a los manuscritos e incunables, piezas básicas de cualquier biblioteca antigua y como no piezas apreciadas por coleccionistas e bibliófilos en general.
Los manuscritos, son los más caros y por lo tanto las piezas más cotizadas a nivel de profesionales del libro antiguo o de coleccionistas de alto poder adquisitivo, de momento uno de los manuscritos más caros subastados en Madrid fu el testamento de Quevedo, por el que se pago la nada despreciable cantidad de unos ocho millones de pesetas; aunque la cifra nos resulte algo abultada a los bibliófilos lucenses, es casi ridícula comparada con los récords que alcanzaron algunas obras subastadas en Nueva York donde se pagó 4.400 millones de pesetas por una manuscrito de Leonardo Da Vinci en el año 1995 ello en sí fue un echo insólito dado que superó con mucho todas las ventas que se habían echo hasta el momento. Esto nos lleva a pensar que invertir en manuscritos de cierto interés histórico es rentable, pero también arriesgado, hay que conocer muy bien la materia y saber vender la pieza en la feria o subasta edecuada, nunca se debe tener prisa en desprenderse de una pieza histórica, no obstante uno no debe dormirse en los laureles, es decir, entran en juego varios y diversos factores a la hora de valorar una obra de este tipo, la fecha en que fue realizada, el tipo de pergamino o vitela empleada, el tipo de letra empleada, la materia que trata, la perfección, colorido, e iluminación de sus representaciones miniadas. En nuestro país suelen subastarse o venderse en ferias de libro antiguo algunos manuscritos, sobretodo cantorales, cuyo precio varía de acorde con lo anteriormente expuesto, pues un manuscrito litúrgico catalán se vendió hace poco en 1.700.000 pts. y los expedientes de hidalguía en vitela suelen superar las 500.000 pts. mientras que los realizados en papel tienen escaso valor.
Los incunables son los libros impresos durante el siglo XV, aunque los países escandinavos, debido a la tardía incorporación de la imprenta a sus culturas, suelen prolongar el período incunable hasta 1550.
El vocablo incunable deriva del latín "cunabulum", cuna, "incunabilis" viene a decir libros que proceden o estuvieron en la cuna de la imprenta y la primera referencia que se tiene a dicha palabra se halla en un folleto publicado en Colonia en 1639, que lleva por título "De ortu et gressu artis typographicae".
Gutemberg fue el inventor de la imprenta, iniciando los trabajos con tipos móviles de madera. Como no podía ser menos el primer libro impreso fue una Biblia, la famosa Biblia de Gutemberg, cuya tirada estuvo reducida a 180 ejemplares, de estos diez son propiedad de particulares, vendiéndose un ejemplar en 150 millones de pesetas; pero los incunables en un principio fueron los libros de los pobres, pues no tenían el atractivo de los manuscritos miniados que componían la mayoría de las bibliotecas de la nobleza europea en esa época y en España tenía una buena colección de ellos la biblioteca del Marqués de Astorga una de las mejores del siglo XVIII. Nuestro país fue más bien tardío en la materia pues el primer libro español impreso es el "Sinodal de Aguilafuerte" que recopila las actas de un sínodo celebrado en esa villa de la provincia de Segovia en 1472, siendo su impresor Juan Párix; en nuestro país fueron abundantes los títulos editados pues actualmente se conoce la existencia de más de un millar de títulos, luego la imprenta se extiende por otras provincias, en realidad eran impresores transumantes que acudían donde eran llamados, en 1474 se emprime en Valencia las "Obres e trobes en lahors de la Verge María", en 1475 llega la imprenta a Barcelona y Zaragoza, en la primera ciudad se edita el"Rudimenta Grammaticae", de Perotus. Es Salamanca cuna del saber, su universidad compite con las mejores de Europa y en ella hacen falta libros de todo tipo, es aquí donde la imprenta tiene un gran auge publicándose más de 150 títulos; Sevilla y Tortosa acogen el evento en 1477, a Lérida llega en 1479, a Mallorca y Valladolid en 1480, Montalbán, Guadalajara, Zamora y la metropolitana ciudad de Toledo tienen sus primeros libros impresos en 1482, algo más tarde llega este invento a Burgos, Gerona, Santiago de Compostela, Tarragona, Murcia, Coria, Pamplona, Granada y como no podía ser menos también llegó a Mondoñedo antes de 1497. Tengo entendido que el mejor incunable gallego es el "Misal Auriense", impreso en Monterrei por Gonzalo Rodrigo de la Pasera y Juan de Porras el 3 de febrero de 1494, del que a Xunta de Galicia en la colección "Bibliófila de Galicia" hizo una edición facsímil; del incunable de Mondoñedo no se conserva ningún ejemplar en Galicia, pero sí uno en la biblioteca de Evora (Portugal), del que también hay una edición facsimilar, en Lugo capital no se tienen noticias de que se hubiesen publicado obras de este tipo y por lo que parece la imprenta fue muy tardía aunque conozco un libro impreso en 1541, que lleva por título "Practica Celeberrimi" y es muy probable que fuese editado en Lugo, aunque ello de momento no lo puedo confirmar.
Indudablemente que los incunables son libros caros y escasos aunque no imposibles de encontrar pues suelen ser piezas habituales de subastas o de ferias del libro antiguo, su precio es muy variable oscilando desde unas 250.000 ptas. hasta alcanzar varios millones; no obstante también hay particulares en esta ciudad que entre sus joyas bibliográficas aflora alguna obra de este tipo.
Los ex libris, algunos ejemplares de las ocho constituciones que hasta el momento hubo en España, las primeras ediciones de la generación del 98 ó las del 27, son piezas interesantes, que bien se merecen otro capítulo, lo mismo que las primeras ediciones gallegas, ello será objeto de otro comentario.
López Pombo, Luis
López Pombo, Luis


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