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Arde Lucus, Caudal Fest y botellón sí... Barracas no

lunes, 20 de septiembre de 2021
Reunión entre la concejala de Cultura y los barraquistas.
Foto: La Voz de Galicia

Es llamativo leer en el mismo día en la prensa el gran éxito que supuso el Caudal Fest, abarrotado de gente (aunque guardando las distancias reglamentarias, por lo que quiero felicitar a la organización) y que no se podrá poner barracas porque "la normativa de la Xunta no lo permite".

Se ve que la normativa de la Xunta (de la que creo que no soy sospechoso de ser un defensor con toda la que se ha montado este verano) permite unas cosas u otras dependiendo del día que te pille, como el chiste del reloj: "ten días". Permitió el Samaín del año pasado (en que el área de cultura, tan picajosa ahora con el cumplimiento de las normas, montó un chiringuito para críos en el callejón de Santo Domingo), permitió el Arde Lucus, permite el Caudal fest, permite las casetas del pulpo (aunque no haya pujado nadie sacar se sacaron a subasta), permite que se tolere el botellón... pero no deja que se pongan barracas según la peculiar lectura que hacen nuestros próceres.

No me entiendan mal, aunque no comparto la decisión de no ponerlas me parece que no se puede condenar la prudencia. Si el Ayuntamiento considera que la situación no es lo bastante buena como para volver a recuperar una cierta normalidad es una postura respetable y totalmente lícita. Que la incidencia haya caído en picado o que esté el 85% de la población vacunada son argumentos para no estar de acuerdo con eso, pero también es cierto que muchos de los que ahora decimos que "no pasa nada" pondríamos el grito en el cielo si se ponen las barracas y hay un brote (aunque me cuesta mucho entender cómo podría haberlo al aire libre).

Lo que me molesta no es la decisión, que considero incluso valiente, es la paradójica cobardía de esconder las verdaderas motivaciones tras el velo de "la culpa es de la Xunta". Esa manía de politizar todo y dar argumentos que son tan evidentemente falsos como el de la "logística" que hizo suspender el examen de los policías o el número de papeleras del casco histórico. Mentiras groseras que no sólo dejan en mal lugar a quien las cuenta sino que son tan fácilmente rebatibles que hacen que la motivación caiga por la base.

En fin, al final quien se queda sin barracas son los niños. Pero no se preocupen, en pocos años ya podrán irse a beber al parque y ahí sí que no moverán un dedo, diga lo que diga la normativa.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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