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'Aromas divinos, los campesinos'

lunes, 25 de octubre de 2021
Es martes, en la plaza mayor de Saldaña y en sus calles aledañas, como es día de mercado, hay mucho gentío, pues de esa comarca y de otras mucho más lejanas vienen compradores y vendedores de productos de esa ubérrima tierra. Son muchos los stands de variados productos y utillaje agropecuario. Entre los que ofrecían sus artículos estaba uno que para los feriantes no les era conocido; por primera vez lo veían participar en ese mercado, no asistió a otras como Las Candelas, la de San José, Frisonas ni ninguna otra. Pero eso no resulta impedimento para que esta fuera su primera participación y acudiera en los siguientes martes del año y en la de Santa Úrsula traiga sus alubias. Cuando el desconocido instaló su tenderete, todos quedaron asombrados porque no tenía ningún producto embalado en cajas ni expuesto.

Al no tener confianza con él nada le dijeron, entre ellos cuchicheaban burlándose:
- "Ja, ja, mirad, debe ser loco, pues coloca su puesto y no tiene nada que vender!"

Otros decían:
- "Igual se vende él".

Todos pregonaban sus productos:
Uno gritaba:
- "Señores y señoras, traigo la mejor miel de toda Castilla; si la degustan me comprarán tanta que tendría que traer más".

Otro proclamaba:
- "Vendo alubias de Saldaña, las mejores de toda Castilla y España. Consíguelas antes de que sea la feria de Santa Úrsula."

Un tercero:
- "Vengan, aquí está el pan de trigo o centeno de las tierras de Palencia, el mejor del mundo entero."

Más al fondo anuncian vinos:
- "Para subir a visitar las ruinas del castillo de Saldaña, llévate una bota llena de vino y el camino harás con alivio, pero no te olvides de visitar el Palacio del Marqués de Valdavia y las iglesias de San Miguel, San Pedro y la ermita de Nuestra Señora del Valle, entre otras muchas joyas arquitectónicas de Saldaña."

Algo más lejos, otro mercader vocea:
- "El generoso Carrión ofrece el agua para regar nuestras tierras pero yo aquí os traigo las botellas de las de Camino de Villalafuente y también puedo ofrecerte las medicinales de Casa de Osorio."

Todos en aquella calurosa jornada estaban enfrascados a hacer propaganda de lo que vendían.
Por fin, el que parece que nada tenía que anunciar, alza su voz:
- "Visitantes del grandioso mercado de Saldaña, acérquense, por favor, he aquí la mejor aroma, la divina y campesina."

Los curiosos miraban pero, al no ver frasco alguno sobre la tabla que servía de expositor, prosiguen de largo comentando:
- “Ese se ha escapado del manicomio. Pobrecillo, está fatal!!"

Nadie se detenía, pero una mujer, que va del brazo del esposo, sí se para ante aquel hombre y mirándole le espeta:
- "No haga burla de las mejores colonias y fragancias. Pueden denunciarlo si viene vendiendo humo, pues si trae algún frasquito de esencias engañosas se verá con la justicia porque yo que regento en Madrid perfumerías me encargaré de hacerlo. Muéstrenos ese aroma."

El vendedor, sin inmutarse ante la amenaza, esto dice:
- "Señora, no se soliviante, yo ofrezco pero no vendo ese aroma porque sería imposible traerlo aquí, no cabe en frasco alguno. Pero esos perfumes que usted usa y vende no se pueden comparar al aroma de todos los aromas."

El esposo u acompañante de la dama no dice esta boca es mía. Se encarga ella de gritar:
- "No siga engañando al público!!"

Los demás asistentes se van acercando al puesto donde parecen discutir.

El vendedor levantando su índice hacia el cielo exclama:
- "Válgame Dios, esta señora no conoce la fuente de todas las colonias. La emplazo para que pronto ella en persona venga otro martes a buscar a Saldaña a ese manantial que encantado le mostraré pues, no solamente ofrece el olor de los olores, es que quien la usa vive la vida más sana y pura."

Dicho esto desaparecieron el stand y el hombre de extraña y rara vestimenta. La mujer mirando al marido le preguntó:
- "¿Ha sido un sueño?"

Entonces habló el cónyuge:
- "Amor, no ha sido un sueño. Creo que lo he entendido. Mira ahí en el suelo. ¿Ves ese papel? ¿Qué dice?".

La mujer lo cogió y en él leyó:
"San Isidro, del campo defensor y amigo".

Ella rompió el papel y lo arrojó al suelo diciendo:
-"Anda, eres tan creyente que me quieres hacer ver que ese santo era el vendedor. Nada de eso, es simplemente un charlatán de feria."

Marcharon a su residencia en Madrid. No volvieron a hablar del tema. La señora seguía bañándose en colonia y regentando su cadena de perfumerías. De repente España entera se ve invadida por el virus. La mujer hubo de cerrar sus negocios, el marido entró en paro y, encerrados en confinamiento mirando hacia los campos decían:
- "¡Quién pudiera estar dando paseos por el campo oliendo a tierra húmeda cuando llueve, a hierba recién segada y a tantas cosas del rural!."

Meses estuvieron, como todos los españoles, confinados y asustados con el miedo a contagiarse del terrible virus. Cuando levantaron el cierre perimetral una mañana, al levantarse le comenta el marido:
- "¿Sabes lo que soñé? Qué íbamos a Saldaña y allí encontrábamos de nuevo a aquel vendedor y nos dio el elixir de la gran felicidad".

Ella, con prontitud responde:
- "El próximo martes vamos a ese mercado palentino, verás cómo no volvemos a ver a ese fantoche."
Ella no lo decía pero, era la primera en desear volver a verlo.
Llegado ese día se marcharon a Saldaña. Buscaron entre los puestos y no lo hallaron cuando ya iban de regreso lo encontraron. En esta ocasión conduciendo una yunta de vacas por el puente viejo del río Carrión. Se detuvieron para que pasara y... Sorpresa!
Era aquel vendedor quien les saludó quitándose el sombrero en actitud reverente inclinó su cabeza.

El marido grita:
- "Ves, qué te dije, es San Isidro"

El santo contesta:
- "Usted lo ha dicho!"

La mujer pregunta:
- ¿Hoy no ofrece aromas?

San Isidro responde:
- "Veo que viene a buscarla, pero esa no se puede llevar, hay que quedar a vivir con ella para disfrutarla. El aroma de los aromas, ese del que les hablé es todo ese”.

Diciendo esto señaló con su vara para las tierras que le rodeaban:
- "Señores, ustedes han sufrido con este confinamiento y han comprendido que la colonia y fragancia mejor es la que nos impregna de libertad y felicidad y eso solamente se logra en el rural. El campo no solamente nos da pan, nos proporciona la seguridad de una buena salud y toda una serie de valores."

Dicho esto desapareció. El matrimonio prosiguió viaje y, nada más llegar a Madrid pusieron en venta sus inmuebles y compraron una casita en una aldea de Saldaña y en sus paseos por el agro comentan:
- "Suerte tuvimos con escuchar el consejo de San Isidro. Los aromas del campo no hay dinero que los pague. Esta pandemia ha venido para propagar más el perfume rural, ese que, cual cruz ante el demonio, el virus aleja.

(Finalista en el Certamen de Relato Corto 'San Isidro'. Saldaña, Palencia. 2021).
Pol, Pepe
Pol, Pepe


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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