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'Cuenta todo en tu casa'

martes, 23 de noviembre de 2021
Había una vez un niño que estaba muy enviciado a meterse en páginas de ordenador, un mundo que a de ser muy controlado por los padres y educadores en cualquier edad y más aún en la adolescencia, como era el caso del protagonista de nuestra historia. Sus padres al ser un chico muy estudioso y responsable confiaban plenamente en él, pero aquel muchacho tan preparado según ellos era eso, un chico que podía caer en cualquier peligro dada la inocencia propia de sus años y a ello se suma la curiosidad y deseos de vivir nuevas aventuras.

Después de venir del cole iba a jugar con sus compañeros de barrio, pero esa bonita costumbre, tan socializadora en esas edades, iba siendo abandonada por el joven. Desde hacía un tiempo llegaba a su domicilio y, una vez tomada la merienda, se encerraba en su habitación. Los padres como estaban preocupados por otros temas, sobre todo la cuestión económica del hogar, no prestaban atención a este cambio de costumbres en el chico es más, una vez dijo la madre a una amiga:
-"Tenemos un hijo muy maduro, pues ya ni sale a jugar a la calle; se dedica a estar en su cuarto trabajando en la realización de sus tareas y deberes académicos."

La otra mujer le dijo:
-"No es bueno para nadie meterse entre cuatro paredes, y mucho menos en la adolescencia. Puede llegar una persona a ser dominado por ideas o pensamientos no totalmente beneficiosos para su salud mental."

Ella contestó:
-"En el caso de mi hijo no sucederá".

A lo que la vecina respondió:
-"No te fíes de nada, ni de nadie, recuerda bien es aún un niño."

Antes de despedirse le recordó e insistió:
-"Amiga, la calle puede ser mala, pero peor es el excesivo recogimiento."

Pasarían los meses y aquel niño fue cambiando sus actitudes respecto a las relaciones familiares, pues ya no se le veía sentado con sus padres manteniendo una conversación familiar. Es más hasta se lleva su comida al cuarto. Si los progenitores le preguntaban pidiendo explicación al respecto contestaba con monosílabos y eludiendo todo diálogo. Verdaderamente que hacía toda su vida del hogar en su habitación. Era tal la situación que un día dijo el marido a su mujer:
-"El niño tiene unos comportamientos muy anómalos que no me gustan. Hemos de preguntarle sobre sus amistades actuales."

La esposa dijo:
-"No sé si tiene pues, como sabes, pasa todo el tiempo aquí en casa."

Lo llamaron y le preguntaron:
-"¿Por qué estás tan cambiado y casi no hablas con nosotros? Parece que te tienen absorbido."

El joven iba a contestar pero en ese momento recibió una llamada y, sin decir a sus padres ni palabra, dio un portazo y se encerró en la habitación a atender a quien contactaba con él.

El hombre, mirando a su mujer con gesto de mucha preocupación, dijo a la compañera:
-"Ves, esto no me gusta nada."

Se marchó el matrimonio a descansar pero, no podían conciliar el sueño ya que estaban sumamente agobiados porque el hijo no obraba con un comportamiento como lo tenía antes. Si supieran lo que ocurría tras los cuatro tabiques, entonces si que se arrojarían de la cama y le suplicarían que hablara con ellos. El chaval en su navegar por las redes había sido capturado en una terrible. El pequeño no podía salir de su habitación y en ella había quedado preso de un pedófilo que le acosaba sexualmente y, poco a poco, tenía en su poder imágenes fotográficas de las partes íntimas del adolescente y ahora, al tenerlo en sus manos, al hacerle su víctima sexual le chantajeaba.

Un día le dijo a su acosador:
-"Quiero que me dejes en paz. No hago más videoconferencias, en ellas solamente me pides hacer porquerías . Estoy arrepentido de haberte conocido. Déjame marchar".

Pero el depravado malvado le contesta:
-"Ahora es tarde, eres como de mi propiedad. No cuentes nada , puedo hacer daño a tu familia, ya que, sin darte cuenta me has ido contando todo sobre ella. No te permitiré que marches, tu cuerpo sexualmente me pertenece, me has dado y me das mucho placer."

El chico apagaba la conexión y lloraba desconsoladamente pero, temiendo represalias volvía a abrir la pantalla y a entregarse a todas las peticiones eróticas del pedófilo. Aquello que en un principio le pareció un inocente juego ahora resultaba ser adición terrible.

Los padres veían que el muchacho estaba a punto de repetir curso, sus notas eran muy negativas, el profesorado no cesaba de mandar quejas y citarlos para tratar el tema.

En una de esas periódicas reuniones el director del instituto les dijo:
- "Miren, las reacciones de su hijo son propias y características de quien sufre acoso o algo por el estilo: Hemos hecho un seguimiento aquí en el centro y no encontramos indicios de que sea objeto de la misma en él, pero son ustedes los que deben realizar el control en la casa".

Marcharon al hogar y el padre propuso esto:
- "Vamos a hacer una cosa, antes de que venga del cole le revisaremos el ordenador. Puede que ahí encontremos la causa del problema. Nuestro hijo debe estar enganchado en alguna página extraña".

La señora le dijo:
- "Creo que debemos decírselo a él y juntos entremos en internet”.

Ambos pasaron la tarde deseando y, al mismo tiempo temiendo la llegada del muchacho. Cuanto que abrió la puerta le abordaron:
- "Hijo, por favor, cuéntanos el problema que estás viviendo. Nosotros tus padres podemos ayudarte."

El muchacho, viendo que ya no había salida, llorando confesó todo:
"He caído en la red de un pedófilo. Estoy atrapado. Mantiene conmigo relaciones por video conferencia. Me amenaza con hacernos daño a toda la familia si lo descubro. Al principio, cuando me pedía fotos de desnudos míos, creía que era un juego pero ahora comprendo que soy una víctima de su acoso sexual. Cada vez que quiere tengo que estar a su disposición. Me tiene en sus manos".

Los padres al oír el resumen tan terrible también lloraban pero el marido dijo:
- "Ves, hay que contar todo en casa, en ella es donde nos reguardamos y hacemos frente a los peligros externos."

En ese momento marcaron el número de la policía y al poco se presentaron dos agentes de la misma en el hogar quienes les tomaron declaración y luego llevaron el ordenador con ellos. Allí en esa máquina encontraron todos los datos para descubrir al sujeto que estaba, vía la pantalla, violando y forzando a un chico.

Por fin pudo ser detenido aquel abusador que , según los datos recabados, no solamente tenía por víctima a este muchacho, pues el listado era bastante grande. Fue encerrado donde deben estar los que obran como tal, en prisión.

Aquel muchacho recobró su alegría y dejó de entrar en páginas que pueden ser un peligro para gente de su edad.

Han pasado los años tiene ya una familia e hijos más o menos de la edad con que él sufrió aquellos abusos y ahora a su esposa le dice:
- "Para que nuestros hij@s no se pierdan en el bosque de la vida y sean víctimas de lobos sexuales hemos de preocuparnos de hacerles un seguimiento de sus actividades".

Y a sus hij@s lo siguiente:
- "Contad todo en vuestra casa. Tus padres son tu ayuda para no caer al vacío. La familia y la escuela son los dos soportes fundamentales para que te balancees feliz en el mundo y que nadie se adueñe de tu voluntad haciéndote sicario suyo mientras él disfruta vilmente".

Al mínimo cambio de actitud de los más pequeños de la casa hay que tomar la iniciativa para salvar de sufrir acoso sexual. Nunca piensen los padres que el peligro está en las mujeres, la amenaza pedófila se cierne como águila sobre las cabezas de cualquiera sin distinción de sexo.

Los de esta historia se confiaron demasiado, creían que el niño en su casa está a salvo de riesgos pero no cayeron en la cuenta que hoy día el acosador entra por cualquier sitio . La ventana del ordenador, esa pantalla, es ideal para que en tu misma casa tus queridos hijos puedan ser objetivo de esos acosadores.

Al mínimo indicio denunciemos para que sea localizado ese enemigo antes de que queden en el hombre del mañana las secuelas y traumas que permanecen aún en aquel que hoy, hasta le cuesta conectarse en el ordenador al recordar aquel tiempo que debía ser maravilloso y resulto un infierno.

Padres y educadores estemos alerta, no solamente está el peligro en la vía pública hay otros callejones que tienen muchas salidas y, si te llevan a una de ellas puedes ser una víctima sexual y en caso de entrar saber salir pidiendo ayuda con la denuncia en cuestión.

(Cuento Distinguido con una Mención de Honor en el Certamen "El Abuso Sexual no es un Cuento" organizado por el Instituto de las Mujeres del Estado de San Luís Potosí y la Universidad Autónoma de San Luís de Potosí. México, 2021).
Pol, Pepe
Pol, Pepe


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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