Opinión en Galicia

Buscador


autor opinión

Editorial

Ver todos los editoriales »

Archivo

La barandilla del parque

lunes, 08 de noviembre de 2021
Siempre me gustó ir al parque. A cada edad por un motivo diferente. Cuando niño, por jugar. Durante los años de mi carrera, por ver árboles así como para recolectar plantas en las cuestas con las que ir haciendo mi herbario, obligatorio para los estudiantes de entonces. Hoy voy a pasear y a recordar. Siempre me gustó disfrutar del paisaje, siempre nuevo y singular, que se disfruta desde el mirador.

El Miño pasa a nuestros pies ofreciéndonos una sabia lección de geología. Vemos sus zonas erosionadas y las de depósito mientras, tranquilo, sigue su curso. Es bonito verlo desde el mirador e interpretar cuanto nos ofrece. Nosotros en medio, viendo pasar el tiempo y sus modos de hacer.

A veces me gusta desnudar una ciudad y reducirla a su orografía inicial, anterior a la acción humana. Hablaré más de esto, pero hoy pienso en la pendiente sobre la que se asentó el terreno que constituiría la base sobre la que se estaría el parque, nuestro parque que debería tener superficie horizontal. Podemos imaginar la pendiente original viendo el declive que describe la calle vecina, la del Dr. García Portela. Aunque la caída es suave, al final de la zona destinada a parque el desnivel era de una cierta consideración.

El encargado de dotar al parque de las infraestructuras necesarias fue Eloy Maquieira, arquitecto municipal que ya había realizado obras notables en nuestra ciudad. Todos pasamos a diario ante construcciones suyas sin saberlo, pero disfrutando de la belleza urbana que contribuyó a crear. Con el parque, daría cuerpo a la iniciativa del alcalde de entonces, D. Antonio López Pérez, de feliz recuerdo entre nosotros.

En el parque, su impronta no iba a ser diferente. Me gusta encontrarla en sus estructuras de entrada, en la pérgola, siempre hermosa y romántica, en la escalera de bajada a las cuestas y en toda la balaustrada que corona el muro de contención de cuantos elementos fue necesario acopiar para conferir horizontalidad al terreno. Porque todo el mirador corona bonitamente un robusto muro al que era preciso conferir la solidez necesaria para sostener todo el empuje del material allí almacenado. Coronó de forma bella el paredón, dotándolo de una barandilla esbelta y grácil que disimulase su finalidad de solidez, dando aspecto de elegante belleza.

Todos la conocemos, es bonita, con aspecto de ligera y tenue. Dividida en módulos jalonados por altos obeliscos de sección cuadrada y base con escocias curvas. El extremo superior de los obeliscos remata con una parte cilíndrica, corta y estriada en espiral y, desde hace un tiempo, con un farol. Cada obelisco se asienta en el suelo mediante una base y repisas, también macizas. A lo largo, la barandilla corre formada por tramos macizos y por otros de aros colocados en posición frontal al espectador. También hay porciones de baranda maciza.

Todo hormigón, tan denostado por muchos. Hormigón recién incorporado a la construcción lucense de la mano de Maquieira y que tantos rincones bellos nos iban a dejar. No, el hormigón no es malo, como no lo es el granito ni cualquier otro material de construcción. Lo malo puede ser la mente que los utiliza y el fin con que lo hace. Me gusta el hormigón utilizado en las construcciones de entonces.

La barandilla de la que hablo es blanquecina en su totalidad. Todas las diferencias cromáticas que se puedan observar en ella son debidas a efectos de luces y sombras generados por los perfiles que posee. No obstante, el autor echó mano, siquiera de modo mínimo, de azulejos de intenso color, azul ultramar, para que hiciesen un fuerte contraste con la totalidad de la obra. En la base de cada repisa vemos un azulejo, solo uno, de ese color. Ese fuerte contraste confiere una profunda serenidad al conjunto. El resultado de esos colores, su intensidad y proporción, me recuerdan obras pictóricas coetáneas.

Cuando vayamos al parque, veremos personas que sin preocuparse de esto, se recrean en las vistas del Miño y disfrutan del bienestar que les brinda la obra centenaria. Así desde su construcción. El autor supo conferir belleza a una necesidad estructural. Belleza que trasciende al tiempo, como todo lo bien hecho y hermoso.
Valadé del Río, Emilio
Valadé del Río, Emilio


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


PUBLICIDAD
ACTUALIDAD GALICIADIGITAL
Blog de GaliciaDigital
PROMOCIÓN
PUBLICACIONES
Publicaciones
Publicaciones Amencer
Revista Egap
Obradoiro de Artesania