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Hablemos de amor... y de caminos

domingo, 24 de octubre de 2021
[De una celebración de la Palabra, en memoria de los inmigrantes que mueren sin alcanzar la meta de su camino.]

Queridos: Hemos oído, como palabra del Señor, la revelación de un gran misterio: "Si Dios está a favor nuestro...". Esas palabras no expresan una posibilidad entre otras, como si dijesen: "en el caso de que Dios esté a favor nuestro" Al contrario, expresan una certeza, como si dijesen: "sabemos que Dios está a favor nuestro". Y esa certeza sostiene la confianza del creyente, su esperanza, su firmeza, su fortaleza.

Si os preguntáis de qué manera está nuestro Dios "a favor nuestro", no busquéis la respuesta en las ideas religiosas que cada uno pueda tener; buscadla más bien en lo que Dios mismo ha manifestado a todos al darnos a su Hijo Jesucristo.

El apóstol Juan lo contempló así: "Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único para que tenga vida eterna y no perezca ninguno de los que creen en él".

La fe no nos enseña a decir grandes cosas sobre el amor de Dios, sino que nos lleva a reconocerlo y acogerlo en ese Hijo que se nos ha dado para que tengamos vida y la tengamos en abundancia.

Si tal es el amor que Dios nos tiene, si de esa manera el Señor está a favor nuestro, me pregunto con el apóstol Pablo: "¿Quién estará contra nosotros?" Y la respuesta que se sobreentiende es: Nadie.

Si miramos al Padre del cielo, nos encontramos con la grandeza de su amor, revelado en el don de su Hijo: él no estará nunca contra nosotros.

Si miramos al Hijo de Dios, a Jesucristo nuestro Señor, nos encontramos con la grandeza de su amor, revelado en la entrega de su vida, en el misterio de su muerte, de su resurrección y de su ascensión a los cielos: él no estará nunca contra nosotros.

Queridos: conocéis de cerca, muy de cerca, por haberlo experimentado en vuestra carne, el sentido de las palabras "aflicción, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, espada". Conocéis de cerca la soledad, el miedo, la clandestinidad. Muchos de vosotros sabrían describir el olor de la muerte, por haberla sentido al lado durante tiempos interminables. El apóstol, experto como vosotros de sufrimientos y naufragios, se pregunta y nos pregunta: "¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?" Y la respuesta que se sobreentiende es: Nadie. ¡Nada ni nadie podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro!

Vosotros conocéis los caminos de sufrimiento de la humanidad: caminos en el desierto, caminos en la ciudad, caminos en los bosques, caminos en el mar. Vosotros entráis en esos caminos con la esperanza de que os lleven a una tierra mejor, a una mayor libertad, a un mundo más justo. Entráis en esos caminos con la decisión de quien todo lo arriesga por alcanzar una meta, que para muchos de vuestros hermanos ha sido sólo la muerte. Yo no puedo apartaros del riesgo de la vida, no puedo apartaros de vuestros sueños, no puedo protegeros de quienes os entregan a la muerte como si no fueseis sus hermanos. Pero puedo mostraros, entre tantos caminos de sufrimiento sin esperanza, un Camino trazado por quien os ama hasta dar la vida por vosotros, un Camino de esperanza con sufrimiento, un Camino que nunca termina en la muerte, pues el mismo que se ha hecho Camino para nosotros, en también nuestra Vida.

No tengáis miedo. Cristo os ama. Él es vuestro Camino de la Vida. En él viven para siempre todos los hermanos que nos han dejado. Feliz domingo. Feliz camino con Cristo.

(Fr. Santiago Agrelo es Arzobispo emérito de Tánger).
Agrelo, Santiago
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Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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