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Los tejados de la Catedral de Santiago

martes, 16 de noviembre de 2021
Las vacaciones son algo maravilloso. Jamás he comprendido a los que dicen que si les toca la primitiva seguirían trabajando... pero oigan, tiene que haber de todo en el mundo.

La semana pasada estuvimos de vacaciones, en Lugo, sin viajar ni nada, simplemente disfrutando de unos días libres, tomándonos las cosas con calma. La única cosa extraordinaria que hicimos fue ir un fin de semana a Santiago, y de eso les voy a hablar.

Hace algunos años, no demasiados, hice la visita a los tejados de la Catedral de Santiago y el sábado pasado la repetí porque el grupo de amigos con el que fuimos de fin de semana no los conocía. Pues comprobé que yo tampoco. El cambio ha sido tan brutal que si han hecho esa visita les recomiendo repetirla.

Tuvimos una suerte extraordinaria con la guía que nos tocó, ya que no sólo era interesante lo que decía, sino que transmitía pasión por la historia de la Catedral y, por extensión, de la ciudad de Santiago y la época en que se hizo el edificio y se acometieron sus transformaciones. Les voy a destripar un poco la visita, pero aun así les recomiendo que la hagan, merece la pena.

Lo que vemos de la Catedral de Santiago es, en gran parte, una ilusión. La fachada del Obradoiro, por ejemplo, una de las imágenes más icónicas del templo, es simplemente un montaje que oculta la primitiva fachada románica, que sigue ahí debajo (de hecho el Pórtico de la Gloria es parte de la misma) y no se destruyó para hacer la nueva, solamente se "tapó". Lo mismo ocurre con casi todo el contorno del templo, que disfraza su estructura románica con añadidos de otras épocas.

Desde el tejado se aprecia todo esto perfectamente. Se ve la planta del edificio original, que ya era peculiar en sí mismo (es altísimo, algo que contradice lo que damos por sentado en el románico, y tenía muchísimas ventanas y luz, otra cosa que nos choca en un edificio de esa época).

En los últimos años no sólo se ha acometido una restauración integral de la Catedral, sino que se ha sustituido completamente el techo de piedra aligerando el peso en nada menos que 750.000 kilos de piedra, reemplazándola por otro sistema más liviano y que permite que el tejado "respire", lo que reduce los problemas de humedades y demás.

La visita es cara, realmente cara. 12 euros la entrada es un dineral a pesar de que incluye la visita al Museo, donde pasan casi desapercibidas innumerables joyas y reliquias como piezas del Maestro Mateo que se desmontaron del templo original e incluso tapices de Goya. Si además quieres ver el Pórtico de la Gloria tienes que pagar 20 euros en total (la entrada del Pórtico son otros 12 euros pero si coges las dos te "rebajan"), que es una fortuna sobre todo si tenemos en cuenta que esas obras las hemos pagado entre todos.

Sin embargo la entrada a la Catedral sigue siendo gratuita. Cruzar la Puerta Santa, visitar el supuesto sepulcro de Santiago, pasear por la Catedral... no te cuesta ni un céntimo a diferencia de lo que ocurre en Lugo, algo que como quizá recuerden siempre he criticado. Santiago no ha cometido ese error porque es un templo de peregrinación (se supone que el de Lugo también) y no tendría sentido. Cobrar por ver cuestiones anexas es otra cosas: museo, tejados, torres... es un tema diferente y sólo me chirría el caso del Pórtico de la Gloria.

El Pórtico es una parte inherente de la Catedral de Santiago y si bien su restauración ha sido multimillonaria y es comprensible que se busque su mejor conservación, no es menos cierto que esa inversión ha sido soportada en gran parte por el dinero de todos y que visitar la Catedral sin ver la obra del Maestro Mateo es, como mínimo, raro. Si además le sumas que a cambio de tus 12 euros sólo te dejan entrar a hacer una visita de media hora, con una audioguía que te tienes que bajar al móvil (lo que, por cierto, deberían indicar en la entrada para que lo hagas antes de ir, que si no te pasas media visita esperando a que bajen los audios) suena a tomadura de pelo.

La Catedral de Santiago es un espectáculo, y como tal se comercializa casi todo. De hecho fuimos a la misa del Peregrino con la esperanza de ver el Botafumeiro en acción... y no. Sólo lo ponen en días señalados y si algún grupo de peregrinos lo solicita... y lo paga. Esto último es lo que más chirría.

Tal vez las subvenciones e inversiones públicas deberían ir condicionadas a la gratuidad de la entrada o, al menos, a fijar precios razonables, pero claro, si tenemos en cuenta que nos cobran por entrar al Museo del Prado tampoco es que podamos sostener ese argumento con facilidad.

En todo caso y a pesar de los pesares, si van a Santiago con calma les recomiendo muy vivamente hacer la visita de los tejados y el Pórtico. Si hay que elegir me quedaría con la primera, pero quizá sea algo muy particular porque el Pórtico me lo conozco de memoria. Cuando estudiaba en Santiago rara era la semana que no iba a visitarlo (pasaba por allí delante a diario) y uno tiende a ir a los sitios "nuevos".

Merece la pena.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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