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Guía del coleccionista de sellos I: Introducción

lunes, 29 de noviembre de 2021
Cartel de la Exfilna 2021 y hoja bloque dedicada a Lugo

Lugo fue sede este año de la Exfilna 2021, la exposición nacional de filatelia, y muchas personas se acercaron por curiosidad y acabaron viendo que es un mundo apasionante y muy variado. A partir de la semana que viene iré explicando cómo se hace una colección de sellos y varios conceptos básicos sobre la filatelia, que seguramente podrán interesarles a algunos de ustedes.

Este blog no tiene una motivación económica, ni siquiera me repercute de manera alguna que tenga más o menos visitas, por lo que me puedo permitir el lujo de escribir sobre cosas que no son interesantes para el gran público, y así hay artículos con miles de visitas y otros con unas pocas decenas. Soy plenamente consciente de que los temas culturales son los que menos visitas generan (es curioso porque todo el mundo afirma estar muy interesado por esas cuestiones) pero ya les digo, me da bastante igual.

Así que, como les decía, voy a dedicar una serie de artículos a la filatelia. No sé ni cuántos ni durante cuánto tiempo lo haré, según me vaya saliendo, pero me gustaría que puedan tener una modesta referencia sobre el coleccionismo de sellos y las nociones básicas sobre esa afición que, asumámoslo, no está en su mejor momento y tiene un futuro bastante sombrío dada la involución del correo postal.

Hoy, a título de curiosidad, les voy a contar la historia (según se dice, real) de cómo se inventó el sello de correos moderno. Hay algunos hallazgos arqueológicos que hablan de sistemas similares de hace siglos, pero me voy a centrar en lo que es la filatelia tal y como hoy la conocemos.

Antes de la invención del sello de correos, los envíos los pagaba el destinatario según la distancia recorrida. Si éste rechazaba la carta, el servicio de Correos no recibía ni un céntimo por lo que hacía el trabajo sin contraprestación alguna.

El inventor del sello fue Rowland Hill, un profesor de matemáticas que a mediados de los años 30 del siglo XIX observó en una posada una cosa singular: el cartero llegó con un envío para la posadera, que ella rechazó afirmando no tener dinero para pagar su coste. Amablemente se ofreció a pagarlo el señor Hill, pero ella le indicó que no era necesario, ya que la carta no tenía nada dentro. Era un sistema que usaba con su familia para, sin abonar coste alguno, recibir un mensaje de que todos estaban bien. Hacían el envío y tal y como escribían las señas en el sobre el receptor sabía que no había malas noticias sin necesidad de recibir la carta, por lo que cumplía su función sin pagar.

Esto hizo que Hill pensase en un nuevo sistema que evitase la picaresca, y su idea fue la creación del sello de correos, una forma de "prepago" por un envío. En febrero de 1837 presentó esta idea en su "Post Office Reform" que, tras una larga tramitación, dio lugar al primer sello de correos de la historia, el conocido como "Penny Black" (como es obvio por costar un penique y ser de color negro), con la imagen de la Reina Victoria y que comenzó a circular en mayo de 1840.

Diez años más tarde, el 8 de enero de 1850, España emite su primer sello utilizando el mismo sistema, el seis cuartos negro (de nuevo el valor y el color son los que denominan al sello) con la imagen de la reina Isabel II. 171 años después, el sello de correos sigue entre nosotros. Con sus altibajos, sí, pero ahí lo tienen.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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