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Arde Lugo

miércoles, 08 de septiembre de 2021
Imagen del incendio en Ribas de Sil - Foto: El País

Ante un suceso de la magnitud del incendio que está destrozando la zona de Quiroga y Ribas de Sil todo lo demás palidece. Ayer, durante toda la tarde, la sensación de inquietud nos afectó incluso a los vecinos de la ciudad de Lugo, que vimos cómo el cielo se oscurecía y olía a quemado, a pesar de los bastantes kilómetros que nos separan de la zona del fuego.

Una hoguera es algo maravilloso. Nos da calor, cocina nuestros alimentos e incluso tiene un algo hipnótico que resulta tan relajante como el romper de las olas. Pero cuando el fuego se descontrola ser conscientes de su poder de destrucción nos altera incluso a distancia. Tanto a humanos como a animales, que están inquietos al detectar que algo no va bien.

Enterarnos de que el incendio fue intencionado no hace más que confirmar que la humanidad, así en general, es dañina. Ya me dirán qué futuro nos espera si un desgraciado que sueña con una cerilla y un bidón de gasolina puede echar al traste los esfuerzos de repoblación y de conservación que una sociedad civilizada intenta mantener. No sé en qué piensa esa gente porque, según nos cuentan los expertos, pirómanos, lo que se dice pirómanos, es decir enfermos mentales que provocan incendios por el mero disfrute de ellos, hay muy pocos.

¿Qué mueve entonces a los demás? ¿Qué intereses económicos hay detrás de los incendios? Se han hecho cambios legales para intentar minimizar esos efectos pero no parece que estén siendo muy productivos porque el desastre sigue y sigue.

Es probable que sólo la tecnología nos ayude a detectar con rapidez los incendios y así poder intervenir en ellos. Drones, sensores, satélites... serán herramientas cada vez más importantes en la lucha contra el fuego, pero nada puede detener la inconsciencia de unos cuantos que tienen una capacidad destructiva inconcebible.

Se invierte mucho más en los sistemas de extinción de incendios que en los de prevención y quizá sea normal porque es mucho más costoso apagar un fuego que detectarlo, pero tal vez haya que hacer un esfuerzo más grande en lo segundo.

En todo caso, mi absoluto respeto y cariño a los equipos de extinción y a todas las personas que ven impotentes cómo sus bosques y su entorno se convierte en cenizas y humo.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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