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Parroquias en O Incio (XVI)

jueves, 31 de julio de 2008
San Mamede de Vilasouto
De las veintiocho feligresías que forman él termino municipal de O Incio, es esta una de las que más patrimonio histórico, artístico e incluso etnográfico guarda, ofreciendo a corto plazo una óptimas condiciones para potenciar el turismo.
Consta actualmente de los lugares de Calvos, Belesar y Vilasouto, habiendo desaparecido los pueblos de Barral, Illeira y Outeiro, al construirse el embalse hidrográfico de Vilasouto, hacía la década de 1950 a 1960, que a su vez anegó buenos terrenos de cultivo y praderías.
La riqueza arqueológica, es aquí, muy interesante pues del periodo Rupestre existe una interesante estación situada en el Agro do Pepe, a unos doscientos metros al suruoeste de la iglesia vieja. Se trata de dos rocas pizarrosas en las que aparecen un grabado antropomorfo, catorce cruciformes, once herraduras y numerosas cazoletas. Lastima que buena parte del año estés importantes vestigios históricos permanezcan bajo las embalsadas aguas del río Mao.
A corta distancia de la desaparecida aldea de Viloira esta “O Penedo de Ferradura”, en el lugar denominado “Agro de Trasmonte”, consta de un total de nueve rocas que se hallan separadas unas de las otras por todo el monte, en las mismas hay abundantes cazoletas y herraduras, excepto en la roca más grande donde existen unas cazoletas unidas por líneas, o posiblemente pequeños surcos.
Del período Castrexo, o castrexo-romanizado, queda el castro de Belesar, bastante bien conservado, de un solo recinto rodeado de parapeto formado por muro elíptico y tierra; mide su acrópolis 70x42 metros.
Para los amantes de la espeleología también existen varias simas y una de las más importantes es a Coba da Sapeira, que está en una ladera del monte Agudo; de ella queda en el dicho popular que “foi feita por os mouros” y que se comunica mediante un pasadizo con el castro de Vilasouto.
De esta feligresía aparecen los primeros datos escritos en uno documento recogido en el Tumbo de Samos y es una escritura del ocho de abril del año 982, en la misma Odoario dona al monasterio de Samos y su abad Mandino las vilas que él posee en los territorios de Lemos, es decir, Vilasouto, situado entre Ferreira y el Monte Cutillón.
Otro documento recogido en el mismo protocolo somoanense con fecha del veintidós de abril de año 1075, recoge una donación realizada por Ermesenda Núñez, hija de los condes Nuño y Núñez y Onega Peláez; da a la comunidad de Samos y a su abad Fromarico el lugar de Vilasouto, sito en tierras de Lemos.
Una tercera fuente documental de la misma procedencia al igual que las anteriores recoge una donación realizada por la misma señora doña Ermesenda Rodríguez el día treinta de diciembre del año 1107 al abad del mismo cenobio y a sus frailes una villa en Vilasouto, tierra de Lemos y una parte en las Posesiones de la feligresía de San Pedro de Maside.
Y finalmente otro amplísimo inventario realizado por el abad Pedro Foilaz, con fecha de quince de junio del año 1125, recoge las heredades acrecentadas al cenobio de Samos desde el comienzo de su prelacía; entre las mismas se hace referencia a esta feligresía.
Con el decorrer de los siglos Samos fue perdiendo regalías en estas tierras las cuales han ido a engrosar el poderío de los Lemos, así cuando a mediados del siglo XVIII se llevan a cabo el Cuestionario General de la real y Unica Contribución (catastro de Ensenada), era dueña jurisdiccional en lo civil y criminal la condesa de Lemos, que por tal razón percibía el derecho de vasallaje, alcabala y talla, que ascendía a un total de 566 reales, del año 1753.
Con las posteriores leyes de abolición de los señoríos, desamortización y la nueva división administrativa pasó esta feligresía a formar parte del ayuntamiento de Rendar, hoy municipio de O Incio.
La antigua iglesia fue románica, de mediados del siglo XII, de cuya época conserva una rústica pero a su vez interesante puerta de acceso, formada por mochetas lisas rematadas en arista y tres arquivoltas, la primera abraza al tímpano, la segunda sobre ésta es lisa y en arista, mientras que la tercera parte de sendas columnas bien labradas que se asientan sobre basas circulares con escocia y rematan en capiteles con elementos decorativos formados por hojas carnosas. La decoración está formada por un filete moldurado que se acompaña con pequeños botones, sobre él una línea corrida separa el remate final realizado a base de tacos. El resto del frontis incluido el campanario es barroco, todo realizado en buena sillería de granito; protege todo el conjunto un cabildo cubierto a cuatro aguas y sostenido por cuatro columnas pétreas que parten de basas y rematan en capiteles bien tallados.
La nave es de planta rectangular y esta dividida en dos mediante un serie de columnas graníticas perfectamente bien realizadas y rematadas en capiteles con abundantes elementos decorativos. De los que parten arcadas sobre las que descansa el tajeroz.
Al final de la nave principal se halla la capilla mayor, rematada en bóveda de cañón, en la misma se conserva un retablo tallado en 1936, por el escultor compostelano Miranda. En el mismo se mezclan elementos renacentistas, con formas bastante más clásicas; consta de tres hornacinas y un hueco para sagrario.
Otras dos piezas interesantes son la pila bautismal, de amplias proporciones que denota ser bastante primitiva y una pila de agua bendita ¿románica? que posiblemente fue de bautismo, situada sobre un basamento de columna y partiendo de ella el fuste.
El piso esta recubierto por tablones de castaño, que cubre restos de antiguas sepulturas.
Este maravilloso templo parroquial, con portada románica, y cabildo cobertizo del siglo XVII, con nave de la misma fecha. Fue quemado el día 9 de junio de 1936, cuando los primeros vecinos se levantaban con las primeras luces de la mañana vieron con horror como la iglesia parroquial estaba en plena llamarada, pocos horas después, el día diez, daban comienzo las obras de restauración por vecinos del lugar.
El incendio que fue calificado de intencionado debido ala situación política del momento, ha destruido totalmente la cubierta y los retablos, según se deduce por el informe emitido por la Junta de Cultura Histórica y del Tesoro Artístico de la provincia de Lugo en 1938; eran estos retablos barrocos, el mayor de tres cuerpos y dos órdenes de hornacinas separadas por columnas salomónicas decoradas con racimos, en él imágenes de interesante valor artístico e histórico (una Piedra medieval, de arte casi popular y una Virgen del Rosario, quizás del siglo XVII), no obstante, del fuego se puedo salvar todo el mobiliario litúrgico que no estaba en los altares.
Parece que la mala suerte acompañó y acompaña a este templo pues en 1970 fue relegado de sus funciones y una nueva iglesia le sustituye, actualmente esta abandonada y condenada a una inmediata ruina.

Santa Cristina do Viso
La actual feligresía do Viso, en sus cinco kilómetros cuadrados conserva espacios naturales de una belleza y cromatismo que buen pudiera constituir un atractivo turístico en estas tierras de O Incio.
Quien se acerque en verano por la zona quedará sorprendido al contemplar enormes castañales “soutos” que constituyen pequeños bosques y ocultan los pueblos, o la misma confluencia de los ríos Mao y Penalba resulta muy bonita.
Sobre un cerro en la confluencia de los referidos ríos fue levantado un castro que lleva el mismo nombre, de forma rectangular (45x20m.), y en una superficie donde se aprecian posibles retos de una necrópolis, quizá de época galaico-romana. Del mismo ya nos da noticias D. Juan Pallares y Gayoso, en su obra Argos Divina, que localiza aquí el lugar de enfrentamiento entre e musulmán Mahamud y el rey asturiano Alfonso II. De tan importante hecho dejó amplia constancia el Padre Flórez, en la obra España Sagrada, y la describe así, “...un personaje llamado Mahzmuth, que había sido ciudadano de Mérida, huido de la corte del Rey de Córdoba Abderramán, con el que había sostenido una larga guerra, fue acogido benignamente por el rey de Galicia, donde permaneció pacíficamente durante siete años. En el octavo con el auxilio de fuerzas sarracenas, asoló las tierras y se acogió para su defensa al castro de Santa Cristina. En cuanto el hecho llegó a conocimiento de Rey, éste sitió el castro en que Mahzmuth se había hecho fuerte; dispone su ejército en orden de batalla, y en la primera acometida, es muerto el famosísimo Mahxmuth, cuya cabeza es presentada al Rey. Luego es conquistado el castro y pasados a cuchillo cincuenta mil sarracenos que de todas las partes de España habían acudido a llamamiento del traidor, y Alfonso, felizmente victorioso, vuelve, restaurada la paz, a Oviedo”.
Sin lugar a dudas que este hecho de armas fue tomado de algún Cronicón medieval para luego ser ordenado y ampliado de una forma excesiva. Y hasta en la tradición popular recogió tal hecho, que dice: Santa Cristina, que era moura, pero namorouse dun blanco e traicionou ós mouros e deuse unha batalla tan fera que iba a auga de río Mao roxa hasta Belesar”.
Las primeras noticias documentales acerca de la zona y su iglesia proceden de un diploma de Alfonso II, echado el 27 de marzo del año 832, documento transcrito y ampliamente estudiado por Risco, que fue incluido
En el tomo XL de la obra España Sagrada; otro documento del año 871 que fue estudiado por D. Francisco Vázquez Saco, recoge una copiosa donación de vienes a la Catedral lucense, y entre ellos figura el templo parroquial de Sta. Cristina, situada entre territorios de Lemos y Sarria; no obstante el mismo autor advierte acerca de tal pergamino que no es auténtico sino todo lo contrario.
A mediados del siglo XVIII, era esta feligresía un coto del cual era dueño en lo civil el Ilmo. Cabildo de la ciudad de Lugo y en lo criminal la Excma. Señora Condesa de Lemos, a de los pueblos de Buxán y Bermún de los que eran señores tanto en lo civil y lo mismo en lo criminal D. Diego de Uria de Neira, esta vecino de la feligresía de Sta. Eulalia de Teilán (Bóveda) y D. Diego de Oca, vecino de la ciudad de Betanzos; y las dos aldeas estaban agregadas al coto de Sta. María de Goó.
El templo parroquial, se yergue encima del mismo castro y por lo tanto está sobre un importante yacimiento arqueológico seguramente galaico-romanizado.
Obedece al tipo más común de templo románico, de sencilla construcción empleándose materiales pobres (las de pizarra y barro).
De nave rectangular cubierta a dos aguas con recio armazón de madera y pizarra, reforzado por la parte interior por cuatro vigas tirantes que descansan sobre unos rudos canecillos que tienen esculpidas figuras humanas, cuadrúpedos y dibujos geométricos, de ellos el más interesante es uno que está encastrado en el lienzo norte de la nave, lleva esculpidas en una de sus caras laterales varias figuras humanas que representan una escena de cacería.
En el frontis primitivo fue sustituido por otro más moderno perdiéndose en buena medida la obra románica; al mismo fue añadido un desentonante cabildo cubierto con pizarra a tres aguas. El presbiterio tiene la misma altura que la nave, pero más reducido, de planta ligeramente rectangular y techumbre a dos aguas.
Retablo mayor, es una transición del barroco a neoclásico, formado de un solo cuerpo y ático, en la parte central tres hornacinas que rematan en friso corrido, asentándose sobre el mismo la parte última del altar; separan los encasillamientos cuatro columnas salomónicas decoradas por racimos.
De las imágenes la más interesante es una escultura de Sta. Cristina con libro y palma, coronada por dos angelotes; otra pieza interesante es una talla que representa a un pelícano. En los lienzos laterales hay sendos retablos pertenecen ala misma época que el mayor, finales del siglo XVIII.
El lateral derecho, es sencillo de dos columnas con relieves de espejos y roncallas; en el mismo interesante escultura que representa a san Pedro.
El lateral izquierdo, guarda las mismas características que el anterior, en el buena imagen de la Virgen con el Niño y peana de ángeles.
Otras piezas de menor importancia están retiradas del culto y son guardadas en la sacristía (talla de representa a san Pedro, escultura representando la Inmaculada), otra pieza de buena calidad es la mesa para guardar prendas religiosas, de tres cajones decorados por motivos vegetales.
El cáliz es de plata cincelada, muy sencillo con inscripción que dice: FERDINANDUX ISP REX REGI REGUN OBTULIT. SIENDO PATRIARCA D LAS INDIAS EL EXCMO SR. DN. ANTONIO ALLUE Y SESE LIMOSNERO MAYOR DE D. S.M. AÑO DE 1827.
Ya para finalizar solamente resta hacer referencia que en el Archivo Histórico Nacional, existe documentación relacionada con la iglesia y sus posesiones que van desde 1513 a mediados del siglo XVIII (73).

NOTAS
73. Fuentes A.H.P. de Lugo, Sección Hacienda. Catastro de Ensenada, Libro 5544. Pallares y Gayoso, “Argos Divina”, página 157. Elías Valiña Sampedro, Inventario Artístico de Lugo, tomo VI, página 424. G.E.G. tomo 18 página 4.
López Pombo, Luis
López Pombo, Luis


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